martes 21 de mayo de 2024
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El miedo de Milei a la libertad

Javier Milei decidió no presentar su título Capitalismo, socialismo y la trampa neoclásica en la Feria del Libro. Desde el inicio tensionó con los organizadores al querer brindar su exposición en un espacio de La Rural no habilitado para el evento, y finalmente se bajó para mudar su actividad al Luna Park.

“Nos hace sospechar que hay un tema de sabotear la presentación y hacerlo al estilo kirchnerista, de modo violento”, contó Milei a la radio El Observador. “Nos han amenazado con que nos van a hacer cosas, un tipo de comportamiento impropio de la cultura, y no podemos exponernos a un bloqueo”.

Al Presidente lo escuchaban, atónitos, Luis Majul y Esteban Trebucq, dos de los pocos periodistas que hoy tienen acceso a Milei, quien en discursos y por sus redes sociales ha amenazado e insultado a la prensa libre e independiente, a veces con nombres y apellidos, como María O’Donell, cuando no directamente a medios como Clarín —vaya semejanza esta con Cristina Kirchner— o si no, otro método recurrente ha sido el denominado ejército de trolls, que elijen a una persona, medio o publicación en particular para defenestrarla. Los episodios contra la libertad de expresión son un tema aparte al de la Feria del Libro, la educación pública o la cultura en general, sin que deje de ser llamativo y reiterativo cómo desde Casa Rosada mantienen simultáneamente abiertos varios frentes con los que hacen tensión.

La Feria del Libro de Buenos Aires, que en 2024 celebra su 48° edición, se mantiene como uno de los principales eventos culturales, editoriales y literarios del mundo, no solo de la región. Vienen cada año escritores, periodistas, intelectuales, docentes, expresidentes, premios Nobel y artistas de diferentes países e idiomas. Confluyen grandes editoriales con presencia internacional y nacional con otras más pequeñas, locales, independientes. En los diferentes pabellones y stands convive también lo público con lo privado, con el escenario de la provincia de Santa Fe, el Congreso de la Nación o de alguna facultad de la Universidad de Buenos Aires, con propuestas dirigidas a otros públicos y finalidades, como Fondo de Cultura Económica, Planeta o Alfaguara, mientras que al otro extremo del salón puede haber un autor cubano que denuncie a la dictadura de Fidel Castro y Miguel Díaz-Canel, a apenas pocos metros de quienes venden libros de Marx. En cuanto a lo literario prevalecen títulos canónicos, de latinoamericanos como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa, y europeos como Kafka y Orwell, sin que por ello deje de tener cabida algún stand feminista, o con títulos LGBTQ+, o propuestas contemporáneas, listas a ser descubiertas para, desde los márgenes, refrescar la discusión y ofrecer otros enfoques con respecto a lo consagrado. La literatura, a su vez, es solo una de las tantas ciencias sociales disponibles, pues hay libros de filosofía, sociología, historia, derecho. A esto súmenle títulos infantiles, los de autoayuda, o los que engrosan la siempre difusa lista de los best sellers.

¿Por qué traigo a colación todo lo mencionado en el párrafo anterior? Por dos razones: la primera, el haber recorrido, como en años anteriores, la Feria del Libro, y la segunda y más importante, porque me parece que en un espacio tan diverso, amplio, al que asisten miles de lectores de todas las edades, clases sociales, especialidades e ideologías, es imposible —cuando no directamente un sinsentido— acusarlo de kirchnerista. Es aplicar de nuevo la disparatada lectura que le dio el Presidente a las multitudinarias marchas que encabezó el mundo universitario en defensa de la educación pública, a las que se unieron toda clase de argentinos.

Si Milei pidió 5.000 entradas para copar de militantes libertarios lo que hubiera sido su presentación en la Feria del Libro, tal como acusó Alejandro Vaccaro, presidente de la Fundación El Libro, en caso de haber prosperado esa iniciativa, la suya hubiera sido una puesta en escena manipulada, falsa, poco creíble precisamente por atentar contra la diversidad del evento. En Luna Park probablemente tenga más gente en las tribunas, pero seguramente irán a aplaudirle y reírle sus chistes únicamente unos fanáticos que por estas horas no le representarían a su líder ningún desafío intelectual, como sí hubiera sido el caso en el predio de La Rural.

De nada sirve vociferar sobre la libertad ni gritar carajo si cuando se tiene enfrente a un auditorio diverso —y por eso mismo libre— los libertarios van a recular para acusar al que piensa distinto de kirchnerista, zurdo de mierda, hijo de puta o demás frases tristemente usuales en el glosario de La Libertad Avanza.

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