lunes 22 de julio de 2024
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El presidente Milei

I. El presidente Milei no ahorra adjetivos denigrantes contra los políticos, pero alguien debería recordarle que él es un político rodeado de políticos. Si su diatriba fuera posible traducirla, habría que decir que en realidad lo que lo fastidia no son los políticos en general sino los políticos que no comparten su pensamiento o no adhieren al libro de Rothbard. El presidente Milei ha calificado al estado como organización mafiosa y otras galanterías por el estilo. Sin embargo, su condición de presidente la ejerce gracias a su condición de jefe de estado, por lo que Milei sería un estadista que insulta a la estructura que legitima su poder y le otorga atributos para ejercerlo. El presidente Milei se dice libertario, pero hay motivos para creer que su libertad preferida es la de los mercados, un deseo que pretendían realizar algunas corrientes liberales de mediados del siglo XIX.  El presidente Milei sostiene con pasión la consigna “libertad”, pero valores como pluralismo y límites al poder, parecen estar ausente en su vocabulario. El presidente Milei insiste que Argentina padece las atrocidades del colectivismo desde hace más de un siglo. La inevitable pregunta en este caso es si incluye en ese combo a ministros como Alvaro Alsogaray, Federico Pinedo, Krieger Vasena, Martínez de Hoz o Domingo Cavallo, entre otros. El presidente Milei asegura que el desprestigio de la casta política es tal que para los comicios de 2025 su fuerza política será votada por una mayoría motivo por el cual “al fin habrá un Congreso como la gente”. La pregunta obvia en este caso es si para el presidente el término “Congreso como la gente” solo alcanza a los que piensan y votan como él. El presidente Milei cita con frecuencia Juan Bautista Alberdi, lo cual merece mi más cálido apoyo, aunque acto seguido le informo que la Constitución de 1853, en gran parte inspirada por el genio de Alberdi, en su primer capítulo parece contradecirlo al definir a la Argentina como un gobierno representativo, es decir, integrado por “representantes” a los cuales sin forzar demasiado la realidad podríamos calificarlo de “casta”; republicana, es decir, con división de poderes y controles; y federal, es decir, reconociendo su identidad a las provincias y a sus gobernadores. Para el presidente Milei la Argentina verdadera vendría a ser la de la segunda mitad del siglo veinte, mientras que para Alberdi esa Argentina apenas era “la posible”, habilitando hacia el futuro “la Argentina verdadera” con sus respectivos  derechos políticos y sociales de los cuales el presidente Milei no dice una palabras. El presidente Milei invoca la legitimidad de sus votos, lo cual es cierto y es justo, pero parece ignorar o desconocer que los legisladores de la casta y los gobernadores también fueron votados  El presidente Milei es un economista profesional con definiciones ideológicas que no oculta, en particular las sembradas por Hayek y Rothbard. Sin embargo, los trajines cotidianos del poder lo han revelado como un político astuto y en más de un caso oportunista. ¿Quién es el verdadero Milei?

II. El país padece una de las crisis económicas y sociales más intensas de su historia: hay hambre, hay indigencia, hay pobreza, hay inseguridad, el destino de la clase media es oscuro y es cada vez más persistente la sensación de que al futuro hay que decirle que no venga, como predijera un Castelli deprimido y al borde de la muerte. De las diversas “pestes” que nos azotan, hay un responsable exclusivo: el peronismo que en este siglo XXI gobernó más de veinte años. Al presidente Milei podemos reprocharle lo que hace o lo que está por hacer, pero del desastre que se hizo con este desdichado país es inocente. La Argentina corporativa con sus sindicatos mafiosos, sus empresarios prebendarios y sus políticos corruptos no son un invento de Milei. Tampoco él es el autor de una estructura estatal ineficiente y cara. Este sistema, esta red de poder llegó a su límite con la bochornosa presidencia de Alberto Fernández. De un sistema agotado pueden nacer las flores más exóticas y extravagantes. El aporte del peronismo a la botánica fue Milei. Sin Cristina y Néstor, sin Lazaro Báez, sin los bolsos revoleados en las puertas de un convento, sin los millones contados en “la Rosadita”, sin el endeudamiento irresponsable, sin el populismo “falaz y descreído”, Milei no hubiera sido posible. Milei fue gestado por el peronismo en amoríos ocultos a la hora de la siesta, y en la Argentina que vivimos, en esta Argentina donde siempre hay lugar para el asombro, a nadie le debería llamar la atención de que en algún momento el peronismo cobije a ese hijo ilegítimo o ese hijo ilegítimo se refugie en los brazos de su progenitor, quien, según la ocasión, lo niega o lo reconoce. Por lo pronto, el peronismo contribuyó a financiar la campaña electoral y en la actualidad le ha aportado al actual gobierno más de cuarenta funcionarios de primer nivel. El peronismo en la oposición hará lo que siempre ha hecho: facilitar el operativo helicóptero. Algunos de sus dirigentes hace rato que lo viene proclamando; otros son más reservados y astutos, pero persiguen los mismos fines. A la clásica desestabilización callejera, le suma en la actualidad el operativo “entrismo”. Las acciones parecen contradictorias, pero el peronismo en el interior de esas contradicciones se desenvuelve como pez en el agua. La novedad literaria de los últimos tiempos es que Mister Jekyll y Mister Hyde son peronistas.

III. Debo admitir que el presidente Milei ha logrado que me interese por Lali Espósito, una cantante con la que siempre mantuve una correcta y saludable distancia. No solo ha logrado que escuche sus canciones, sino que además ha permitido con sus abusos, sus groserías y torpezas que me ponga de su lado, por esa mala costumbre que uno mantiene desde los tiempos de “Los tres mosqueteros” y “El Zorro”, de ponerse siempre del lado del más débil. No sé cómo concluirá este duelo entre la cantona y el presidente de la nación, pero desde ya digo que el responsable de semejante disparate es el presidente que fue votado para cosas más importantes que reñir con Lali Espósito como dos adolescentes en celo. Insisto: no sé cómo terminará el duelo, pero desde ya me animo a decir que la beneficiaria económica de esta refriega será la mismísima Lali, quien de aquí en más seguramente que duplicará o triplicará la venta de discos y de contratos privados y públicos  En su momento, por pecados parecidos, es decir, la alevosía de un presidente atacando a una ciudadana,  no ahorramos adjetivos contra Cristina, adjetivos que en la ocasión Milei ha hecho los méritos necesarios para ganarlos. Oía las diatribas de Milei y recordaba cuando en su momento Astor Piazzolla prometió irse del país si Menem ganaba las elecciones. Pues bien, este político riojano astuto y tramposo, simpático y manipulador, en lugar de emprenderla a los insultos contra Piazzolla lo fue a visitar a su casa y en menos de una sesión se lo puso en el bolsillo. Escribo este párrafo y me digo a continuación que a Milei podré perdonarle errores y torpezas, pero lo que nunca le voy a perdonar es que me haya obligado a hablar bien de Menem.

IV. Cuando a veces me preguntan acerca del futuro político que nos aguarda, respondo que esa predicción en esta Argentina nadie está en condiciones de hacerla. Ni Milei ni Cristina; ni Macri ni Massa; ni doña Rosa ni Minguito Tinguitella. Supongo que lo correcto será defender el estado de derecho, la investidura de su titular acechada por el malón peronista, sin olvidar que como escribiera un poeta de cuyo nombre no quiero acordarme: “A esta hora exactamente hay un niño en la calle”. Y al mismo tiempo, criticar todos los abusos y torpezas que desde el poder pretendan cometerse en nombre de la causa nacional y popular o en nombre de la economía de mercado.  Como escribiera el sociólogo liberal Ralf Dahrendorf: “Si la nueva derecha llegó para quedarse haríamos mejor en cuidar nuestras libertades porque empezará a atacar donde puedan contar con apoyo popular, Hay que recordar que las libertades deben ser defendidas donde es más difícil defenderlas”.

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