jueves 29 de febrero de 2024
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El pragmatismo de Javier Milei ante sus límites: el uso de la inflación y la amplitud de su coalición

¿Puede funcionar la “coalición” que está tratando de conformar Milei para gobernar? Habrá que ver, pero lo primero que se puede decir con cierta certeza, es que ella no se diferencia mucho de la que decían querer conformar Massa o Larreta, dos de sus enemigos jurados: todos buscaron el apoyo, ante todo, de los cordobeses, con la diferencia de que Milei pareciera estar consiguiéndolo, mientras que sus contendientes fracasaron en el intento.

El problema es que, para que la incorporación del cordobesismo y de otros referentes del peronismo moderado, como sería el caso de Florencio Randazzo, tenga sentido, va a ser necesario que Milei les permita convertirse en negociadores de recursos en su nombre con sectores más amplios del peronismo. Porque de otra manera le va a pasar algo parecido a lo que sucedió con Pichetto en Juntos por el Cambio: que el aliado peronista se vuelve expresión aislada de una cooptación solo provechosa para él mismo, y por tanto incapaz de proveerse de una base de apoyo más o menos amplia, y expresión de una porción real de los votantes peronistas y del poder institucional de esa fuerza.

Javier Milei y la obra pública 

Si Milei avanza o no en esa dirección lo veremos seguramente pronto, cuando se sepa cuánto avanza concretamente el pragmatismo a la hora de resolver algunas cuestiones que interesan muy especialmente a ese poder institucional y esos votantes. Por ejemplo, la obra pública, que una cosa es aniquilar y otra muy distinta será administrar con nuevos criterios, por ejemplo, de lealtad y antagonismo. Por ejemplo también las privatizaciones, algunas de las cuales pueden ser inadmisibles para todo o casi todo el peronismo; o las transferencias discrecionales a provincias.

Claro que hay otras diferencias importantes entre la construcción todavía en ciernes de Milei y las que hubieran podido impulsar Massa y Larreta, y que no son precisamente favorables a aquel: entre ellas, su punto de partida. 

El del libertario es infinitamente más distante de la mayoría, tanto en el Congreso como entre los actores organizados y el territorio. Porque en algunos de esos terrenos parte prácticamente de cero. ¿Podrá alcanzarle su recién estrenado pragmatismo y su inesperada flexibilidad doctrinaria para lograr superar este abismo? Lo más probable es que no, que además de muñeca necesite otro tipo de ayudas.

Tiempo es dinero 

Necesitará, para empezar, todo el tiempo que pueda conseguir, y como se suele decir, “tiempo es dinero”: de allí que emprendiera estos días, un poco improvisadamente, pero con buen ojo para aprovechar el amplio triunfo electoral, su primer viaje como presidente electo, y lo destinara a conseguir algo de apoyo financiero en EEUU. No parece que vaya a volver con la bolsa llena de regalos de Navidad, pero ojalá no lo haga con las alforjas vacías.

Tiempo también puede comprar si posterga pagos comprometidos y ya demorados, algo que Massa acumuló a tontas y a locas. Lo que Milei podrá hacer si encara, mal que nos pese a todos los argentinos y a nuestros descendientes, otro de esos típicos festivales de bonos que cada tanto los nuevos gobiernos no tienen más remedio que organizar. 

Y tiempo también se gana con inflación, dado que ella licúa compromisos y posterga o difumina conflictos. Cuánto podrá echar mano Milei de la inflación habrá que ver, porque su promesa al respecto es muy exigente: se comprometió a que, después de unos pocos meses de ajuste de los precios relativos, que supondrá inevitablemente una suba de los índices, ellos empezarían a bajar en forma marcada e irreversible. Lo que veremos supondrá condiciones muy exigentes para encarar la devaluación y la salida del cepo. Y también para la elaboración de su primer presupuesto.

En este último terreno estará en juego no solo su promesa de combatir el flagelo del alza de precios, sino la de terminar con el uso político que todos los gobiernos le han dado, al menos desde Néstor Kirchner para acá. 

Recordemos que él inauguró un método para concentrar poder en la Presidencia, con el cobro del impuesto inflacionario y su administración discrecional, que consistió en subestimar alevosamente la inflación proyectada en los presupuestos nacionales.

En tiempos de Néstor Kirchner, se subestimaba también el crecimiento de la economía, y eso sumaba más recursos de uso discrecional para el presidente. Pero desde el segundo mandato de Cristina que esto último dejó de funcionar, simplemente porque la inflación pasó a funcionar demasiado bien: ella anuló cualquier posibilidad de que la economía creciera.

Así, el “método Kirchner” siguió de todos modos funcionando en tiempos de creciente penuria social y económica, gracias a que se subestimaba la tasa de inflación proyectada en al menos la mitad del índice. Lo que permitía y todavía permite a la AFIP recaudar una masa enorme de recursos, que no están sometidos a negociación con los diputados y senadores, y que el Ejecutivo puede gastar como quiera. 

Lo hace, todavía hoy, ampliando mes a mes el presupuesto, y repartiendo esa torta entre gobernadores, intendentes u otros destinos que le sean políticamente rentables. Eso, en tiempos de Alberto y de Massa, significó una fuente de ayuda invalorable en particular para Kicillof y los intendentes bonaerenses del kirchnerismo, que les permitió ser reelectos en sus cargos, pese al desastre de las políticas nacionales y de sus propias gestiones.

Y es porque esa fuerte asistencia se va a cortar que ahora Kicillof no sabe cómo podrá sobrevivir, y adelanta ya que piensa endeudarse, seguramente en dólares porque en pesos nadie le va a prestar un rábano, y a tasas siderales, lo que en cualquier otro momento hubiera sonado a una herejía viniendo de esta gente, pero puede que ahora nadie del “campo nacional y popular” le reproche. 

Javier Milei y la caja que genera la inflación

Volviendo a nuestro tema principal, ¿qué irá a hacer Milei con esa caja que genera la alta inflación en las cuentas nacionales, de la que depende en gran medida el poder presidencial en estos tiempos, tanto o más que de la emisión monetaria y la asistencia del Banco Central al Tesoro? Si quisiera ser fiel a su promesa de no mentir, la eliminaría. Simplemente presupuestando una proyección realista de suba de precios para el año que viene, es decir, la que hacen las consultoras privadas, y que en todos los casos supera largamente el 200 por ciento. Si en cambio quisiera imitar a Massa, volvería a subestimarla alevosamente, colocándola en torno al 60%, que es lo que el todavía ministro incluyó en el proyecto presentado al Congreso meses atrás. 

Lo más probable es que Milei no haga ni una cosa ni la otra: se ubique en un término medio, mintiendo pero no tanto. ¿Le va a alcanzar con eso para mostrarse más honesto, pero al mismo tiempo suficientemente pragmático para preservar uno de los principales resortes que va a tener a su alcance, y uno de los pocos que le servirán para compensar los muchos que le van a faltar?

Cuando lo sepamos vamos a saber cuánto avanza la lógica pragmática en su gobierno, cuánto está dispuesto a usar los medios del Antiguo Régimen que dice haber venido a destruir, para sobrevivir, y cuánto le pueden creer los ciudadanos a lo que dice y promete.

Publicado en www.tn.com.ar el 29 de noviembre de 2023.

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