miércoles 28 de febrero de 2024
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El affaire Guzmán-Basualdo y el riesgo de una “segunda ola” de subsidios

La polémica interna del Gobierno en relación con la política tarifaria, de precios y subsidios, comenzó desde el inicio mismo de esta administración, pero en los últimos tiempos comenzó a tomar estado público. Primero en el marco de las audiencias publicas, luego a través de declaraciones de los funcionarios involucrados y finalmente con pedidos de renuncia que acaparan las tapas de los diarios.

El affaire Guzmán /Basualdo pone de manifiesto que el tema subsidios económicos – en particular los energéticos – y el problema de aumentar tarifas en contextos de alta inflación no encuentra un camino de solución.

La conjunción de congelamiento de tarifas por 24 meses, con costos energéticos que marchan al ritmo de la inflación, aceleró el crecimiento de los subsidios energéticos, que en acumulado anual de abril alcanzaron los USD 6700 millones y crecen al 50% interanual. Este nivel de subsidios anualizado se asemeja bastante a las premisas del presupuesto 2021, y por lo tanto la preocupación del ministro se explica por la dinámica que podrían verificar en los próximos meses.

Para entender esta dinámica, la historia reciente nos puede ayudar. Hace exactamente una década, abril 2011, los subsidios acumulaban un volumen similar al actual, USD 6600 millones.

En un contexto de congelamiento tarifario de largo plazo y demandas políticas de un año electoral, se transformaron en USD 10.000 millones para diciembre del mismo año. Dicho en clave Covid, fue el inicio de la primera ola de subsidios que hizo pico en julio 2015 con USD 17.000 millones y abarcó la totalidad de la segunda presidencia de Cristina Kirchner.

El dispendio de subsidios descontrolados tuvo un costo superior a los USD 100.000 millones que se financió devorando el superávit fiscal y el superávit comercial que hundieron la macroeconomía en una estanflación hasta el momento indomable.

Luego, la corrección fiscal era inevitable y la administración Macri redujo los subsidios energéticos en un 72%, finalizando en diciembre 2019 con USD 4700 millones.

¿Puede repetirse esta historia? En la actualidad la cuenta de subsidios enfrenta presiones al alza por el aumento de importaciones, tanto en volumen para cubrir el derrumbe de la producción local de gas natural, como por precios que duplican los del 2020. Pero en particular, los subsidios crecen por la continuidad del congelamiento de los precios de la energía.

Los recientes aumentos en la tarifa eléctrica están destinados a recomponer los ingresos de Edenor y Edesur, lo que es solo una parte de la factura final, pero no tiene impacto alguno en los subsidios que financian el precio de la energía y que representan el 75% del volumen total de subsidios canalizados a través de la empresa CAMMESA.

Si se cumplen las promesas oficiales de un único aumento anual en las tarifas de gas y electricidad, esto implica que durante 2021 no se corregirán los subsidios a los precios de la energía, que ya representan la el 50% de la factura que pagamos en nuestras casas.

Esto no solo rompe las proyecciones del presupuesto 2021 sino que, si se proyecta la cuenta de subsidios para finales de este año, éstos alcanzarían los USD 10.000 millones, repitiendo la dinámica del 2011 y sumergiéndonos en una segunda ola de subsidios solo financiable a pura emisión.

Es decir, la disputa entre el ministro y su subsecretario no sería por los actuales aumentos de tarifas, sino por la necesidad de implementar nuevos aumentos, que deberían concentrarse en el precio de la energía. Estos aumentos son cruciales para encauzar la trayectoria de los subsidios y evitar una “segunda ola” que hoy gana velocidad.

Publicado en Clarín el 6 de mayo de 2021.

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