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17 10 2020

Jaime Rosemberg: "Amaya es un espejo en el que a muchos radicales les gusta mirarse"


Autor: Esteban Lo Presti









Jaime Rosemberg es periodista de medios gráficos desde 1991, acaba de publicar una biografía fundamentel sobre Mario Abel Amaya, el dirigente radical de Chubut asesinado por la dictadura. En esta entrevista analizamos los momentos destacados de Amaya, su lucha por los Derechos Humanos, su participación como dirigente destacado de la juventud en el nacimiento del Movimiento de Renovación y Cambio, la relación con Alfonsín y con Tosco y su rol como referente que trasciende los partidos políticos. Como destaca el autor "la lucha de los derechos humanos no comenzó en 2003 con el kirchnerismo, y los que pusieron el cuerpo en aquellos años tampoco eran todos peronistas". Mario Amaya fue un emblema de voluntad militante, de coraje en la defensa de las convicciones y los principios democráticos.

Para empezar, ¿cuál es el motivo que te llevó a escribir esta, tu segunda biografía? ¿Encontrás lazos vinculantes con tu anterior biografiado, el profesor Alfredo Bravo?

La verdad es que hay lazos entre un libro y otro. Durante la investigación sobre las torturas que sufrió Bravo pude conocer la suerte de otros dirigentes que pasaron por lo mismo, entre ellos Amaya, aunque su final fue bien distinto. Creo que los unen muchas cosas: ambos tienen algo de quijotesco, de románticos de la política. Ambos fueron luchadores por los derechos humanos, honestos en su vida pública y en muchos momentos disidentes en sus propios partidos.

Una pregunta básica, pero necesaria, ¿quién fue Amaya?

Amaya fue, ante todo, un idealista. En sus múltiples facetas -dirigente estudiantil en Córdoba, defensor de presos políticos, diputado y referente del alfonsinismo- siempre tuvo la misma actitud: defender las causas que creía justas, sin medir consecuencias ni conveniencias. Con Agustín Tosco, Mario Santucho o Raúl Alfonsín mostró las mismas cualidades: era un defensor de la vida y la democracia y rechazaba el uso de las armas, más allá de alguna tentación en su juventud, motivado en el encono hacia el peronismo.

¿Fue Amaya una síntesis, como de alguna manera lo planteas en el título, del primer alfonsinismo y del pensamiento de Tosco? 

Del primer alfonsinismo, claramente sí. Se embarcó en ese movimiento de renovación que Alfonsín planteaba, en primer lugar dentro de la UCR, un partido manejado por Ricardo Balbín que a fines de la década del sesenta obturaba la aparición de nuevos cuadros, encerrado en un antiperonismo sin matices. Con Tosco compartían la defensa de los derechos de los trabajadores, que el líder de Luz y Fuerza representó como nadie durante el Cordobazo contra Onganía.

Hiciste un trabajo realmente encomiable, no solo trabajaste con las fuentes conocidas sino también viajaste al sur, a alguno de los lugares donde vivió y trabajó Amaya, entrevistaste a aquellos que aun viven de esos años, a los últimos sobrevivientes de su familia, sus sobrinos. ¿Qué Amaya encontraste a través de ellos?

Primero, gracias por el elogio, creo que era necesario recorrer los lugares en los que Amaya vivió para poder conocer mejor al personaje, de todos modos creo que algunos sitios y personas quedaron sin recorrer por distintas razones espero queden para una segunda edición. Encontré a un Amaya simple, simpático, que heredó de sus padres maestros rurales la vocación por el estudio y su transmisión a las nuevas generaciones. Un Amaya maestro, amigo de sus amigos y que en Chubut sigue siendo un referente ineludible.

Una de las cosas que me llamó la atención de la biografía es que no haces concesiones fáciles con Amaya, lo que tenés que contar lo contás. ¿Fue difícil tomar este camino? 

Intenté correrme del lugar mítico en el que lo ubican, y con mucha razón, distintas generaciones de dirigentes radicales. La razón es muy simple: todos somos, a la vez, muchas cosas, y en el caso de Amaya hablar sobre su soltería, o sus dolencias físicas, incluso sobre errores que pudo haber cometido, completan la película de una vida apasionante y, por desgracia, demasiado breve.

La Masacre de Trelew es un punto de inflexión en la historia de esos años. ¿Cuál es el rol de Amaya previo a los sucesos? ¿Qué significa en sus decisiones posteriores?

Es, tal vez, uno de los puntos más polémicos de su vida. Como abogado de varios de los guerrilleros presos, Amaya tenía acceso a la cárcel de Rawson. De ahí se amparan los militares para decir que él ayudó a ingresar armas en el penal, algo que de ninguna manera estuvo probado, armas con las que los fugados matan a uno de los guardias que quiso impedirles el paso. Lo cierto es que cuando están en el aeropuerto luego de la fuga varios de ellos piden su intermediación, tienen miedo de que los maten, algo que finalmente ocurrió. Los militares lo condenaron a Amaya por eso, nunca le perdonaron esa cercanía y en cuanto pudieron se cobraron esa supuesta cuenta pendiente. 

Hay un hecho fundamental que podría haber cambiado la historia de Amaya, le ofrecen salir del país cuando comienza la dictadura militar, incluso ya tiene el pasaje y el pasaporte, pero no lo hace. ¿Por qué? 

Creo que ese episodio, que me cuentan ex dirigentes del PRT, muestra la faceta humana más sensible de Amaya. Nada para él era tan importante como la relación con su madre, que estaba grande, y de quien se quiso despedir luego de tanta cárcel y tortura. Contra la opinión de sus correligionarios radicales, y aún contando con la ayuda del ERP-PRT para salir del país, vuelve a Trelew en los meses posteriores al golpe del 76. Ese gesto de generosidad como hijo hacia una madre que había perdido a su marido y a su hijo mayor hacía pocos años le costó a él mismo la vida.

Junto con Hipólito Solari Yrigoyen representaban al incipiente alfonsinismo de esos años. ¿Cuáles son los motivos que hacen que sea en el sur, en una provincia con muy pocos habitantes, los que hacen que las figuras más relevantes en defensa de los derechos humanos, lleguen de esas latitudes?

Es una curiosidad, aunque la rebeldía en esa zona de la Patagonia tiene como antecedente concreto la inmigración galesa, gente de carácter curtido y vocación por el trabajo. También las rebeliones de obreros en Santa Cruz, pintadas en La Patagonia Rebelde, enmarcan el carácter de los pobladores de esa zona tan postergada de la Argentina, más allá de que personalidades como Solari Yrigoyen y Amaya son únicas en sí mismas.

El juicio a los responsables de su muerte llegó como una reivindicación tardía, hace pocos años. ¿Cuál es el real significado de dicho juicio, más allá de las condenas que se dictaminaron?  

La justicia, como decís, finalmente llegó en 2013 y la sociedad pudo repasar el martirio de Amaya, que fue muy parecido al de muchos otros. Para las generación de Amaya fue una reivindicación y un no a la violencia desde el Estado, para las nuevas una muestra de la posibilidad de juzgar y condenar a los culpables, más allá de que el tiempo transcurrido deja siempre una sensación amarga.

Conocidos por todas las generaciones de radicales, Mario Abel Amaya es una figura que trasciende los límites de la UCR. ¿Por qué crees que es así?

Creo que Amaya es un espejo en el que a muchos radicales les gusta mirarse. Su entereza, su coraje para defender posiciones y principios, lo convierten en abanderado de una generación que, a diferencia suya, pudo llegar al poder en 1983, y que lo sigue viendo como un ejemplo. Pero su mensaje no es sólo radical, y debería recordarse que la lucha de los derechos humanos no comenzó en 2003 con el kirchnerismo, y que los que pusieron el cuerpo en aquellos años tampoco eran todos peronistas. El libro apunta, con toda humildad, a revalidar esas dos verdades históricas.