lunes 15 de julio de 2024
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Joan Subirats: “A la economía de mercado no le preocupa los elementos de igualdad”

Al disertar en un encuentro convocado por la Fundación Alem sobre ‘Democracias en Tensión’ y sus consecuentes ‘dilemas contemporáneos’, el catedrático español, Joan Subirats, dejó en claro que el mundo atraviesa un “cambio de época” que provoca “cambios vertiginosos” y, a su vez, instalan situaciones de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad; refirió además que “a la economía de mercado no le preocupa los elementos de igualdad” y que, en todo caso, “es a la democracia a la que le interesa los elementos de igualdad” y, aunque advirtió que su exposición estaba focalizada casi focalizada desde su conocimiento de lo que sucede en el  Europa, dejó un espacio para introducir la discusión pública acerca de que características debiera tener el Estado en países como, por ejemplo, Argentina o España “para dar respuesta a los problemas de carácter global que están planteados”.

Subirats aludió al eje de la convocatoria cuando refirió que lo que está en debate en torno a la cuestión de ‘dilemas contemporáneos  en democracias en tensión’ era “si el tamaño del Estado, por ejemplo de Argentina o el de España” resultaba “suficiente para dar respuesta a los problemas de carácter global que están planteados. Si es pequeño para ciertas cosas o demasiado grande para otras”, pero también planteó la cuestión sobre “cómo reconstruimos la esfera pública común y la lógica de un diálogo colectivo que pueda desarrollarse en un ámbito compartido y tratando de salvar un elemento central que sería el funcionamiento del sistema democrático” porque –dijo- las alternativas al sistema democrático “ya sabemos cuáles son. Podrían ser los autoritarismos o alguien que decida en nombre de todos y que no tenga que pasar por las instituciones del sistema democrático”.

Ante una significativa asistencia al encuentro virtual que fue coordinado por el Presidente de la Fundación Alem y con la presencia de Subirats, cuya presentación estuvo a cargo de la consejera  Mónica Marquina y su colega y, a la vez, diputado nacional, Fabio Quetglas, el catedrático, político y ex ministro de Universidades de España reflexionó acerca de la situación de desigualdad que impera en muchos países del mundo  inquirió sobre “cómo podemos plantear respuestas a ese cambio de época si solamente somos capaces de responder con viejos instrumentos” y aludió al libro ‘La crisis del Capitalismo Democrático’ de Martin Wolf, uno de los editorialistas del Financial Times que, por lo tanto –puntualizó- no es un pensador de izquierda que –apuntó- pone de relieve este tipo de problemas.

Y completó: “Si llegamos a la conclusión de que la economía de mercado es la que mejor funciona  para resolver problemas de desarrollo, de distribución, los problemas de funcionamiento de la economía y la relación de capitalismo y democracia es una relación fructífera, el punto clave de quiebre de este sistema es la incapacidad del capitalismo o la economía de mercado en democracia de conseguir que la desigualdad sea manejable”, subrayó.

“Sin las cuestiones de desigualdad no son manejables ese mecanismo no tendrá sentido porque la lógica de la economía de mercado, por definición, es competitiva y no le preocupa los estamentos de igualdad; es a la democracia la que le interesa los elementos de igualdad y la capacidad de la democracia de conseguir generar acuerdo social en una esfera en la cual se puede discutir pero no cuál es la verdad porque la verdad en democracia no existe porque es aquella a la que llegamos colectivamente.  Pero en esa esfera pública no la logramos mantener porque los factores de desigualdad y de quiebre del sistema hacen que haya muchas esferas distintas entonces la capacidad o no de mantener o de poder organizar el sistema para llegar a acuerdos sobre cuáles son los problemas y como resolvernos entre todos se debilita de manera muy clara”, dijo. “Si no tenemos una esfera pública compartida es muy difícil llegar a acuerdos sobre cuáles son los problemas a los que nos enfrentamos”, remarcó Subirats.

En el inicio de su disertación, reflexionó: “Estamos en un momento especialmente complicado. Es evidente que estamos en un momento de cambios vertiginosos y últimamente hablo de un cambio de época” que, juzgó, significa “que estamos frente a un cambio estructural que modifica muchas de las pautas de vida de la gente en el trabajo, en la estructura familiar, de relación entre las personas y esto ha ocurrido en la historia contemporánea, desde la máquina de vapor hasta las nuevas tecnologías que significaron grandes cambios y de tensión; generalmente estos cambios de época van acompañados de tensiones políticas y sociales muy potentes que luego tienen un tiempo de acomodamiento”.

“Es evidente que, por lo tanto, hay algo que tenemos que tener claro desde el principio”, advirtió y que implica que “no siempre es explicito; que el cambio de la digitalización no es un cambio neutral, social o político sino que genera perdedores y ganadores y esos perdedores o ganadores naturalmente reaccionan ante algo sobre lo cual no tienen certezas y tienen expectativas de futuro muy distintas en cada ocasión. Y normalmente este tipo de situaciones, como hemos visto generalmente, generan procesos complejos”, describió Subirats.

Habló luego del acrónimo que, dicen, que surgió de la Academia de West Point” y que explica “la  volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, cuatro palabras que dicen que surgió de la Academia de West Point porque tras las derrotas de Vietnam, de Irak o de otros conflictos, los militares americanos se dieron cuenta que no por ser la primera potencia mundial, de tener las armas más sofisticadas y ser capaces de doblegar cualquier reacción de manera instantánea, no  acabaron de dominar ese tipo de conflictos y por lo tanto pasaban cosas que no podían estar racionalmente controladas y que requerían otro tipo de abordaje”.

“Cuando hablamos de volatilidad hablamos de cosas que es muy difícil saber cuánto dudarán; cuando hablamos de incertidumbre es porque no tenemos ni idea de que previsiones podemos hacer; cuando hablamos de complejidad utilizamos ese término usualmente para hablar de algo que no comprendemos  y no podemos definir y la ambigüedad refleja un cambio significativo que desde el punto de vista ideológico ya no tenemos tampoco esa estructura ideológica tan claramente diferenciada sino que hay muchas mezclas difíciles de combinar”, precisó.

Subirats alertó que otra cuestión que caracteriza las democracias en tensión se vincula con lo que denominó “la difícil atribución del poder” y que significaba “a quién podemos  responsabilizar de lo que ocurre (porque) en algunos otros momentos históricos era aparentemente más fácil atribuir responsabilidades y ahora tenemos  una estructura de poder económico que hace difícil saber, cuando hablamos de capitalismos, de qué estamos hablando; si estamos hablando de empresarios, fondos de inversión o (lo mismo ocurre) cuando hablamos de control de las esferas de información” lo que lo llevó a explicitar que “nos falta un elemento que no es sencillo” cuando se aborda la atribución del poder porque Black Rock, al que identificó como “ese gran fondo de inversión” tiene una capacidad de inversión que supera el PBI de muchísimos países del mundo.

“Estamos también en un momento de cambios geoestratégicos de gran alcance que obligan a repensar el factor de la globalización que hace unos años dominaba el debate y ahora estamos en un cierto proceso” que caracterizó como “de dificultad de combinar soberanía, democracia y globalización al mismo tiempo y hay una cierta tendencia a buscar seguridades en el ámbito más nacional estatal cuando eso resulta cada vez más complicado porque el nivel de entrecruzamiento que se  ha dado desde el punto de vista económico hace muy difícil que eso se pueda seguir dando. Tenemos niveles de movilidad social que recuerdan, por dar un ejemplo, el origen de Argentina con millones de personas moviéndose por el mundo y eso es difícil de combinar; esa tendencia después de la Pandemia a buscar estrategias de seguridad territoriales propias que eviten la dependencia que algunos países sufrieran en algunos casos en ese momento de manera muy clara pero, a la vez, con la dificultad de realmente implementar esa tendencia nacionalista porque el nivel de interrelación es muy alto”.

A esa altura de su ponencia, Subirats, aclaró que sus reflexiones estaban ancadas a su visión de la situación global desde sus amplísimos conocimientos de la situación en Europa y entonces dijo: “Europa está en estos momentos en una situación también de una fuerte encrucijada después del Brexit que sabemos las consecuencias que ha tenido y hemos visto las elecciones en Gran Bretaña, los resultados, que es una especia de vuelta atrás en relación con lo que se había decidido hace años y aunque esto no tenga consecuencias inmediatas, va a generar un cambio de relaciones entre Gran Bretaña y Europa”, advirtió.

En ese marco, planteó que el debate que cruzó las elecciones en Europa estuvo vinculado a las tensiones que provoca  el aumento de la desigualdad que “está generando ese fortalecimiento de esos elementos más nacionalistas que contrastan con la idea de apertura de mercado global. Esa dimensión del aumento de la desigualdad es muy significativa y hoy está poniendo en cuestión el funcionamiento del sistema en general porque la desigualdad aumenta  hasta límites que no eran previsibles”.  “Y esas es una de las complejidades que tenemos; se nos están planteando temas de un calado y una dimensión nueva, muy potente que no acaban de funcionar con la lógica a las que estábamos acostumbrado como la idea típica del mercado de que si se liberaliza el mercado y el Estado no interviene el desarrollo económico va a generar un proceso de distribución”, tras lo cual graficó esa situación con la imagen de la copa de champagne que al llenar la que está arriba, el champagne se derrama y llega a llenar el resto de las copas. “Y lo que afirman los economistas franceses es que la copa de arriba es más larga y va costando más que haya posibilidad de que se derrame el champagne sobrante por lo que no termina de funcionar ese mecanismo”, precisó.

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