martes 21 de mayo de 2024
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En la inestabilidad multipolar

Si bien un mundo variopinto es deseable y más democrático que uno en donde mandan uno o dos, parece que alcanzar este nuevo equilibrio de poderes llevará tiempo y no pocos conflictos.

Bloques económicos como Asean y BRIC ya han anunciado el abandono del dólar como la moneda en la que realizan sus transacciones; China se desprende aceleradamente de bonos del Tesoro de los EE.UU. – es su principal tenedor mundial -; Méjico se opone a aplicar sanciones a Rusia y, en general, se nota cierta impericia o imposibilidad de que el Departamento de Estado frene la influencia China en América Latina y África.

En ese juego, Europa, el tablero sobre el que se ha jugado el poder mundial en el siglo XX, no pierde cierta centralidad y tiene en el eje Alemania-Francia un polo de poder. Hoy, el Viejo Continente continúa tambaleándose por el impacto de haber cortado los lazos comerciales con Rusia y está afectada por las tensiones geopolíticas en aumento entre China y EE. UU., las dos economías más grandes del mundo. En ese contexto, el presidente francés, Emmanuel Macron – con bastantes problemas internos – se ha propuesto la misión diplomática de alejar a Pekín de Moscú, ante la mirada expectante de los funcionarios en Washington.

Francia espera disuadir al líder chino, Xi Jinping, de que no se acerque más al presidente ruso, Vladimir Putin, y que los chinos desempeñen un papel de mediación en la guerra en Ucrania, algo que ya está en marcha, aunque sin mucha certeza.

Sin embargo, no está claro qué poder de persuasión tenga Macron, tal vez sea el mismo que no impidió la invasión a Ucrania o el intento de salvar el acuerdo nuclear con Irán. Lo cierto es que emprenderá este martes un viaje de tres días por los pagos de Mao.

La Casa Blanca tiene pocas expectativas de que Macron logre un gran avance. Pero ese no sería el problema, ni la novedad. Existe cierta preocupación en la administración Biden sobre la posible intimidad de Francia con China en un momento en que las tensiones entre Washington y Pekín están en su punto más álgido, en décadas. Tal vez por esa razón, la beligerante presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, viaja con Macron, ella es algo así como un reaseguro de los intereses estadounidenses. Por otro lado, el viaje conjunto con la presidenta lo distingue de Olaf Scholz, el canciller alemán a quien los funcionarios franceses criticaron en privado por apurarse a hacer un viaje solo y de 24 horas a China, el año pasado, centrándose más en los intereses alemanes que en los de la UE.

El jueves pasado Úrsula von der Leyen, pronunció un discurso de apertura sobre las relaciones UE-China en el Centro de Política Europea en Bruselas en donde instó a los países de la UE a “eliminar el riesgo” de la dependencia excesiva de China. También dio a entender que la UE podría poner fin a la búsqueda de un acuerdo comercial histórico con China, que se cerró en 2020 pero luego se estancó. Sus comentarios provocaron una rápida respuesta de los diplomáticos chinos. Fu Cong, embajador de China ante la Unión Europea, dijo el viernes que estaba “un poco decepcionado”. “Ese discurso contenía muchas tergiversaciones e interpretaciones erróneas de las políticas chinas y las posiciones chinas”, dijo Fu a la emisora estatal CGTN.

En total, el presidente pasará de seis a siete horas en conversaciones con el líder chino. El hecho de que sea el primer presidente francés en visitar Guangzhou también es un toque personal, ya que el padre del presidente Xi fue líder del partido allí.

Occidente espera que el tiempo que Macron pase en privado con Xi ayude a ganar el apoyo chino en temas como detener los ataques rusos a la infraestructura civil en Ucrania o detener lo que consideran la migración ilegal de niños ucranianos.

También se espera que Macron sondee la opinión de Xi respecto de la amenaza de Rusia de instalar misiles nucleares en Bielorrusia, una decisión que va en contra de la postura de no proliferación de China, apenas un mes después de que Pekín revelara su plan de 12 puntos para resolver el conflicto en Ucrania.

Nada de esto parecería ser conducente si se conoce la cultura, la política y la diplomacia china. Macron y Xi se han visto pocas veces y se sabe se tarda mucho tiempo – años – en forjar una relación de confianza con ese país que pueda devenir en ciertos acuerdos. Mientras tanto, el eje ordenador para Xi es la relación de poder, y en ese caso Francia es débil ante China.

Entonces queda la sospecha de que el viaje de Macron podría ser el inicio de reforzar la relación europea con China para avanzar en esa confianza mutua. Para ello, llevará una importante delegación empresarial integrada por representantes de EDF, Alstom, Veolia y el gigante aeroespacial Airbus.

El viaje hacia la multipolaridad se inició hace años y está transitando por estaciones turbulentas. Macron seguramente extraña a Ángela Merkel con la que compuso un eje europeo claro y firme. La diplomacia tiene un largo camino para recorrer

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