viernes 21 de junio de 2024
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El nuevo gobierno ya empezó en las islas Malvinas

A principios de setiembre, Diana Mondino, que hasta ahora todo indica que será canciller del gobierno de Milei, hizo declaraciones para el diario inglés, de corte conservador, The Telegraph. Básicamente, Mondino sostuvo su aprecio por que se reconociera el derecho de los malvinenses a que sea respetado su punto de vista sobre su propio destino (Islanders should have a say…). Argentina tiene que convertirse en un país normal si quiere que las Malvinas busquen un vínculo más próximo con el continente –agregó, pensando sobre todo en nuestra desmesurada inflación.

Para abundar: “Los derechos de los isleños serán respetados, deberían ser respetados, no pueden ser desrespetados. El concepto de que uno puede imponerle a la gente lo que tiene que hacer o lo que debería ser hecho, es feudal y naive”. Podemos citar sin traducir una parte: “If people eventually want to do certain things, it will be done. Right now, we’re in the worst of worlds, because neither Great Britain nor Argentina can make a reasonable use of the resources down there”.

Una batahola que se apagó pronto

Estas declaraciones tan moderadas y sensatas despertaron una breve batahola durante los últimos tramos de la campaña electoral de la elección del 19 de noviembre que consagró a Milei presidente. Conociendo la sensibilidad de la política argentina a la causa Malvinas, ello fue muy comprensible. Pero los que intentaron emplear las declaraciones con oportunismo se quedaron frustrados: no encontraron eco y el tema se apagó pronto.

No obstante, también comprensiblemente, Mondino optó por desmentirse y echar la culpa a terceros, que la habrían querido calumniar. Acusó al jefe de gabinete del gobierno saliente de mala fe, por haber deformado lo que ella habría dicho. Y sí, un poco de deformación hubo, porque Mondino fue acusada de querer “renunciar a la soberanía”.

No veo que Mondino haya querido renunciar a nada, aunque su versión actual de las declaraciones del día 12 tampoco se sostenga. Porque no dijo lo que dice que dijo. No aclarés que oscurece: “Los isleños tienen el mismo derecho que tiene cualquier argentino, porque nosotros decimos que las Malvinas son argentinas y si las Malvinas son argentinas, cualquier habitante en suelo argentino tiene los mismos derechos. Y el diario británico (que ya entrevistó) lo puso correctamente”.

Técnicamente esa es una tontería que está por debajo de la inteligencia de Mondino y de cualquier lector. Y lo que puso correctamente The Telegraph es, como vimos, muy otra cosa. Por supuesto que podemos considerar a los malvinenses como argentinos, pero ellos no están ni ahí con eso. Y no es un asunto que importe en esta discusión.

Los isleños son de palo

Aquí no termina lo interesante. En tren de dar explicaciones, Mondino agregó el pasado 26: “Jamás dije algo que no estuviera en la Constitución”. Y bueno, como estar, no está. Que los isleños “tengan algo que decir” no es equívoco. La línea diplomática argentina es desde siempre que las partes de la negociación son dos: el Reino Unido y la Argentina.

Los isleños son de palo. Se consideran sus intereses, no sus deseos. En esencia, la Cláusula Transitoria sigue implícitamente esta línea. No obstante, ¿es inconstitucional hacer explícita la voluntad política argentina de considerar que los isleños tengan una opinión sobre sus intereses, que expresen sus deseos? El rigor, no es así. La Cláusula, nos manda (sí, nos manda) bregar por la recuperación de las islas… “respetando el modo de vida de sus habitantes”.

No hay una interdicción. Podría haber una objeción sobre una base lógico-política de por sí controvertible: si los isleños tienen algo que decir, la soberanía irá al congelador, pueden pensar muchos, pero muchos pueden pensar que al contrario, que si la Argentina tiene una tesitura abierta, flexible, los malvinenses podrían cambiar de parecer con el tiempo.

No me interesa discutir esto ahora. El punto es que Mondino dijo algo que no está en la Constitución, pero que no es anticonstitucional. Quiero enfatizar en la determinación política que tuvo al hacer esas declaraciones que, lamentablemente, ahora está desconociendo. Fue más lejos que el canciller más meritorio que a mi juicio tuvo hasta ahora la democracia desde 1983, Guido Di Tella. Los isleños tienen algo que decir sobre su propio destino, porque sus derechos serán respetados.

Mejorar la relación con Gran Bretaña

Pero esto no es lo único interesante y valioso que sostuvo Mondino en el tema. A pesar de que se desmarcó de sus declaraciones del día 12, el 26 es posible leer argumentos innovadores. Interrogada sobre el tipo de relación que se buscará tener con el Reino Unido en la materia, responde:

“Por supuesto que no va a ser una política dura, porque está demostrado que no sirvió para nada ni para nadie en ninguna de las circunstancias. Este es un tema que tiene múltiples formas alternativas de solución y el bloquear y exigir como ha hecho hasta ahora el Gobierno, está claro que no ha tenido ningún resultado. Nosotros vamos a tener una política de acercamiento y en donde podamos trabajar en conjunto para recuperar la soberanía de las islas. Nosotros queremos avanzar en todos los temas. No puede ser que por un tema no puedas hablar de ningún otro.”

Se le ponga la etiqueta que se le quiera poner, este curso de acción tendría continuidad con el desenvuelto hasta 2019, que tuvo, por su vez, continuidad con el mantenido en los 90 (más allá de diferencias de tono y estilo). Y consistiría, en esencia, en mejorar la relación, profundizando y diversificando los temas posibles, apartando de la agenda inmediata la cuestión de soberanía (preservada por las salvaguardias de rigor).

Según lo interpreto, me parece un camino sumamente auspicioso. Pero hace falta mucha maestría para recorrerlo. Habrá mucha resistencia interna, no sólo por parte de fuerzas políticas opositoras. Esto es obvio. A pesar de lo cual, el principal objetivo debe ser ganar un capital de confianza mutua (partiendo, en lo que se refiere a los malvinenses, menos que de un piso, de un subsuelo – ellos nos detestan, muy justificadamente-).

Estimo que esa confianza será al principio sólo personal, para ir progresivamente transformándose en institucional. Hay que considerar el terreno por donde se avanzará como un campo minado. Como dicen los calificados brasileños: todo cuidado é pouco.

Es fundamental controlar la ansiedad (en este punto Guido Di Tella resbaló un poquito, quizás apurado por el riojano), y no hacerse ni suscitar ilusiones. No olvidar nunca que el éxito de esta política en el largo plazo depende de que sea sostenida, aunque los frutos inmediatos no nos conformen. Y, sobre todo, enterrar esa jactancia de creernos que somos Gardel y, como Gardel, conquistamos lo que queremos con un guiño de ojo. Hay mucha introspección indispensable por parte de los argentinos, y si no la hacemos, la indulgencia con nosotros mismos se nos notará en la cara.

Publicado en www.tn.com.ar el 3 de diciembre de 2023.

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