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Opinión 21 05 2020

El Leviatán sanitario y el posible cementerio de PyMES


Autor: Julián Álvarez Sansone









A lo largo de la historia, la humanidad ha sufrido el flagelo de varias pandemias. Inicialmente, podríamos situar un amargo ejemplo con la reconocida Peste Negra del siglo XIV. También podría destacarse aquellas enfermedades que vinieron de Europa y que arrasaron con gran parte de la población autóctona americana durante la época de la conquista. Más recientemente, más cerca de estos tiempos, nos topamos con la gripe española (1918-1919) o la gripe porcina H1N1 (2009).

De todas maneras, existe una realidad inobjetable, con el advenimiento del COVID-19 se han visto modificadas directa o indirectamente, todos los aspectos de la vida social. El terror al contagio transformó nuestros hábitos, rutinas, relaciones interpersonales y expectativas a futuro. Además, surgió un fenómeno político sin precedente, la consumación de una cuarentena global y la implementación de un Estado de excepción transitorio, una suerte de Levitan sanitario que acumula poder y restringe la vida social de todos los ciudadanos de la Nación por tiempo (casi) indeterminado. Por consiguiente, las medidas efectuadas por los diversos gobiernos llevaron a que alrededor de un tercio de la población mundial sea obligada a realizar un confinamiento obligatorio, sea sometida al aislamiento social, al cierre de fronteras, al endurecimiento de los controles internos y también a la expansión (y legitimación) de ideas asociadas a la ciber seguridad y al patrullaje informático.

Ahora bien, frente a dicho escenario Argentina se halla en unos de sus momentos más delicados. Transitando una aguda crisis económica y tratando de negociar con acreedores en una nueva crisis de deuda (que sería la novena vez en la historia argentina), las cuentas públicas del no encuentran el espacio suficiente que le permita respirar frente a semejante carga de servicios prestados a una sociedad fuertemente empobrecida. En definitiva, el Estado Argentino parece ser un fiel ejemplo de aquel refrán que asegura que “el que mucho abarca, poco aprieta”.
La reclusión forzosa de la población está, no solo dejando de manifiesto, sino también profundizando las inconsistencias de un modelo que para muchos economistas y analistas políticos es viejo, rígido, obsoleto, y agotado, cuyos resultados se traducen en el persistente aumento de la precariedad laboral, vulnerabilidad social y decadencia económica. No es ninguna novedad afirmar que algunos de los modelos de desarrollo productivo considerados exitosos (Estados Unidos, Alemania, Japón, Singapur, etcétera) se han basado en la correcta aplicación de políticas tendientes a fortalecer y promover el desarrollo y el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas (además de buscar nuevos mercados para sus empresas más grandes).
De modo similar, pero en un grado diametralmente menor, si descomponemos la estructura productiva argentina llegaremos a la conclusión de que las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMES) componen la base y el motor de la economía. Los pilares del sector industrial lo constituyen aquellas Pymes surgidas, principalmente, durante la corriente migratoria del siglo XIX. Actualmente Argentina cuenta con una dotación de, aproximadamente, unas 600.000 PyMES, estas aportan casi el 70% de los empleos, el 50% de las ventas, el 30% del valor agregado y representan el 44% del PBI nacional.

Sin embargo, las reiteradas extensiones de la cuarentena ordenadas desde el gobierno nacional afectarán, sin lugar a dudas, la recomposición e impacto del sector en el entramado económico local. Es un hecho que las PyMES transitan hace largos años en un contexto sumamente adverso. La asfixiante legislación impositiva, las altas tasas de inflación, el elevado tipo de interés bancario, la volatilidad en el tipo de cambio y la inflexibilidad del mercado laboral socavan a diario las posibilidades y expectativas reales de gestar el crecimiento productivo y dañan este eslabón esencial de nuestra economía que son las PYMES, arriesgándose a que en el transcurso de los próximos meses, metafóricamente, los cementerios se llenen de pequeñas y medianas empresas.

No obstante, la aparición del COVID-19 no hace más que sumarle mayores dificultades a un entorno previamente complicado. En cierto punto, el coronavirus irrumpió en un país que ya se encontraba en terapia intensiva. Mientras tanto, el presidente Fernández decide aferrarse a la cuarentena obligatoria, ya que entiende que es su única herramienta efectiva a la hora de luchar contra la propagación de la pandemia. Pero, en esta epopeya parece olvidarse que dicha herramienta está poniendo en juego la base material de la nación. Dicho de otro modo, la economía ya estaba mal y no había mucho por defender. Así, es fácilmente comprensible la estrategia de Alberto Fernández y su reiterado discurso de proteger la salud en lugar de la economía. Aunque esto, claramente, tendrá consecuencias.

Aún así, es importante mencionar que, según expertos y especialistas, el Leviatán Alberto está logrando su principal objetivo: achatar la curva de contagios del virus. Ahora bien, este hecho de liderar la Nación en un momento de pandemia y crisis mundial le brindó la posibilidad de concentrar el poder de una forma pocas veces vista en un presidente democrático. Por un lado, nos topamos con el poder real que deviene a partir del alto grado de apoyo y aprobación popular en las acciones de gobierno (según encuestas, tuvo una aprobación superior al 80% durante varias semanas). Por otra lado, también concentra poder político ya que gobernadores, sectores empresariales y sindicalistas debieron adherir casi plenamente a las medidas implementadas. Sumado a eso, se evidencia una acumulación de capital político y simbólico al posicionarse en defensa de la vida y de la salud de los ciudadanos.

Aún así, aunque el presidente Fernández evidentemente priorice la salud por sobre la economía, lo cierto es que parar la actividad productiva en un país donde una parte importante de las familias obtienen sus salarios del trabajo informal puede traer aparejado algunos costos sociales más caros que los proporcionados por el propio coronavirus. Es un hecho para miles de familias que la posibilidad de generar ingresos se está viendo limitado, golpeando duramente la estabilidad de aquellos trabajadores cuentapropistas e informales. En cierto punto, la ola de contagios (que ya lleva más de mil quinientos casos) en los barrios populares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se explican así: algunos ciudadanos necesitaban ir a trabajar sí o sí, y se expusieron a la posibilidad de contagiarse el virus.

En suma, este presidente que gobierna y acumula poder como un Leviatán que se enfoca primordialmente en temas sanitarios ha tomado medidas acertadas, pero al mismo tiempo peligrosas. La idea de entrar prematuramente en la cuarentena fue una idea brillante y certera, pero enamorarse de la cuarentena es imprudente y riesgoso. Una consecuencia clara de eso, que podría tornarse evidente, es el posible cementerio de PYMES.