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29 09 2020

El Leviatán


Autor: Eduardo A. Moro









Luego de graves sucesos ocurridos en la vida de Inglaterra Thomas Hobbes (1588-1678) escribe Leviatán,  nombre de una criatura monstruosa con trazas bíblicas y formas marinas tentaculares,  dotada de una vida cuyo origen brota de la razón humana, pero que -bajo la presión de las circunstancias y necesidades- cae por obra de las pasiones en la guerra civil y en la desintegración, hasta llegar a extinguirse. Su energía expansiva- a toda costa- encuentra su límite en el temor mortis.  

Con esa palabra alude al estado inglés envuelto en los efectos de las guerras, las tinieblas y  las supersticiones religiosas de la época.  Hobbes postula, en cambio, la necesidad de un estado con racionalidad laica. Establece como prioridad la cuestión de la rectitud humana y el orden social desde su célula básica: la voluntad y conducta individual. Intenta  una explicación científica a la construcción  del estado. Nacido para organizar pacíficamente la convivencia,  en la realidad  funciona como  un aparato donde prevalece el espíritu  egoísta, ambicioso, vanidoso y soberbio de  la condición humana. El estado resulta así un aparato al que siempre  debemos vigilar y del cual debemos cuidarnos, por su peligrosidad innata. 

La gran paradoja es que el monstruo ha sido creado por seres humanos,  está integrado por  ellos,  y a la vez los atrapa con voracidad tentacular a todos. Se ha dicho que su diagnóstico pronosticó el utilitarismo en moral y el despotismo en política. El utilitarismo  es una de las corrientes  influyentes de la filosofía política, y fue resumido por Jeremías Bentham (1748-1832). Alude a la utilidad moral como  principio orientador ubicado por encima de cualquier otro. Lo resume así: aumentar todo lo bueno y correcto que lleva al placer y disminuye el dolor para el mayor número de seres humanos. Se corresponde con la máxima: “Trata al prójimo como a ti mismo” y podría suponerse –con tolerancia- que comprende la noción de sociedad del bienestar que debe procurar la paz.  

Algunos gobernantes confunden utilitarismo con patrimonialismo que es exactamente lo contrario. Esto ocurre cuando el gobernante no distingue entre patrimonio personal y público y trata los asuntos y recursos del estado como su asunto personal. Naturalmente, su consecuencia es que violentan y subalternizan la imparcialidad de los poderes del estado. Abusan de aquéllos para proteger su vanidosa impunidad, amnistiándose a sí mismos mediante la exigencia de inocencias brutales, atropellando al último bastión judicial o al menos su  apariencia simbólica. 

Ahora y aquí, estamos en un merengue bárbaro. Con pandemia, economía quebrada, federalismo feudalizado. Congreso amañado, relaciones internacionales mostrencas y acometimientos vulgares, haciéndole  la corte a la Corte sin saber -  sabiendo qué esperar de sus intemporales iluminaciones pretorianas.  

La procesada maneja a su gusto y paladar no sólo el cese de los tres jueces de sus más graves causas, sino la designación de sus tres reemplazantes. Tres tristes tigres x dos, más difícil de entender con buena fe judicial  que de pronunciar el trabalenguas. Semejante golpe de furca, desnuda la descarada conexión de los seis casos. Trump no le llega ni a los tobillos a nuestro Leviatán casero, que orbita silenciosa pero ferozmente a los tres poderes del estado, anunciando un próximo embate contra la Constitución   

Nos parecemos a un pueblo que marcha hacia ninguna parte, perdido en sus tribulaciones. Algo similar a la dolorosa narración que cuenta Sábato sobre el Romance de la muerte del general Lavalle en el aciago y desdichado camino de la retirada final. La diferencia está –obviamente- en que el envejecido y cansado jinete, cargado de culpas y derrotas,  trata hasta el último instante de mantener cierta dignidad.  

Se precisan intenciones, palabras y acciones ejemplares de complementación entre las partes nacionales, como las que representó Esteban Echeverría y la generación de 1837. Todos ellos desvelados por encontrar los puntos de convergencia, el terreno común, la integración de la célula social para llegar a un sensato acuerdo de identidad de miras. Con  alcance nacional, y sostenido desde diferencias que se respeten.  Vale la pena preguntarse entonces: ¿ será posible sembrar algo útil para al futuro o vamos viendo que nos depara el próximo apriete  tentacular de nuestro Leviatán enceguecido? 

Preguntado por cómo imaginaba la postpandemia, cuando recién comenzaba, el escritor Michel  Houellebecq, con su proverbial y lúcido hastío, vaticinó: será todo igual, pero peor! Match Point.