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08 06 2020

“Infectadura”: no es denuncia sino alerta


Autor: Fernando Pedrosa









La tranquilidad con que el gobierno argumentaba su política de confinamiento social se vio sacudida por una imprevista ola que trastocó la parsimonia del debate público. Los medios de comunicación, las redes sociales, los intelectuales, altos dirigentes del oficialismo (como Cafiero y el Dr. Cahn), la oposición y hasta la CGT se dedicaron a debatir sobre ella o a repudiarla. La “infectadura” hizo su ingreso sorpresivo y potente en la conversación social y no dejó a nadie indiferente.

Todo se originó en una carta de 300 intelectuales, científicos, profesionales y periodistas que presentaron un duro documento en el que, entre otras cosas, se utilizaba el polémico término, aunque sólo para referirse y confrontar con el relato oficial y sus pretensiones hegemónicas, y no para caracterizar al gobierno actual.

Pero lo que en principio significaba una cosa, pronto comenzó a decir otra. La conversación social en redes y medios resignificó la idea inicial, y al rato “infectadura” ya se utilizaba como bandera del malestar creciente que una parte de la población rumiaba por la extensión del confinamiento y las crecientes consecuencias en la vida de las personas, esto sumado a la ausencia de empatía en el discurso oficial y la falta de una salida visible al encierro colectivo.

Cuando las dudas sobre el rumbo seguido dejaban el fuero íntimo y se convertían en pregunta pública, critica o, incluso, angustia, eran acalladas una y otra vez por una catarata de críticas que las colocaban en un lugar indeseable. Quienes levantaban la voz se convertían en “partidarios de la muerte”, responsables por la acumulación de “pilas de cadáveres”, ciegos ante “los errores de Brasil y Suecia” o, como dijo el periodista Ernesto Tenembaum, se colocaban al mismo nivel que terraplanistas y antivacunas.

Pues bien, la “infectadura” vino a imponer en el espacio público la representación de ese malestar y frustración hasta el momento ausente, pero no inexistente. El discutido término permitió que las voces críticas encontraran un concepto para pasar a la ofensiva dialéctica, eludir la estigmatización y conseguir un asiento en la mesa de debates donde solo estaban invitadas y sentadas las voces oficiales.

En ese sentido, los firmantes de la carta también fortalecieron el impacto de su contenido. Las primeras 30 firmas pertenecían a investigadores del CONICET, y luego seguían muchas más de universitarios, intelectuales y profesionales. De ese modo, se ponía en jaque un pilar del discurso oficial: la idea de que el saber científico solo está de un lado del mostrador.

Este impacto fue tal que obligó a los funcionarios del área científica del Gobierno a preparar una rápida respuesta, buscando aplastar la repercusión que había tenido la carta de “los 300” y oponiendo otra con una cantidad mayor de firmas. Por eso la contracarta apenas tuvo repercusión: lo cierto que esa voz ya estaba sobrerrepresentada en la discusión.

Todo lo contrario a la carta de la “infectadura” que, además, exigía respuestas en terrenos que el peronismo considera de su exclusiva propiedad. Por ejemplo, haciendo hincapié en las violaciones de los Derechos Humanos ocurridas en las provincias de Tucumán y San Luis con la muerte de ciudadanos que habían sido detenidos por violar el aislamiento obligatorio. El peronismo se había acostumbrado a manipular ese tipo de cuestión a su favor más que a ser responsable por ellas.

Además de firmar la carta, varios de los 300 estuvimos presentes constantemente en todos los medios, incluso en los más rabiosamente oficialistas. Allí se nos vio debatiendo en un tono calmo y argumentativo que lejos estaba del desesperado intento de confundirnos con la turbamulta que pobló el Obelisco el sábado a la noche.

Pero la carta también descolocó a algunos opositores y les dejó un aviso inesperado. Hay una intensa actividad política e intelectual de grupos y personas dispuestos a enfrentar el autoritarismo. La mayoría de ellos no formaron parte de la primera línea de la gestión anterior y no se encuentran integrados en las estructuras actuales de la oposición. Son, además, dueños de un estilo argumentativo directo, muy diferente del timorato y culposo que el gobierno de Cambiemos sostuvo en áreas como Cultura, Educación y Ciencia y Técnica.

La sociedad argentina cumplió la cuarentena, respetó las normas que se le impusieron y obedeció los consejos de los expertos; las quejas y las demandas no aparecieron por unos pocos días de encierro. Por eso, a 75 días de iniciado el confinamiento, la respuesta oficial no puede ser “durará lo que tenga que durar”, o frases igual de desafortunadas. La “infectadura” es también el reclamo de los confinados por ser tratados como personas humanas, adultas y con los derechos garantizados en la Constitución Nacional.

Publicado en Clarín el 6 de junio de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/-infectadura-denuncia-alerta_0_QmeYjxsnt.html