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17 06 2022

Gravamen a la "renta inesperada": otro manotazo inconducente


Autor: Fabio Quetglas









Para el gobierno nacional, que suban los precios de los productos que exportamos es un problema. En la Argentina populista, cada oportunidad es una nueva frustración.

Veamos: el Ejecutivo envió al Congreso para su tratamiento el proyecto de Ley de “renta inesperada”, y en los fundamentos remarcó las experiencias de otros estados en idéntico sentido. El Gobierno apela sistemáticamente a las comparaciones fragmentarias, era de esperar que la experiencia de la pandemia hubiera modificado ese mal hábito. 

Hay cuatro consideraciones que contravienen la imagen que se quiere proyectar respecto a ese tributo en esta particular coyuntura económica: 

1.- En primer lugar, la idea de que se trata de una situación “inesperada”. Es verdad que no tenemos absoluto control sobre la evolución pandémica en el mundo, del mismo modo que nadie podía predecir cómo se desenvolvería el conflicto en Europa Central.

Pero, toda la información disponible era consistente con la idea de dificultades en la normalización de las cadenas de suministro (entre otras cosas porque los estadios de la pandemia no están sincronizados entre estados), e incluso la posibilidad de un desenlace bélico en Europa no estaba descartada desde varias semanas previas a su concreción. 

La condición “inesperada” es una consecuencia tanto de hechos excepcionales, imposibles de obviar, como de un gobierno carente de sentido de ubicuidad. Por ejemplo, cuando el año pasado se discutió en el Congreso la modificación del régimen de biocombustibles, tanto en comisión como en el recinto muchos diputados/as señalaron la perspectiva coyunturalista del Gobierno, hoy pagamos las consecuencias.

2.- El segundo argumento del Gobierno es (supuestamente) la búsqueda de la equidad. Los fundamentos del proyecto hacen referencia al cuidado de la cohesión social. 

Naturalmente la equidad de una intervención fiscal de este tipo solo puede ser evaluada cuando se advierte el destino de los recursos. Porque el solo hecho de que los contribuyentes sean un grupo pequeño de agentes económicos, con ganancias por encima del año anterior, es insuficiente para considerar esa operación “equitativa”.

Por ejemplo, si el destino de esos recursos es sostener erogaciones públicas injustificables, en el marco de la fragilidad social y económica en que estamos, no resultaría equitativo. Incluso si ese impuesto que condiciona la posibilidad de reinversiones, erosionando la capacidad de aprovechar este momento excepcional para estas cadenas de valor, tampoco sería oportuno. 

La paradoja de la equidad tal como la plantea el Gobierno es, en estas circunstancias, que existiendo posibilidades concretas de generar un círculo virtuoso de utilidades/inversiones/actividad económica y empleo privado, prefiere condicionar esa posibilidad y seguir apostando a la asignación política de los recursos.

3.- En este tema, como en otros, se evidencia la solidez de lo que he dado en llamar el “proyecto manotazo”, que no es otra cosa que enfrentar cualquier crisis de sector público, afectando flujos o stocks de recursos, y condicionando los incentivos para seguir desarrollando actividad económica o al menos para poder hacerlo con perspectiva de rentabilidad y capacidad de re-inversión. 

No se trata de despreciar el gasto público o no valorar el rol que pueden jugar bienes públicos de calidad bien financiados; se trata de hacerse la pregunta obvia y recurrente: ¿el gobierno federal cree que los treinta puntos del PBI que ejecuta (aproximadamente) están bien orientados? , y desde otra perspectiva: ¿el Gobierno cree que el arsenal de instrumentos fiscales de los que dispone (impuestos, tasas, etc.) no alcanza para financiar un presupuesto de manera adecuada?

La orientación al “manotazo” es una declaración de principios en los gobiernos populistas. 

4.- La suma de todo lo expuesto: dejarse sorprender por datos evidentes, alegar grandes títulos (equidad, patria, pueblo o lo que sea) y responder siempre con piloto automático, son demostrativos de una carencia de creatividad que explica cómo llegamos a donde estamos, con ya varios meses de condiciones excepcionalmente favorables desde el punto de vista externo.

Ya lo dijo Einstein: “en los momentos de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento”. El Gobierno, de todos modos, no hace gala de ninguno de los dos atributos. Parece desconocer el marco de relaciones internacionales en el que se mueve la economía, al mismo tiempo que ensaya controles de precios o licitaciones amañadas. 

El agotamiento del proyecto político populista en Argentina tiene un costo altísimo para sus ciudadanos, que se cuenta en oportunidades perdidas y pasivos ocultos. La construcción de la equidad en Argentina vendrá de la mano de favorecer la actividad económica, buscar la rentabilidad e impulsar condiciones para que los buenos precios de nuestros productos puedan vivirse como buenas noticias y no como un martirio, frente a la amenaza de un nuevo manotazo.

Publicado en Clarín el 15 de junio de 2022.