menu
21 11 2020

Guillermo Rivas: "En Perú el grado de popularidad de los presidentes es inversamente proporcional a la del anterior"


Autor: Esteban Lo Presti









Guillermo Rivas, editor y librero, exdirigente estudiantil y político argentino, reside en Lima desde hace casi veinte años y nos resume los hechos políticos de las semanas pasadas, que llevaron al país hermano a tener tres presidentes en un breve lapso.

En pocos años, Vizcarra asumió la presidencia de Perú, capeó varias crisis y fue desplazado del poder, pese a su popularidad

Normalmente, el grado de popularidad de los presidentes en Perú es inversamente proporcional a la popularidad del anterior. Esto es un poco lo que le pasó a Vizcarra como vicepresidente de Pedro Pablo Kuczynski: la situación era muy crítica con el último presidente electo. Específicamente, porque para evitar que lo quitaran de la presidencia había hecho una negociación con el partido de Fujimori. Liberó al expresidente, pero tuvo que revertir la medida y terminó “dándosela”. Al segundo intento de desplazar a PPK del poder, renunció y entonces asumió Vizcarra como vicepresidente. Ya estaban un poco distanciados y, de hecho, Vizcarra estaba como embajador en Canadá. Su asunción significó para el público una posibilidad de renovar una presidencia que había vuelto a ser manchada por temas de corrupción, como todas las anteriores. Esta sufrió las mismas consecuencias. El desgaste de Vizcarra, más allá del normal de cualquier presidente en medio de la pandemia, aunque dentro de todo fue gestionada medianamente bien, pero la cuestión de la corrupción volvió a golpear la presidencia. Y como aquí las instituciones judiciales tienen independencia -no producto de una gran tradición ciudadana, sino de una gran atomización política tanto de partidos como de los sectores fácticos (iglesias, empresarios, etc.)-, terminó siendo enjuiciado. Las acusaciones estaban siendo graves ya desde la época en la que él era gobernador en Moquegua, que es una de las regiones al sur del país. En resumen: los desgastes son muy rápidos, la institucionalidad es bastante débil y la atomización política tiene como efecto, de alguna manera, esta situación donde no hay sistemas de lealtades ni orgánicas partidarias. Ni siquiera una construcción de poder desde las instancias de gobierno. Dicho sea de paso, Vizcarra asume y finalmente se enfrenta a un parlamento con mayoría de partido fujimorista de Fuerza Popular, que es lo mismo que le había pasado a Kuczynski. En la primera vuelta gana Keiko Fujimori contra Kuczynski, quien se impone en la segunda vuelta, pero el parlamento se eligió en la primera elección. Quedaba en mayoría Fuerza Popular, por lo que finalmente Vizcarra disuelve el parlamento a través de un instrumento constitucional que es que cuando los del parlamento censuran más de dos veces al gabinete, el presidente puede disolverlo y llamar a elecciones. Vizcarra lo disolvió, llamó a elecciones y paradójicamente no presentó partido. El parlamento, sin arrastre de una elección nacional de presidente, terminó más atomizado de lo normal: muchísimas expresiones políticas lograron ingresar al parlamento sin un proceso de acuerdo y sin ningún peso de la presidencia.

¿No tenía partido propio Vizcarra?

No. Imaginate que el partido de Pedro Pablo Kuczynski se llamó PPK, Peruanos Por el Kambio, jugando con sus iniciales: agarró un partido pequeño que ya tenía registro electoral, sobre ese montó un frente que se llamó PPK, y Vizcarra, que pertenecía a una pequeña expresión regional como muchísimos políticos provinciales regionales de Perú, se sumó a esa coalición como vicepresidente. Es muy común. PPK llegó sin partido, rodeado de figuras, coaliciones y partidos para registro electoral, pero sin base política. Vizcarra asumió sin nada, o sea, su partido ya se había desarmado en el parlamento, nunca había tenido la mayoría y ya había estallado internamente la pequeña coalición con la que había llegado. Vizcarra no tenía absolutamente nada y no hizo nada por tenerlo. El gran tema que llama la atención es que no es el primer presidente que no utiliza ni poder ni recursos ni nada para constituir una fuerza política que lo acompañe en la gestión de gobierno y ámbito parlamentario.

Merino es quien lo reemplaza a Vizcarra, ¿no?

Sí. Lo que dice la Constitución es que cuando quitas al presidente mediante el proceso institucional, el presidente del Congreso asume interinamente la presidencia hasta un nuevo proceso electoral. Merino en los papeles pertenece a Acción Popular, uno de los tres partidos más tradicionales del Perú. Perteneció a Belaúnde Terry, el presidente anterior a Alan García, en los años ochenta. Después, cuando Fujimori renuncia por fax a distancia, el presidente del parlamento era Paniagua, también de Acción Popular, quien termina como presidente de esa transición.

¿Por qué se le disuelve tan rápidamente el poder a Merino? ¿Por qué rápidamente la gente sale a la calle y es obligado a renunciar? ¿Fue a raíz de la popularidad de Vizcarra o también tiene que ver con esa falta de construcción del poder, aunque no tuvo mucho tiempo, por parte de Merino?

Tiene que ver con algo más dislocado del sistema político. Los partidos son cooptados, comprados literalmente por personajes con distintos intereses. Acción Popular, por ejemplo, a pesar de ser un gran partido tradicional, no tiene una gran estructura territorial, por lo que terminan en las listas personajes que son referentes por algún motivo en su ciudad o su región, o empresarios que tienen la plata suficiente para sostener una campaña. Además, el sistema electoral peruano es el mismo que el neozelandés, tiene voto de preferencia. Así que cada uno después gestiona su campaña electoral porque es una gran plancha donde la gente pone una cruz al diputado que quiere votar, la elección es totalmente individual. Entonces, el que logra entrar en la lista y después logra movilizar una cantidad de electores –como Merino que en su ciudad logró movilizar 5000 personas- se convierte en congresista. El parlamento terminó siendo, sin elección presidencial, atomizado partidariamente. Pero después los partidos por dentro también están atomizados con personajes que no tienen orgánica.

No hay disciplina partidaria.

No hay disciplina partidaria prácticamente. En el Congreso hay una gran representación de intereses muy particulares y Vizcarra se enfrentó a ellos. Por ejemplo, el caso más destacado es que permitió que el Consejo Nacional de Evaluación Universitaria cerrara un montón de universidades porque no cumplían con los mínimos requisitos. Muchos empresarios vinculados al mundo universitario que estaban de congresistas boicoteaban estas decisiones y le juraron a Vizcarra, de alguna manera, la devolución del favor. La gente terminó repudiando al Congreso, que está muy abajo en opinión positiva por parte de la población. Cuando el Congreso quiere destituir a Vizcarra –estamos hablando de un actor totalmente repudiado por la ciudadanía, con muy poca credibilidad- se le nota por todos lados que está intentando bajar a Vizcarra para obtener algún tipo de beneficio individual para cada uno de los actores. También se le notaba demasiado a Merino que lo que quería era hacer algo para su propio interés. Encima Merino (esta no es la primera crisis, hubo dos intentos anteriores de desplazar a Vizcarra) había llamado a los militares para decirles que estuvieran tranquilos, que todo iba a estar bien. Esa comunicación era absolutamente indebida e innecesaria, y eso también le generó una crítica en la opinión pública muy fuerte. La gente lo veía a Merino como un oportunista absoluto: no le preocupaba cuánta corrupción pudiera haber detrás de las investigaciones que se le hacían a Vizcarra, sino que llegar al poder de alguna manera. Además, a cuatro o cinco meses de la próxima elección presidencial, ya convocada, del cambio de poder, se veía más oportunista toda la medida. O sea, ¿para qué sacar a Vizcarra ahora, si en julio del año que viene podía ser enjuiciado perfectamente y encima no tiene ninguna posibilidad de reelección, prohibida por la Constitución? Entonces, cuando hicieron esto, la población los repudió totalmente. El fenómeno es que el repudio fue muy de clase media -lo cual muestra que empezó a haber una clase media urbana más potente en Perú que nunca había habido- y totalmente desarticulada de todo. Ninguna movilización, ni reclamo, ni nada estuvo en algún momento liderada por algún partido, ni por un sindicato, ni por una asociación, ni por una ONG: fueron jóvenes (un punto muy importante), redes sociales y clase media urbana. Encima, la policía, totalmente descontrolada, mató a dos chicos e hirió como a doscientos. Claramente se trata de un acto de violencia incontrolable, lo cual hizo muy poderoso al movimiento que bajó al presidente Merino. Ahí hay un fenómeno que, de hecho, cuando el nuevo presidente Sagasti asume de lo primero que habla es de los jóvenes del bicentenario que tienen nombre y apellido y que lograron todo esto.

¿Y este movimiento tiene posibilidades de convertirse en partido o inferir en las elecciones dentro de cuatro meses?

Convertirse en partido yo creo que no, no hay ningún tipo de orgánica acá. Influir en las elecciones creo que sí, sobre todo en los resultados de las grandes ciudades otra vez. En Perú hay dos países: el país de las grandes ciudades y después el país de las sierras, el Amazonas, de todo el resto, que tiene otras características. Un fiel reflejo de eso fue la aparición del FREPAP, el Frente Popular Agrícola del Perú, que está dominado por una secta religiosa cristiana mística andina, donde confluyen prácticas cristianas antiguas al estilo judío (respeto al Sabbath, por ejemplo), con misticismos andinos, un enredo particular. Cómo logra un partido de estas características llegar al parlamento, es porque recogen el voto pueblo a pueblo de las zonas agrarias y de las periferias de las ciudades. En una elección sin presidente, estas cosas se pueden lograr. Para responderte lo que me decías, yo no creo que se articule un partido. No hay tiempo, no hay tanta maduración política en ese sentido, pero sí va a ser muy determinante que un partido tenga una estrategia hacia este grupo etario. De alguna manera, el que está llamado a cumplir un rol en este sentido es el Partido Morado, el partido del actual presidente.

¿Puede ser candidato?

No, él estaba como precandidato en la interna (que es ahora a fin de noviembre) y se bajó. Dejó al líder fundador del partido, Julio Guzmán, solo en la precandidatura, por lo que él va a ser finalmente el candidato a presidente.

¿Dónde ubicarías ideológicamente al Partido Morado?

Es un partido bastante liberal, de centro. Algunos acá lo consideran un poquito de izquierda porque están de acuerdo con una ley de aborto, con el matrimonio igualitario. O sea, socialmente son muy abiertos. De hecho, tienen una primera representación de diputados LGBT y una visión no ortodoxa de la economía. Se parecería mucho a una especie de partido radical clásico de Argentina.

¿La economía sigue funcionando bien, pese a la pandemia y la crisis política?

Sí. Primero, hay que tener en cuenta que el motor de la economía sigue siendo la minería. Las empresas mineras siguen funcionando y estuvieron funcionando todo el tiempo, incluso durante la pandemia prácticamente no pararon. La exportación de metales está otra vez en su mejor momento por el precio de los minerales. No hay ningún tipo de sindicalización importante del sector minero que produzca algún conflicto en el funcionamiento de las empresas. Entonces, el gran ingreso del país no para. ¿Se afectó la economía con la pandemia? Sí, pero como es un país que funciona también de la mano de muchos emprendimientos económicos pequeños, depende muy poco del empleo estatal. La economía se afectó pero se empezó a recuperar rápidamente porque hay mucha flexibilización a la adaptación económica. Entonces sí, obviamente el cine, el teatro, el turismo, etcétera, se vieron afectados, pero la gente se empezó a reconvertir en otras cosas. Y todo el resto de la economía ya está funcionando, las restricciones son mínimas y ya se logró dominar la cantidad de contagios. Obviamente hay una posibilidad de que haya un rebrote, pero las cuatro etapas que se planteó el gobierno en su momento se cumplieron. Vamos hacia la quinta etapa de reinicio de la actividad económica y está muy bien. Acá el Banco Central es absolutamente autónomo, el presidente sigue siendo el mismo desde fines de la década del noventa y la inflación no aumentó y el tipo de cambio se movió levemente.

¿Las escuelas están funcionando? ¿Hay perspectivas de apertura?

No, las escuelas no están funcionando, los padres están siendo consultados y la mayoría opina que no abran. En realidad, lo que se está consolidando es que no abran escuelas hasta que esté la vacuna, y es posible que eso se consolide como idea y que no vuelvan a clases hasta julio.

¿Esta ausencia de partidos que señalabas antes, hace que sean las personas quienes llevan adelante los arreglos y los consensos?

Totalmente. Casi se terminó con Rocío Santisteban, que es del frente amplio, como presidenta el sábado pasado, pero no progresó porque el acuerdo que hicieron los líderes de cada bancada los diputados no lo votaron. Además, hay gente tan de derecha en muchos de los partidos que no la querían votar porque está considerada casi una terrorista, solamente porque militó en organismos de DDHH.

¿Podríamos decir que Sagasti sería el presidente de la transición hasta las elecciones si no ocurriese nada nuevo en los próximos meses?

Sí, sería él. El reclamo en la calle ha sido al Congreso, por lo que este ahora necesita estar en silencio. Sería muy difícil que se rearme una locura en el Congreso para tratar de sacarlo. La verdad es que ya no tienen forma de explicar nada y, después de haber visto y no poder controlar la calle y que esté tan movida, no van a hacer nada más. O sea que es muy posible que él permanezca hasta el final.

El próximo presidente que asuma después de las elecciones en abril, ¿asume con este Congreso o también hay elecciones del Congreso?

También hay elecciones del Congreso. Las intermedias que hubo fueron porque Vizcarra lo disolvió. Acá se elige al Congreso y presidente al mismo tiempo. Es unicameral, son 130 diputados, se eligen junto con la elección a presidente no hay segunda vuelta. Como para presidente si hay segunda vuelta, a veces queda dislocado el parlamento del presidente.

Es probable que haya gobierno dividido, aunque también existe la posibilidad de que haya gobierno unificado en ese sentido.

Sí. Al final está pensado en términos de ingeniería institucional para que haya un gobierno que funcione porque el presidente, aunque no tenga mayoría en el Congreso, tiene que llevar al primer ministro y este a todo su gabinete al Congreso para ser aprobado. Si no lo aprueban, no puede asumir ni el primer ministro ni su gabinete. El tema es que hay límites de censura, o sea, le pueden rechazar o censurar el gabinete dos veces. A la tercera, otra vez el presidente puede disolver al Congreso.

¿El presidente está obligado a disolverlo en ese caso?

No entiendo que sea obligatorio. Entiendo que es su potestad ante dos censuras, puede no estar obligado. Pero, obviamente, una vez que te tumbaron dos veces el Consejo de Ministros, lo pensás. Es lo que hizo Vizcarra, dijo “Esto ya no da para más, ya no puedo seguir gobernando si me tumban el Consejo”. También le era muy difícil sentarse a negociar con el fujimorismo que era mayoría de ese Congreso, y para quienes todos estaban sospechados de “comunistas”.

¿Vizcarra desapareció de la escena política?

No puede reelegir presidente en el próximo período y tiene una situación judicial muy comprometida. Ya se le impide salir del país los próximos dieciocho meses. Y no tiene partido ni nada, así que yo creo que va a la lista de todos los expresidentes, todos los que están ahí con procesos judiciales, no va a tener ningún peso en las elecciones que vienen. Podrá volver en la siguiente elección, volver a su provincia, intentar recuperar su bastión en Moquegua.