martes 27 de febrero de 2024
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El dilema de Milei: reconocerse parte de la casta o construir una a su medida

De los gritos pasó a intentar hablar mesuradamente. Las propuestas inmediatas resultaron ser de segunda o tercera generación. Los peronistas, kirchneristas y massitas, si quieren, ahora son bienvenidos a La Libertad Avanza, que trata de que esos movimientos pasen desapercibidos.

A Javier Milei ahora le da igual tener a la casta adentro. No le importa si quienes se suman a sus equipos provienen del peronismo, de las filas de su contendiente Sergio Massa o de algún otro sector vinculado con el poder. Lo blanqueó por sí mismo en el segundo debate presidencial y lo reforzó a la mañana siguiente, para despejar posibles dudas.

“Lo voy a poner en estos términos. A mí me viven condenando porque hace siete u ocho años en televisión gritaba, en un contexto donde yo era agredido”, dijo Milei en una entrevista concedida a Radio Mitre a primera hora del lunes. “La realidad es que hay gente que puede pasar de un lado al otro, o sea, eso sucede, y la verdad es que nosotros tenemos que hacer una construcción y todos los que se quieran alinear para seguir con la ciudad y la libertad, vamos para adelante”, invitó.

Una de las primeras alarmas le saltó cuando comenzó a hacerse pública la colaboración directa de parte de Luis Barrionuevo, sindicalista del gremio de gastronómicos y ligado al Partido Justicialista desde hace décadas.

A finales de septiembre, un sábado a la noche, se hizo inocultable el vínculo cuando la plana mayor de La Libertad Avanza, con Milei a la cabeza, participaron de una cena con gente afín a Barrionuevo, quien no asistió, quizá para dilatar lo que era un secreto a voces: la casta participaba abiertamente de ese movimiento que se autopercibía por fuera de ella.

Preguntado por Patricia Bullrich sobre cómo esto podía tener alguna explicación, el libertario no solo dejó de lado el discurso con el cual pasó de las redes sociales y los sets de televisión a convertirse en diputado nacional, sino que quiso ponerse al mismo nivel de sus rivales, tanto de Juntos por el Cambio como de Unión por la Patria y el resto de partidos y coaliciones.

—Tenés todos los chorros de Massa en las listas. Lo tenés a Luis Barrionuevo que te banca la campaña ¿Con qué dinero? ¿Crees que vas a cambiar algo con tantos chorros dentro de tu lista? —le preguntó Bullrich.

—Vos también tenés gente dentro de tus listas que vienen de otros lados —contestó Milei, mientras intentaba, sin mucho éxito, zafar del aprieto—: Parece que tenés un problema de inflexibilidad. Mientras vos podés lavar tu pasado como montonera asesina nosotros, que solo gritamos, ¿no podemos cambiar? ¿No podemos tomar otra gente?

Se trató de uno de los cruces más calientes en el debate. El libertario, más allá de su señalamiento, no pudo negar más quiénes forman parte de sus listas y ayudantes.

La memoria de Milei, además, actúa selectivamente. Antes de las PASO, cuando intentaba quebrar a Juntos por el Cambio y al PRO, invitaba a la propia Bullrich y a Mauricio Macri a que se salieran de la coalición que gobernó la Argentina entre 2015 y 2019, para que se inscribieran en La Libertad Avanza y participaran de una interna. Entre elogios, incluso apostó a que si perdía los acompañaría en una eventual gestión libertaria. ¿No sabía Milei, en ese entonces, del pasado montonero de Bullrich? ¿O estaba al tanto, pero lo dejaba pasar por alto?

Son solo algunas de las idas y vueltas del libertarismo, que pasó de cantar la casta tiene miedo a “invitar a todos los que se quieran alinear”. O de apostar por cerrar el Banco Central el primer día a postergarlo un poco. Lo mismo que con los váuchers educativos, la dolarización, la libre portación de armas, la venta de niños y órganos, la negación del cambio climático o el aval a contaminar ríos indiscriminadamente. Cada uno de esos pilares pasó a ser descrito como una reforma de segunda o tercera generación, o en tal caso, una “malinterpretación” de los políticos o del público en general. Lo que antes Milei gritaba desenfrenado, a última hora, pasó a tratar de decirlo sin trastabillar. E intenta que todo eso pase desapercibido en la recta final para las elecciones generales.

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