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11 11 2020

George Lakey contra el golpe de Estado de Trump


Autor: Alejandro Garvie









Una leyenda de las luchas sociales en los EE.UU., desde los movimiento anti bomba, pro igualdad racial de la década de los ’50 y ’60 y por los derechos de la comunidad LGTB, ahora busca evitar un golpe de Estado en su país.

Hace seis décadas que participa de campañas de acción directa este sociólogo de 82 años que a sus 12 probó ser un gran predicador cuando en un sermón abogó por la igualdad de los hombres ante dios. Viajó por el mundo pregonando los valores que plasmó en muchos textos entre los que se destacan "Estrategias para una revolución viva" en el libro de David Solnit “Globalizar la liberación" y “Cómo ganamos: Una guía para campañas de acción no violentas”, considerada la biblia de los movimiento sociales.

Su último trabajo se centró en evitar que Trump pueda repetir la maniobra de Bush en el año 2000, al darse cuenta de que el presidente enviaba tropas federales a Portland, Oregon, para provocar una reacción violenta de los manifestantes y “crear” un antecedente para no aceptar los resultados de las elecciones bajo el pretexto de que el país había caído en un caos violento.

Por su experiencia internacional Lakey sabe que evitar un golpe de estado es muy importante, por eso, en agosto, ayudó a formar un grupo llamado Choose Democracy que ha estado haciendo circular un compromiso para impulsar a la gente a “tomar las calles de forma no violenta si se intenta un golpe” y comenzó a impartir una serie de sesiones de capacitación a través de Zoom llamadas "Cómo vencer a una toma de poder relacionada con las elecciones”.

En ese espacio Lakey hizo una breve historia de la lucha contra los golpes de estado. Comenzó con el trabajo del politólogo Stephen Zunes, quien ha estudiado los casos en que los ciudadanos de un país lograron levantarse y derrotar un golpe: Bolivia, en 1978; la Unión Soviética, en 1991; Tailandia, en 1992; y Burkina Faso, en 2015.

Relató, además, la historia del Putsch de Kapp, en la República de Weimar, cuando un grupo de soldados, veteranos y civiles intentó tomar el control de Berlín, bajo el liderazgo de derecha de Wolfgang Kapp. El gobierno legítimo huyó y Kapp se proclamó líder del país. “Al tomar posesión, descubrió que todos los trabajadores del gobierno se habían declarado en huelga. No había nadie en el edificio excepto él”. El golpe colapsó en unos días, Lakey dijo: “La magia en esa situación fue la rápida alianza que se construyó, durante un fin de semana, entre la izquierda, los sindicatos, comunistas y el centro que pudieron vencer a la derecha, aunque tuvieran el Ejército de su parte”.

Weimar comparte con los EE.UU. de hoy una alta polarización, aunque no la historia de sus instituciones democráticas, además de tener en cuenta que fue su primer ensayo republicano y a la salida de la perdidosa Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Lakey asegura que, si bien Estados Unidos puede sentirse extremadamente polarizado, “la verdad es que no estamos tan polarizados como podríamos estar”.

Su propuesta es ganar el centro, no responder a la extrema derecha – hoy amenazantes con en las calles con sus armas semi automáticas – con movimientos radicales de izquierda que alejan a ese centro moderado, pero mayoritario.

Dijo que se podían encontrar centristas en todas partes, desde el mundo empresarial hasta el estamento médico. “Presidentes de bancos. Personas que administran escuelas o universidades, lo que sea, si es algún tipo de institución que espera tener un futuro”.

La democracia norteamericana está bajo tensión por la negativa de Trump a admitir la derrota e iniciar turbios procesos de impugnación, muchos de ellos denegados. La clave para ciudadanos como Lakey es la movilización pacífica en las calles y el bloqueo de actividades, ambas acciones condicionadas por la pandemia que cuenta ya con 210.000 contagios en un solo día. Un panorama desolador. A cien años del Putsch de Kapp la estabilidad parece no sólo haber abandonado a la mayor potencia mundial, sino al mundo mismo. Recuperarla requiere de cooperación, diálogo y asistencia a millones de personas expulsadas del sistema, expuestas a la miseria y al COVID 19.