viernes 24 de mayo de 2024
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El peculiar sincretismo ideológico de Milei

El discurso ideológico sincrético supone combinaciones heterodoxas cuyos resultados ponen en tensión los componentes que los constituyen y, no obstante esto, forman una unidad efectiva novedosa, que interpela con eficacia a sus destinatarios (seguidores, acólitos).

Aunque implica una ruptura con las ortodoxias en que se funda, la fundación en sí misma prefigura la creación de una nueva ortodoxia, cuya capacidad de interpelar depende de la agudeza de esa creación.

No encontramos elementos de sincretismo en el discurso ideológico de Milei. Los elementos que teóricamente podrían entrar en tensión no entran, se desplazan paralelamente, bien separados unos de otros.

El abanico ideológico de Milei es curioso y amplio. Simplificando, tenemos: anarco capitalismo, liberalismo libertario y nacionalismo tradicional. Cada uno de estos pares lleva un componente de extraordinario potencial sincrético (capitalismo, liberalismo, nacionalismo); sin embargo, en el mundo ideológico de Milei no contribuyen en combinaciones sincréticas.

Además, el anarco capitalismo es una construcción conceptual consistente (una sociedad anarco capitalista es socialmente absurda, pero imaginable); otro tanto sucede con el nacionalismo tradicional. No ocurre lo mismo con el liberalismo libertario (un oxímoron).

Pero Javier Milei invoca estas etiquetas ideológicas con soltura, y asimismo lo hace con los elementos con que llena los casilleros, con énfasis, sin prestar atención a incongruencias, contradicciones o tensiones. No le importan. Un modo inaudito, aunque eficaz, de lograr que los elementos básicos del discurso ideológico coexistan en paz entre sí.

Ahí están, unidos simplemente bajo el grito de “¡Viva la libertad, carajo!”. Si se busca cohesión, no será aquí; si Milei es populista, no lo es en este plano.

Un ejemplo de los rasgos de su discurso ideológico es la recién ganada centralidad de la causa Malvinas. El disparador dizque fue el disgusto de los veteranos por las menciones hechas en un homenaje a los medios y al terrorismo de Estado.

Es entendible que los ex combatientes se hayan molestado con un relato que sintieron que los dejaba como marionetas de los medios, y con la mención del terrorismo de Estado en un acto de homenaje a sus hermanos caídos. Aunque quizás sobreactuaron su reacción.

Pero el episodio nos muestra que la causa no solamente oprime nuestra historia, sino también encallejona nuestro futuro. Milei expone nuestras dificultades para conciliar el nacionalismo con los valores republicanos. Y ahí lo tenemos a su nacionalismo tradicional como una mano que desconoce la otra.

Ni lerdo ni perezoso, el Presidente nos hizo saber su intención de modificar “por decisión del gobierno nacional” la ley de educación para “penalizar el adoctrinamiento en las escuelas”. Ah, ¿sí? No hay nada en la ley de educación que requiera modificación alguna y menos aún se oyeron afirmaciones que podrían considerarse partidización o adoctrinamiento.

Alzar esas calificaciones parece básicamente una coartada para cercenar normas liberales básicas de la enseñanza. No es republicano ni liberal impedir a un docente que critique a quien sea por su supuesta conducta durante 1982.

Javier Milei ha yuxtapuesto un encendido nacionalismo de corte conservador a su liberal-libertarianismo, su nuevo talante supone un disparo al núcleo liberal que dice alentar. Prohibe – que los docentes piensen y enseñen libremente en el marco de las pautas programáticas de la institución de enseñanza – y al mismo tiempo controla – inhibe la propia actividad docente – imponiendo a la enseñanza un mecanismo de vigilancia prejuicioso.

¿Qué significa establecer por ley algo que cualquier integrante de la comunidad educativa, en su calidad de ciudadano, tiene el derecho de hacer, como “denunciar el adoctrinamiento y la actividad política que no respeta la libertad de expresión”?

¿Qué significa “poner a disposición un canal para que padres y alumnos puedan hacerlo”? ¿De qué lado quedaría la carga de la prueba, sobre qué base se sustanciaría un juzgamiento? Un docente que exponga, pongamos, que “en 1982, un gobierno dictatorial, parte de un régimen responsable de masivas violaciones de derechos humanos, tomó una decisión ilegítima y criminal: ocupó por la fuerza nuestras islas Malvinas enviando allá militares y conscriptos. Quizás los máximos jefes militares pensaran que todo quedaría ahí, que no se derramaría una gota de sangre. Murieron más de 600 soldados argentinos, más de 300 británicos y algunos kelpers”.

Hablar así ¿sería adoctrinamiento, partidismo? Este relato se aparta de la Verdad Nacional, pero es una Verdad Nacional de hecho, una ortodoxia fáctica, no una Verdad Nacional institucionalizada y encarnada en saberes sacerdotales.

¿Desde qué faceta ideológica querría Milei constituirla? Ningún docente podría ser acusado, al hablar así, de adoctrinar o de no respetar la libertad de expresión (sic). Milei y Adorni llegan tan lejos en sus aspiraciones, que constituyen al Estado como un regulador de la ofensa, frente a “actos escolares con militancia ideológica, como el acto que ofendió a familias de estudiantes y veteranos”.

La causa de Malvinas es el núcleo de oro de la argentinidad; como reza el lugar común sobre lo único que une a los argentinos. Lo hemos ido formando a lo largo de los años, y ahora nos devuelve el código del unanimismo, aunque se disfrace con mil ropajes diferentes, esta vez el de alevoso liberalismo libertario.

Publicado en Clarín el 12 de abril de 2024.

Link https://www.clarin.com/opinion/peculiar-sincretismo-ideologico-milei_0_hdRPSnA1Rx.html

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