sábado 15 de junio de 2024
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El momento crítico

En el medio de la cuarentena por la pandemia del Covid-19, enfermedades como el dengue, el sarampión y el chagas se expanden sigilosas. Datos y análisis del “perfil epidemiológico” de la Argentina.

Según los últimos informes, el dengue llegó a un pico histórico al superar los 14 mil casos confirmados (y habiendo 26 mil pacientes sospechosos que en muchos casos no se confirman por falta de insumos). La enfermedad de chagas cuenta con casi dos millones de casos y 500 muertes anuales. Al mismo tiempo, desde agosto de 2019, se registra el brote de sarampión más extenso desde la eliminación de la circulación endémica, con más de 150 casos confirmados.

Esto, sumado al inquietante contexto de la pandemia del coronavirus nos llena de dudas, incertidumbre, preguntas y preocupaciones. Una de las preguntas clave que puede hacerse es si el sistema sanitario argentino está preparado para enfrentar todos estos problemas de salud al mismo tiempo.  Soledad Santini, directora del Centro Nacional de Diagnóstico e Investigación en Endemoepidemias de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud “Dr. Carlos Malbrán” dice que la salud como derecho es una “decisión política”. “Hacer o no hacer una planificación estratégica para combatir enfermedades como el dengue o el chagas es una decisión política. Con el coronavirus se dispuso una cuarentena y se cerraron las fronteras. Entonces, si hay decisión política las cosas se pueden hacer. Pero no se ve la misma decisión política para armar una planificación rigurosa con el chagas o el dengue”, opina Santini en una entrevista realizada para un informe de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

Según el informe epidemiológico, de los 24 distritos (23 provincias más la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), 16 tienen transmisión activa de dengue. Si bien, los casos aumentaron durante las primeras semanas de la cuarentena es probable que el descenso de las temperaturas baje la incidencia de la propagación del mosquito Aedes aegypti, vector del virus. Ahora bien, paradójicamente estamos evidenciando un otoño bastante cálido (las temperaturas del 21 de marzo al 21 de abril rondaron los 20 grados en muchas provincias), lo cual es bueno para disminuir la propagación del coronavirus, pero es malo ya que incide en la vida y reproducción del mosquito del dengue o las chinches que transmiten el mal de chagas.

Alejandra Rubio, investigadora del grupo Ecología de Enfermedades Transmitidas por Vectores del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental de la UNSAM insiste en la necesidad de eliminar los recipientes que acumulen agua y desmalezar los patios y jardines de las casas. “El Estado tienen que bajar directrices claras y actuar en consecuencia a la par de lo que la gente tiene que hacer. La gente tiene que descacharrizar para no criar el mosquito y prevenirse de las picaduras. Pero lo más importante es que haya una infraestructura de saneamiento y salud que sustente esas acciones”, advierte. Sobre este tema, es importante mencionar que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ha realizado campañas de prevención y concientización, pero quizás no están dando tanto resultado. Aún así, merece celebrarse que se implementen dichas campañas, ya que en muchos municipios de la Provincia de Buenos Aires no se están implementando.

En la Ciudad de Buenos Aires, puntualmente, los datos muestran que los casos de dengue se concentran en la zona sur, donde se observa un mayor porcentaje de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), mientras que el coronavirus se manifiesta mayormente en la zona norte (los barrios de Palermo, Recoleta, Belgrano y Núñez, son los más afectados junto a otros como San Cristóbal y Caballito). “Mucha gente de los barrios del sur de la ciudad tiene que juntar agua para consumir y para lavar y tienen muchos problemas estructurales. Esto demuestra una falta de políticas concretas sobre estos conceptos sanitarios”, argumenta Santini.

 Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud señala que el chagas es una enfermedad frecuente en poblaciones pobres de América Latina y actualmente afecta aproximadamente a 7 millones de personas. “El chagas existe en el continente desde antes que existieran los Estados-nación. Hay una coevolución entre el parásito (Trypanozoma cruzi) y el vector (vinchuca) que hizo que estuvieran presentes siempre en el continente. Tiene una relación muy estrecha con la pobreza extrema”, explica Santini.

Con respecto al sarampión, es importante mencionar que la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en su último informe epidemiológico de fines de febrero, registró un total de 20.554 casos de sarampión en el continente durante 2019. La Argentina transita el brote de sarampión más extenso desde la eliminación de la circulación endémica con el registro de 151 casos confirmados, según el Último Boletín Epidemiológico de la Nación.

La OPS —cuyo registro no abarcó el mes de marzo por lo que contó 145 casos en el país— informa que de los casos confirmados, 92 (63%) no estaban vacunados, 14 (10%) estaban vacunados con una dosis y 11 (8%) con dos dosis. En los otros casos 28 (19%) no se obtuvo información sobre antecedentes de vacunación.

Santini, la mencionada experta del Malbrán, explicó también en el citado informe de la UNSAM cómo se compone el perfil epidemiológico de la Argentina: “Tenemos una alta tasa de enfermedades infecciosas que es propia de los países en desarrollo. A su vez, hay mucha incidencia de enfermedades no transmisibles, como el estrés y los accidentes cerebrovasculares, que son propias de países desarrollados”.

Alejandra Rubio confía en que la situación actual de confinamiento por Covid-19, ayude a concientizar a toda la población: “Yo creo que esta situación de emergencia con el coronavirus nos va a dejar una gran enseñanza, porque pone a la salud en el centro de atención y en la agenda de todos los estamentos gubernamentales y de la opinión pública. El Estado somos todos y recién ahora nos estamos dando cuenta”.

En suma, podría pensarse que hubo una decisión política por parte del Gobierno Nacional y ciertos gobiernos provinciales para combatir el coronavirus (con dudosos resultados dada la baja tasa de testeos que se venía realizando), pero no la hubo para combatir el dengue o el mal de chagas. La cantidad de testeos que viene realizando la Argentina es en promedio muy baja comparada con países vecinos como Uruguay y Chile.

En ese contexto, las presiones de la oposición (sobre todo de referentes de Juntos por el Cambio) parecen estar dando resultado dado que se prevé que el gobierno cambie la estrategia para realizar testeos masivos en estaciones de trenes y otros puntos de la Ciudad de Buenos Aires. Así, mientras el Gobierno Nacional se concentra en combatir el avance de la pandemia, las otras epidemias (dengue, chagas y sarampión) avanzan sigilosas.

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