viernes 19 de julio de 2024
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El debate dejó ver virtudes y sobre todo defectos de los candidatos

El mecanismo del debate fue mucho mejor que el utilizado en la edición anterior, en 2019, cuando de tan rígido, dio escasas oportunidades para la interacción entre los candidatos. Así que esta vez tuvimos chances de verlos en acción, acusando y defendiéndose, retrucando, por momentos al menos, argumentando.

Por eso el derecho a réplica y las preguntas cruzadas fueron lo mejor de la noche. ¿Y quién lo aprovechó mejor? Hubo un poco de todo, porque todos tuvieron sus momentos, pero también sus puntos flojos, y sus pifies. 

Massa y Milei, como se sabía que harían, trataron de polarizar la discusión entre ellos, se necesitan el uno al otro como dos costados de la misma moneda: Massa para incentivar el voto miedo, Milei para asegurarse que no llegue al balotaje alguien que podría ganarle. Y en alguna medida lo lograron, porque los demás también se enfocaron en acusarlos y discutirles sus planteos. Pero no pudieron evitar que sus respectivos defectos e inconsistencias quedaran a la luz.

El argumento central de Massa, “yo no soy este gobierno que termina, con el que no tuve nada que ver, sino el que está corrigiendo ahora sus errores, más los errores de Macri”, era desde el vamos demasiado forzado para que pudiera pasar sin objeciones. Su intento de acompañarlo de propuestas monetarias, fiscales y penales supuestamente “novedosas” chocó contra una réplica oportuna de Bullrich, y quedó en eso. Tuvo la suerte de que los demás se dedicaron menos a pegarle al gobierno que a Milei, así que puede decirse que la sacó barata: la noche podría haber terminado mucho peor para él. 

Su gran problema, que con el estilo de exposición que adoptó quedó más a la luz, es la frialdad y escasa sinceridad que transmite: buena parte de sus intervenciones consistieron en recitados memorizados con esmero, pero impostados, llenos de frases hechas, algunas directamente desubicadas, como su referencia a la “sangre derramada en Malvinas” que según él Milei pretendería traicionar. Simular convicciones es difícil.

El libertario tenía el problema inverso de Massa, corría el riesgo de ser demasiado auténtico, y le escapó cuidándose con esmero de dar rienda suelta a su espontaneidad, ateniéndose a los papeles que llevaba preparados, y puede decirse que en términos generales salió airoso en esa tarea. También logró evitar meterse en discusiones sobre sus propuestas más polémicas, como la dolarización y la eliminación del Banco Central: ignoró los cuestionamientos al respecto y se concentró en promover las ideas generales de su sector. El rostro del verdadero Milei solo se dejó ver cuando empezó a abusar de la sonrisita cínica ante las réplicas y preguntas de los demás. Y su pifie más ostensible puede que haya sido haberse metido de cabeza y mal en la discusión sobre la represión ilegal, algo que le ha servido a su candidata a vice, pero que en su caso lo involucró con un pasado turbio que no le aporta nada. Grave error. 

Como decíamos, Bullrich tenía el desafío de evitar que los otros dos candidatos con chances la relegaran, discutieran solo entre ellos, monopolizando la escena. Y en alguna medida logró lidiar con ese desafío, porque se metió de cabeza desde el vamos y golpeó antes que nadie: mientras que las presentaciones iniciales de Massa y Milei fueron más bien anodinas, la de Bullrich consistió en sendos sablazos dirigidos a ellos, para ocupar el centro del ring. En lo que siguió, cada vez que tuvo que reaccionar a acusaciones, o plantear réplicas a argumentos contrarios, lo hizo en el mismo tono de pelea que le conocemos. Su momento más complicado fue, en cambio, cuando debió exponer sobre economía, algo que era previsible, pero por eso mismo resulta más difícil de entender que no haya podido prever.

Tal vez a Bullrich, involuntariamente, la terminen ayudando más de lo previsto los otros dos candidatos participantes. Bregman porque hizo muy bien el papel de objetora desde la izquierda del giro a la derecha de todo el resto del espectro, y del país en general, y se plantó en particular frente a Milei y Massa para denunciar sus inconsistencias. Cada voto que pueda robarle por izquierda al candidato oficial este lo va a extrañar y mucho, porque puede ser decisivo para que entre o no al balotaje. 

En cuanto a Schiaretti, sucedió un poco lo contrario. Un poco por la edad, otro poco por el abuso de las referencias a Córdoba, y sobre todo por el tono melifluo elegido para argumentar, que por momentos hizo acordar al Lavagna de 2019, el gobernador mediterráneo se movió todo el tiempo como en un plano distinto de discusión, como si prefiriera no meterse en la pelea de la que participaban los otros cuatro. El tipo de estrategia que en su momento utilizó Rodríguez Sáa para promover el “modelo puntano”, y que ya sabemos tiene corta vida. Y menos la va a tener en un contexto tan duro e incierto como el que caracteriza esta elección.

En síntesis, no fue un mal debate. Si alguien de la audiencia quiso dedicar la noche del domingo a conocer más a los aspirantes a presidente entre los que se juega el futuro de nuestro país, pudo hacerlo, porque pese a que todos se esmeraron en ocultar sus defectos, algo de ellos se filtró en sus expresiones, y porque al menos algunos de sus argumentos y propuestas fueron sometidos a discusión.

Publicado en www.tn.com.ar el 2 de octubre de 2023.

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