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27 07 2020

Flotar en el viento


Autor: Eduardo A. Moro









Uno de los temas musicales  más representativos de los 60/70, plantea  interrogantes  sobre la paz, la libertad y la guerra. En  “Blowin' in the Wind”, Bob Dylan nos dijo: “La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento”, aludiendo a implícitas, enigmáticas e intangibles obviedades  imaginadas y sentidas.    

Algunos han dicho que no tener ni creer en un Plan Económico ya es un Plan. Un histriónico economista parlanchín recuerda que poner énfasis en no tener plan, es una rara avis de socialismo sin plan, como lo sería un capitalismo sin mercado.  

Fons Elders, filósofo anfitrión del debate Chomsky-Foucault  en 1971, ejemplificó las dificultades del encuentro entre ambos pensadores del siguiente modo:  Es como que  dos emprendimientos  estuvieran perforando un túnel en una montaña, cada uno desde el lado opuesto, con instrumentos diferentes, sin saber por dónde, ni cuándo, ni siquiera si se encontrarán. 

El surf es por definición gruesa, navegar sobre una tabla con giros y maniobras, aprovechando la fuerza de las olas, con equilibrio seductor. Twitter es el gorjeo de los pájaros, cuyas funciones, aparentemente contradictorias pero esenciales, residen en mantenerse en contacto entre ellos y marcar el territorio. Los contenidos no importan, pero sí que se los oiga “trinar”. Las oportunidades surgen  y desaparecen en un instante. No hay allí durabilidad ni propósitos perdurables. Y dada su naturaleza presurosa  toda predicción resultaría imposible.  

Esta curiosa sinfonía de curiosidades se enriquece con la teoría del desdoblamiento del espacio y del tiempo, formulada por Jean Garnier Malet, según la cual todos tenemos un/a doble- imperceptible- pero real. Y el doble puede guiarnos exitosamente si sabemos establecer una relación constructiva con él o ella. El doble comando virtuoso permitiría usar lo mejor posible las intuiciones, los instintos y las premoniciones cruzadas,  que el desdoblamiento pone a disposición de ambos en ciertos momentos.  

Si el gobernante clarividente decide no tener Plan, pero sabe surfear, twittear, y aprovecha el desdoblamiento estableciendo una relación constructiva con “su otro yo”, le basta con hacer equilibrio entre ambos, administrar intuiciones y flotar en  el viento para que cada iniciativa o acto de gobierno –sin relación sistémica con los demás- alcance sus objetivos. Por si hiciera falta, ante alguna frustración, las grandes excusas serán siempre la herencia recibida y el terrible castigo venido desde afuera.  

Camus pensaba  que la ambigüedad y la ambivalencia son  atributos irreductibles de la condición humana. Además, es cierto que  tenemos un cementerio de planes económicos fracasados. Por lo que el criterio negacionista del gobernante, su creencia en que es más eficaz  no  tener un Plan más,  posee sus atractivos. Transmite audacia, optimismo, y confianza en sí mismo, y en su doble. La conversación entre ellos debe ser interesante: una mente brillante le habla a la otra no menos brillante. Pero ese diálogo, bendecido por la mano de Dios,  es extraño al sistema institucional.  

La cuestión política se plantea cuando pensamos en los gobernados que requieren proyecciones y garantías de ordenamientos conocidos: presupuestarios, fiscales, monetarios, cambiarios. Y, además, su relación en el tiempo con los factores de la producción, la distribución federal,  la educación, la salud,  la tecnología, la ecología, la seguridad pública, o el diálogo con el mundo, por ejemplo. Guías que por su naturaleza de interés público,  y correlación de interdependencias, merecen publicidad oportuna, posibilitar críticas, aportes y adecuaciones, más los controles inherentes al estado de derecho, a la división de poderes y a las reglas de juego democrático. 

Es decir, en tanto el gobernante comprenda cabalmente que su deber  no es sólo confiar en sus capacidades y las  de su doble, sino en que- siendo un servidor público- debe iluminar el camino que se propone transitar,  para que sea visto y discutido, teniendo en cuenta a los demás y al interés general. Parafreseando a Ciro Alegría, El mundo (el país) es ancho y ajeno, en tanto los supera a ellos dos. Somos todos, nuestro presente y nuestro futuro. La malversación del gran Dylan, flotar en el viento, poeta de metáforas extraordinarias, en este caso nos reduce a los ciudadanos a ser meros espectadores de un juego  peligroso sin  poesía ni esperanzas claras. Pero nos queda la palabra.