miércoles 22 de mayo de 2024
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Ecología vs producción, una falsa antinomia

Las recientes discusiones sobre la exploración off shore en el Mar Argentino abrieron una discusión que es mundial y que tiene sólidos fundamentos científicos para ser abordada.

A raíz del anuncio de la exploración off shore en la plataforma continental del Mar Argentino se han desatado una serie de debates entre ecologistas y productivistas. Esa falsa disyuntiva descansa en la idea de que los segundos no consideran los problemas intrínsecos de la producción de energía y de que a los primeros sólo les interesa cuidar la biodiversidad a cualquier precio. Sabemos que hay una verdad de mitad de camino. Pero esa verdad queda clausurada cuando el asunto se politiza, es decir cuando ingresa a la esfera del poder.

Tomemos un ejemplo del pasado reciente. En 2011, un tsunami extraordinario golpeó las costas de Japón causando la catástrofe nuclear de Fukushima. Todo el ecologismo mundial y europeo cargó contra la amenaza que importaban los reactores nucleares para la vida en la tierra. Angela Merkel, acompañó ese clamor y aceleró el ya programado “apagón nuclear” alemán. Para muchos fue una decisión apresurada que no contempló el reemplazo, en tiempo y forma, por energías verdes, las que en muchos casos requieren de grandes inversiones y de una producción de minerales y metales lejos de ser ecológicamente neutrales.

En Foro de Davos de 2019 Merkel dijo: “Llevaremos a cabo el apagado progresivo de nuestra energía nuclear con el propósito de concluirlo en 2022. Pero tenemos un enorme desafío por delante debido a que las únicas fuentes de energía que son capaces de dar respuesta a nuestras necesidades energéticas son el carbón y el lignito. Alemania ha abandonado la producción local de carbón, pero no la de lignito, que es relativamente barata. El problema es que el lignito es una fuente de energía que emite mucho dióxido de carbono […] El gas natural de nuevo jugará un rol esencial para nosotros durante las próximas décadas […]». A lo que podríamos agregar que la dependencia alemana del gas ruso es uno de los temas candentes de la agenda diplomática mundial a propósito de Ucrania, país por el que pasa un nuevo gasoducto que está presto a conectar el gas ruso con la demanda alemana.

Para muchos observadores, el primer error de Merkel fue sumarse al apagón nuclear – consumiendo enormes cantidades de lignito y carbón polaco – y el segundo fue elegir al gas como energía en la transición energética, por tres razones: a diferencia de la nuclear, el gas emite dióxido de carbono, es más caro y ha creado su dependencia de Rusia.

Por otro lado, Francia, que se abastece en un 70 por ciento de energía nuclear propia, es independiente y nadie allí cuestiona que se redoble esa apuesta construyendo reactores de pequeña escala. De hecho, en la cumbre climática COP26 realizada en Glasgow se consensuó que “carbón cero sin nuclear no es posible”.

Para el objetivo de emisiones cero en 2050 la incongruencia alemana es absoluta. En España la posición del Gobierno Sánchez también es incoherente: no apoya a la energía nuclear, pero no puede cerrar las centrales que quedan ni dejar de comprar energía a Francia que la produce con ese método.

Toda la evolución humana está marcada por su crecimiento depredador de ecosistemas. Entender estos ayuda a comprender que reproducir las condiciones de existencia para cada vez más personas implica hacerlo pagando determinados costos.

Hacinar a vacas, cerdos y pollos es algo que va en aumento para transformar proteína verde en roja. Construir salmoneras es una tecnología similar en los mares. Aplicar toda la parafernalia tecnológica a la agricultura es inevitable. Porque son inviables las granjas del siglo XIX y la agricultura de baja escala. Una salida es cambiar nuestros hábitos alimentarios, incluir harina de insectos, algas y otros alimentos que a la larga sufrirán la misma presión. Reducir nuestro consumo de energía viajando menos, utilizando menos calefacción y refrigeración. Algo que ocurrió cuando la pandemia obligó a restringir los movimientos, pero que vemos que, apenas podemos viajamos de manera maníaca por todo el mundo, aunque la pandemia no haya terminado. Nadie quiere vivir peor, dice el profesor Eduardo Crespo de FLACSO, a propósito de este tema. ¿Entonces?

Del mismo modo, la minería, la química y la producción de energía enfrentan los mismos dilemas. ¿La solución es dejar de producirla? No, es producirla dentro de los parámetros menos dañosos para los ecosistemas.

No vamos a suponer aquí que el alcalde de Mar del Plata, Guillermo Montenegro, se inspiró en Ángela Merkel para declarar que las costas de General Pueyrredón serán libres de explotación petrolera. Si vamos a entender que cuando estos problemas, que requieren de cooperación, estudios y responsabilidad entran en la esfera del poder, pueden producirse resultados contrarios a los del interés común. Vaya el ejemplo de Alemania.

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