lunes 15 de abril de 2024
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El recuerdo de Florentina

Un día como hoy, en 1912, nació María Florentina Gómez Miranda en Olavarría (PBA). Maestra, abogada y radical. Autora de numerosas leyes que cambiaron la vida cotidiana. Siempre me decía «el festejo de los 100 me lo hacés en el Luna Park». No llegó por muy poquito.

Diminuta de tamaño, enorme de carácter, militó desde joven cuando las mujeres aún no votaban. Orgullosa, siempre narraba el saludo del presidente Hipólito Yrigoyen en la Rosada, cuando obtuvo su título docente. Al frente del aula, comenzó a preocuparse por la salud de los alumnos.

Eso la llevó a la ciudad de La Plata para estudiar odontología, pero la carrera era presencial y no quería abandonar la docencia. Entonces, cursó libre Derecho. En 1954, la exoneraron por radical. El despido, firmado por el general Perón, estaba enmarcado y colgado en su casa.

Oradora picante, Illia la designó al frente de la Comisión de Alquileres. Trabajó en la defensa de los derechos de los inquilinos hasta el golpe. En 1972, integró el núcleo fundacional de Renovación y Cambio, y encabezó la lista al Senado del alfonsinismo porteño. Salió tercera.

Desde la Asociación de Abogados de Buenos Aires, denunció las violaciones a los derechos humanos de Isabel y la dictadura. En 1983, fue diputada por la Capital. Una de las once mujeres en la primera Cámara de la democracia recuperada. Presentó 150 proyectos de ley. Entre ellos: cupo femenino, divorcio vincular, patria potestad compartida, y pensión para el concubinato. Dolida, nunca olvidó la violencia de las alumnas de colegios clericales que la golpearon, y hasta le pegaron chicles en el pelo, cuando cruzó a exponer en la sesión por el divorcio.

«Florentina, abortera y asesina», gritaban. Fue la primera en proponer la despenalización del aborto y el impulso a la cobertura de la fertilización asistida. Reeligió en 1987. Antes de vencer mandato, homenajeó a Evita. La oleada delarruista la dejo fuera. Sin embargo, en su barrio ganó. En la Constituyente del 94, fue candidata, pero la mala cosecha radical impidió que llegara a Paraná.

En el llano, se mudó a un viejo caserón que donó a la UCR para construir la Casa de la Mujer Radical.

Sus restos abrieron camino y son los de la primera mujer en descansar junto a los caídos en la Revolución del Parque, en el panteón del cementerio de Recoleta. «Docente por vocación, abogada por elección y política por pasión», solía decir sobre si en sus últimos años.

No creo que haya mejor caracterización.

¡Te quiero mucho Flor!

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