jueves 30 de mayo de 2024
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El paro y la razón de ser del peronismo en nuestros días

Finalmente todas las facciones que componen el arco peronista oficial, el que nos gobernó hasta hace pocos días y responde todavía al nombre de Unión por la Patria, convergieron en apoyo al paro general dispuesto por la CGT contra el gobierno de Javier Milei.

Como se ha destacado ya suficientemente, esta medida se decidió con más apuro que contra cualquier otro gobierno en el pasado. Y en parte por eso varios integrantes de UxP, en principio, tuvieron dudas de acompañarla.

Fue el caso de Sergio Massa y su Frente Renovador, que la consideraron prematura. Massa tuvo incluso el gesto, semanas atrás, de reunirse con los jefes gremiales para decírselo, y hacerlo saber al gran público. Pero después retrocedió sobre sus pasos.

También varios gobernadores del espacio preferían que el sindicalismo les diera más margen para negociar con el oficialismo, sin tener el aliento en la nuca de reclamos que no son exactamente los suyos. Lo que se ha ido volviendo más y más atendible, no menos, con el paso de los días: es claro que lo que los gobernadores necesitan es, sobre todo, más impuestos coparticipados, lo que depende en gran medida de revertir los cambios en el impuesto a las Ganancias, ahora a los “Ingresos Personales”. Esto, a su vez, choca con el interés del sindicalismo de que esa reversión no tenga lugar. Hace pocos días, sin embargo, los mandatarios provinciales se reunieron también con la CGT y se alinearon con sus planteos.

Y fue asimismo el caso de varios de los más prominentes jefes gremiales, sobre todo de grandes organizaciones del sector privado, que preferían intentar una vía negociada antes del paro y, así, evitar quedar a la cabeza de la oposición política. Además, buscaban diferenciar su situación de la de los gremios estatales y asentar un mecanismo de concertación que, saben, van a necesitar con las nuevas autoridades -a menos que todo vuele por los aires-. Con esto garantizarían, como lograron en el pasado ante otros experimentos reformistas, la continuidad de una parte de sus recursos de poder.

Sucedió, sin embargo, que aunque colaborar con el paro no fue, en principio, la actitud preponderante, se fue imponiendo progresivamente como la única salida para todos ellos. Un poco por la dinámica política general, en particular la polarización en ella imperante; otro poco por los riesgos muy inmediatos que surgieron internamente en el peronismo para quienes quisieron diferenciarse.

En el clima de polarización operó, ante todo, la radicalidad y extensión de los cambios impulsados por las nuevas autoridades. Como decidieron instalar desde el vamos toda la agenda de reformas que desearían llevar adelante, dejaron poco margen para la diferenciación entre distintos sectores de UxP. Por ejemplo, los gobernadores peronistas tal vez hubieran estado más dispuestos a colaborar con Milei detrás de la zanahoria de Ganancias/Ingresos Personales, si no fuera porque, además de los cambios gremiales y laborales que tanto molestan a la CGT, la Ley Ómnibus y el decreto 70/23 incluyeron otras reformas que son intragables para unos y otros. Por lo tanto, desde el punto de vista de la oposición, el nuevo Gobierno dejó poco espacio para un tratamiento discriminado, como las privatizaciones y las desregulaciones.

Y también influyó, paradójicamente, que el centro moderado existe, desmiente que la polarización sea tan completa como plantea la oposición confrontativa, pero ese rol fue desde el principio ocupado, y con bastante eficacia, por otros actores. Dado que el resto de los gobernadores, en particular los de JxC, más sus legisladores, se ocuparon de plantear su propia agenda de negociación como “oposición conciliadora”, para sus pares peronistas, los sindicalistas concertacionistas y algunos de sus habituales partenaires políticos, como Massa, resultó muy difícil competir por ese rol. Y no les quedó otra que ir entonces detrás de los más duros de su espacio, los sindicatos públicos y el kirchnerismo.

A eso sumemos, y esto es lo fundamental, que dentro del peronismo tampoco es fácil encontrar argumentos para conciliar posiciones con el Gobierno porque se ha vuelto una fuerza radicalmente inclinada a preservar lo que existe, defenderse de las amenazas del mundo exterior en que no ve ninguna oportunidad nueva, sino sólo la posibilidad de perder lo que controla. ¿Con qué objetivos se haría entonces una discriminación entre lo aceptable y lo inconveniente de las reformas, para permitirle a Milei y su gente llevar a cabo qué parte de su agenda, si esta es por completo ajena y amenazante, de principio a fin?

Lo cierto es que, no ahora, sino desde hace bastante tiempo, ese arco peronista tiene una sola y contundente razón para actuar y mantenerse unido: conservar el actual estado de cosas, en términos de reglas fiscales y de funcionamiento del sector público principalmente, y bloquear cualquier iniciativa que esté dirigida a alterarlo. No porque confíe mucho en su fortaleza, sino precisamente, por lo contrario, sabe bastante bien que es un orden cada vez más precario, y que tiene altas probabilidades de derrumbarse como un castillo de naipes, apenas se le empiecen a sacar piezas de sus niveles inferiores. Así que se desespera por preservarlo como si en eso se le jugara la vida.

Esto es, finalmente, lo que pone a los peronistas, aun los que tienen razones para diferenciarse cada tanto, a merced de un planteo opositor a todo o nada: necesitan que el Gobierno fracase.

Publicado en www.tn.com.ar el 24 de enero de 2024.

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