domingo 25 de febrero de 2024
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¿Dónde quedan los derechos humanos cuando muerde la brutalidad policial?

No todos los sensores se activan en cuanto ven y escuchan un video grabado dentro de una humilde vivienda de una familia qom del Chaco, a la que un grupo de policías que tira la endeble puerta a patadas llama, despectivamente, “indios matacos”. Mientras tanto, los golpea y arrastra hasta la comisaría, en la que son abusadas las dos muchachas y torturados los dos varones que se encontraban en la casa. 

O cuando se hacen públicos el asesinato y ocultamiento del cadáver de un jornalero, por la acción también de la policía en Tucumán.

Nos dicen que el gobierno de la provincia se constituyó en querellante. ¿Qué apoyo tienen las víctimas o sus familiares que les garantice el conocimiento suficiente para seguir el desarrollo de la causa?

Lo más común en estos casos es que prime la complicidad entre policías y, como ocurre desgraciadamente muy a menudo, la Justicia.

A casi 40 años de la recuperación de la democracia en la Argentina, cada tanto, con hechos como los citados, nos frustra ver cómo el sistema de derechos no penetró en las convicciones de toda la sociedad. Podemos crear cuanta Secretaría de Derechos Humanos se nos ocurra, a nivel nacional, provincial, municipal. El esfuerzo se vuelve inútil si en todas las Agencias de Seguridad no existe una especialísima preocupación por conseguir que hombres y mujeres que se vean con un arma o un garrote en la mano no se sientan instituidos con todo el poder de golpear, atacar sexualmente, matar y aspirar a garantizarse la impunidad.

Me podrán decir que no solo aquí ocurren estos ataques y exhibir, por ejemplo, el caso del ciudadano afroamericano George Floy en Estados Unidos. Y diré: ¿y a mí qué? Vean cómo es muy posible que tengan que encarar en ese país una reorganización de la policía.

Que la violencia policial prevalezca o aparezca súbitamente en otro país, no nos exime de responsabilidades. No a los ciudadanos comunes, tampoco a las ONGs que se titulan defensoras de los Derechos Humanos, ni a los legisladores de la oposición de cada territorio donde golpee la brutalidad escandalosa de las Fuerzas de Seguridad.

Recurro a mi historia personal. En 1988, como diputada nacional y candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires, estuve en Londres con un jefe de Scotland Yard, para enterarme de las modificaciones que habían hecho en un cuerpo que sufría casos de corrupción.

Con un nuevo reglamento de admisión, solo ingresaban a la fuerza hombres y mujeres con título universitario para todos los puestos. Hay que tener en cuenta que en Gran Bretaña las carreras universitarias son más cortas. Por cierto, el sueldo, entonces, era de 2000 libras esterlinas.

Explicación necesaria: pasar por la universidad no garantiza ética. Haber logrado un título universitario otorga una autoestima que, de otra manera, se pone en un arma o un bastón, colgados de la cintura.

Volvamos a nuestro país. ¿Qué significaba el Nunca Más cuando apareció como informe de la CONADEP?

¿Se refería nada más que a la desaparición de personas como método represivo desde el Estado? Esto parecía ser dado el contexto. Sobre todo porque iba acompañado de un anexo con los nombres de las víctimas.

Sin embargo, creo que no fue solo eso. Los escalones sobre los que se reconstruyó la democracia, investigación y justicia, más las leyes de Defensa de la Democracia, o de aumento de la penalización de la tortura evidenciaban una aspiración social mayoritaria que iba del nunca más a la violencia como herramienta de la política hasta el nunca más, mucho más amplio, al atropello de los derechos fundamentales de todos los habitantes del país. Y esos derechos son, nada más y nada menos, que los fundamentales: el derecho a la vida, a la integridad física y a la libertad. Incluida la libertad de expresión.

Cuando empiezo a hablar de este tema siento que me vuelve la docente, esa que me dejó la marca en el orillo para siempre. A veces temo que fatigue esta mujer que siempre está explicando, otras creo que es necesario volver al tema aunque alguno se harte de escucharme o leerme. ¡Son todavía tan relativamente nuevos para nuestra cultura los conceptos de Democracia Republicana y de Derechos Humanos!

Por difícil que sea el momento que estamos viviendo, no cabe la distracción. La prensa está para informar, para hacernos conocer lo que pasa. Nuestras instituciones están para actuar en la defensa de cada uno de los habitantes de este país y para controlar que no hayas desmanes autoritarios.

Publicado en Clarín el 12 de junio de 2020.

Link https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/-quedan-derechos-humanos-muerde-brutalidad-policial-_0_-zuVjoTKo.html

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