sábado 20 de abril de 2024
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Elogio de la locura: la motosierra y el yate de Insaurralde

“Digan lo que quieran las gentes acerca de mí (pues ignoro cuán mala fama tiene la Necedad, aun entre los más necios), sola, yo soy, no obstante, la que tiene virtud para distraer a los dioses y a los hombres”.

Erasmo, “Elogio de la locura”, Capítulo primero, “Habla la Necedad”

 

La “stultitia” latina ha sido traducida como estulticia, necedad, locura. Al libro de Desiderio Erasmo de Rotterdam titulado en 1511 “Moriae Encomium, sive Stultitiae Lau” se lo conoce como “Elogio de la locura” pero también como “Encomio de la estulticia”. Cuando el gran humanista publicara su irónica obra, lejos estaba de imaginar que su personaje de la Necedad podía ser una suerte de voz estridente en la Argentina de hoy. Más allá de su bello título, es un escrito que vale la pena leer y releer y que ha sido uno de los textos más influyentes de todos los tiempos. Lo ha sido por su humor, por su inteligencia, por su capacidad de internarse en las grietas del pensamiento adocenado y resquebrajarlo. Crítica del mundo escolástico medieval y de las desviaciones del clero todopoderoso, el libro de Erasmo ironiza satíricamente sobre el contexto renacentista en el que fue escrito. Lo pone en jaque para producir un alerta en las mentes despiertas. La Necedad, parece decirnos, es lo que seduce a la mayoría, pongámonos en su piel entonces para entender lo que nos rodea e interpretar qué sucede a nuestro alrededor. La ironía llevada a su expresión más fina. 

En las últimas semanas, de cara a las elecciones presidenciales del 24 de octubre, pareciera que todos los temas públicos se hunden en una ciénaga de locura. Cada suceso extraño conduce al desconcierto y al estupor a una buena porción de ciudadanos. Otros, parecen estar en su salsa. Pero lo más curioso es que deja impávidos a muchos. La Necedad, si Erasmo volviera a empuñar su pluma, tendría mucho para preguntar en la Argentina actual. En el mundo renacentista apuntó a contrastar las deformaciones a las que había llegado una sociedad dirigida hasta en lo más mínimo por la religión con el mundo que estaba emergiendo, enfocado más en el hombre que en la trascendencia. Para eso llevó a cabo la operación mágica de enmascarar a la razón en el disfraz de la locura, de la necedad. Era la apuesta de no obcecarse y dar lugar a la inteligencia creativa por fuera de lo instaurado. Y con ese mecanismo consiguió echar luz crítica sobre un estado de cosas asfixiantes que se había fisurado y buscaba cambiar pero encontraba resistencias poderosas.

En el “estudio preliminar” a una de las tantas ediciones de “Elogio de la locura”, el historiador Luis Alberto Romero advierte: “Si Erasmo no es notable como filósofo, sí lo es como crítico. Lo verdaderamente novedoso del Elogio son las armas que utiliza: el humor corrosivo, el sarcasmo, que emplea para sacudir el espíritu dogmático, le permite mirar desde afuera, tomar distancia frente al objeto criticado. Así, sin proponérselo, quizás, estaba ayudando a crear una cultura específicamente laica.” A pesar de que sus críticas estaban en sintonía con los conflictos que Lutero encarnaría en esos años, Erasmo terminó irreconciliablemente enfrentado con él. Era un gran crítico, pero no podía reformar lo que estaba mal, lo suyo era criticarlo. Lutero sí tenía la voluntad de reformar, pero dentro del mundo trascendente. Era una franquicia, en términos actuales, de lo que ya existía. El camino emprendido por Erasmo llevaría en otras direcciones que conducirían siglos después a la Ilustración y a la concepción democrática republicana moderna.

Pero ese es otro cantar. Por ahora y trayendo la analogía erasmiana al presente, aquel mundo conservador y decadente se podría asociar al kirchnerismo populista gobernante desde hace veinte años. Hoy ha sido puesto en jaque por dos vertientes opuestas, muy opuestas: la de Patricia Bullrich y la de Javier Milei. Que a su vez se miden mutuamente. ¿En qué se oponen? Juntos por el Cambio supone una opción republicana, mientras que La Libertad Avanza se propone como forma populista distinta. Sólo adora otros dioses. Son populismos opuestos en sus adjetivos pero que se unen en la adoración a las formas populistas. Por eso, mientras la candidata que salió segunda en las PASO recibe fuego amigo de los sectores más cercanos a la pulsión populista de su propio espacio, el ganador de esos comicios se deja enredar gustoso en las redes que le tiende el populismo gobernante. Por ejemplo, al mismo tiempo que la candidata lucha a brazo partido para frenar el embate kirchnerista, integrantes de su frente le permiten al gobierno ir sobre el Impuesto a las Ganancias o crear nuevas innecesarias universidades. Dos zarpazos populistas que lo único que hacen es agravar la situación económica y educativa del país. Con aparentes buenas razones e intenciones sólo agregan más enfermedad a un cuerpo estragado por sus dolencias. Para no hablar de las fotos inoportunas de gobernadores de JxC con el candidato K y ministro de Economía. Estas situaciones llevan al centro del laberinto. Allí está Sergio Massa, en una tarea titánica, quizás sin precedentes mundiales, de mantener una candidatura presidencial siendo ministro de Economía de un país con 124% de inflación anual, 40% de pobreza y un deterioro creciente del salario. Massa se las ingenia para conseguir el transfuguismo en ciertas huestes que deberían ser leales a Patricia en hechos y gestos, al tiempo que le da a Milei todo lo necesario para su desarrollo: cuadros, recursos, fiscalización y hasta una insólita pata sindical vía Barrionuevo. Populismo en ayuda de populistas. Ya se sabe aquella máxima peronista de ir prestos en ayuda del vencedor.

Un gran estudioso del populismo, el italiano Loris Zanatta, dijo esta semana en el programa de Carlos Pagni: “Una dosis equilibrada de populismo es necesaria en toda democracia”, luego de que lo hemos escuchado desgañitarse por un purismo republicano. Con lo cual sería razonable pensar que el populismo es la dirección hacia la cual naturalmente tienden las sociedades y que el republicanismo se construye con dificultad porque implica reglas, autolimitaciones, orden, rigor, controles. Sin embargo, los resultados están a la vista. El desastre actual es producto de años de ortodoxia populista. Y para colmo ahora hay peligro de que se recree en una nueva receta travestida.

En ese contexto suceden cosas que sintonizan a la perfección con el populismo y son tantas que producen vértigo y aturdimiento en quienes deberían oponerse. Y surgen las dudas de cómo enfrentar el día a día sin claudicar. Si Erasmo pudiera ver el presente escribiría nuevos capítulos de su “Elogio de la locura” y la señora Necedad tendría tela de sobra para cortar. Del lado de Milei su candidato a conducir el Banco Central, institución que va a ser demolida con una motosierra, aunque no se sabe cuándo, pone en dudas que José de San Martín sea el padre de la Patria. Argumenta que no fue el artífice de la libertad americana debido a que en realidad era un agente inglés. Y para cerrar el círculo de estulticia su candidato a conducir la educación enarbola un raro razonamiento sobre la efectividad del nazismo para matar que eriza la piel. Tras esos dos dislates la reacción del líder es el silencio para uno y la disculpa para el otro. La pregunta de la ciudadanía no debería ser sobre lo que le parece a Milei de sus referentes en dos áreas centrales, sino si es deseable que dos lunáticos sean quienes se ocupen de la moneda y de la educación argentinas. Y la respuesta es desalentadora, porque como en el libro de Erasmo la razón se viste de Necedad y las audiencias que reciben ese baño de sinrazón parecen no oír nada o estar distraídas. ¿Cuál debe ser la estrategia entonces para que no todo sea lo mismo? Un enorme interrogante. Quien tenga la respuesta que tire la primera piedra.

A este raid populista del presunto libertario le va en paralelo el de Sergio Massa, quien declaró esta semana mientras mandaba una nueva ley de financiamiento educativo: “Los gobernantes hablamos con el presupuesto. Si quieren ser gobierno en la Argentina le tienen que decir a la sociedad cuánto están dispuestos a hacer para hacer crecer el sistema educativo.” Mientras decía eso en campaña, como ministro mandaba al Congreso un presupuesto con recortes para la educación. Y como si fuera poco en Neuquén se suspendían las clases de los chicos para que los afiliados a ATE fueran a un acto de apoyo a su candidatura. “Elogio de la locura” queda casi como un libro de cocina vegana frente a estos disparates. Y otra vez: ¿cómo se advierte de esto? ¿Qué mella hace en quienes tienen que votar y elegir? ¿Qué daño le produce al candidato que propugna a los relativistas de la libertad americana y el Holocausto? Preguntas para doña Necedad.

El interrogante que sobrevuela es si la sinrazón está en los síntomas actuales, Milei incluido como la fiebre más alta, o anidan en la necedad populista que se apoderó hace veinte años del país. Hay quien cree que el problema es el funcionamiento democrático, que la falla no está en la dualidad populismo versus república. Quizás esa divergencia sea sólo un modo de escenificar las falencias de la democracia. De todos modos vale recordar que la democracia real ha sido de corte netamente populista y que la republicana necesita de otros acuerdos y compromisos que difícilmente las corporaciones que determinan la vida nacional estén dispuestas aceptar de buena gana. Mientras se escriben estas últimas líneas toman estado público las fotos de Martín Insaurralde, figura clave del kirchnerismo bonaerense y jefe de gabinete de Kicillof, en un yate en Marbella en compañía de una pulposa modelo. El funcionario está divorciándose, según circula a cambio de una cifra millonaria en dólares, de otra pulposa modelo. Y lo curioso es que su declaración jurada habla de alguien con un patrimonio pequeño, de clase media. ¿Es necesario explicar más para entender que esto no se arregla denunciando a la casta mientras se la utiliza para avanzar ni con relato? No es casual que los mismos que le compran el combustible a la motosierra de Milei son los que se doran al sol español con dineros que parecen tener el mismo origen que los de los cajeros que frecuentaba “Chocolate” Rigau munido de un ramillete de tarjetas de débito. Por todo esto, el nuevo populismo de tinte psiquiátrico sería una triste continuidad del populismo cleptócrata que ha gobernado desde 2003.

Pubicado en Mendoza Post el 1 de octubre de 2023. 

Link https://www.mendozapost.com/opinion/elogio-de-la-locura-la-motosierra-y-el-yate-de-insaurralde

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