domingo 25 de febrero de 2024
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Cuarenta años de democracia: logros y asignaturas pendientes

Muchos de los jóvenes que van a ir a votar por primera vez en una elección general el 22 de octubre próximo, e incluso muchos que ya han votado varias veces no habían nacido en 1983. A ellos, sobre todo, van dirigidas estas líneas.

En 1983 veníamos de la trágica noche de la dictadura militar que había empezado en 1976, que había llevado a una escala monstruosa y jamás vista el terrorismo de Estado y las violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Terrorismo de Estado que – vale la pena recordarlo – había empezado antes de 1976, durante un gobierno surgido de la voluntad popular. Veníamos también de sufrir la violencia y el terrorismo de organizaciones armadas que se habían alzado en armas contra ese mismo gobierno surgido de la voluntad popular, al que – al menos algunas de esas organizaciones – habían ayudado a llegar al poder. Veníamos también de la locura irresponsable de Malvinas, que condenó a una muerte absurda a jóvenes argentinos y dejó al país más lejos que nunca del objetivo de recuperar las islas. La dictadura dejaba un país con dolorosas heridas abiertas, con una enorme deuda externa, una economía en crisis y una sociedad con preocupantes signos de marginación social. El aislamiento internacional y el desprestigio de nuestro país completaban un panorama que no dejaba demasiadas razones para el optimismo.

La meta y el método

El desafío era enorme, en todos los aspectos. Pero el principal era cortar un ciclo pendular de gobiernos de facto cada vez más brutales y represores y gobiernos constitucionales cada vez más débiles y condicionados. El reto era generar condiciones para recuperar la “democracia para siempre”, podría sintetizarse. Raúl Alfonsín, el candidato presidencial de la UCR, lo comprendió claramente, y encarnó un liderazgo que supo interpretar las demandas más profundas de la sociedad argentina en ese momento. El 10 de diciembre, Alfonsín proclamó que “tenemos una meta: la vida, la justica y la libertad”, y enfatizó que “tenemos un método para conseguirlo: la democracia”.

El primer paso para consolidar la democracia consistía en terminar con la impunidad y fortalecer el Estado de Derecho. Por eso Alfonsín denunció el pacto militar sindical y se comprometió a no convalidar la “ley” de autoamnistía que la dictadura dejaba como un pesado condicionante. Recordemos también que el candidato del PJ, Italo Luder, se había manifestado en el sentido de aceptar esa norma, sancionada obviamente sin el concurso del Congreso de la Nación. Y por eso una de las primeras medidas del nuevo gobierno consistió en un par de decretos por los que se disponía la acusación contra los integrantes de las juntas militares y las cúpulas de las organizaciones guerrilleras. Y por eso se creó la Conadep, para investigar el horror de la desaparición de personas. Y por eso hubo juicios, y condenas. Es verdad que hubo también luego leyes de obediencia debida y punto final, justificadas por algunos y rechazadas por otros, y es verdad también que hubo posteriormente indultos a los condenados dispuestos por el Presidente Menem.

Pero en todo ese devenir histórico, más allá de los errores y aciertos puntuales de cada uno, lo importante es que el método se había enraizado. La democracia y sus procedimientos son hoy una realidad concreta en la República Argentina. Tenemos problemas gravísimos en el orden económico y social, pero no es menos cierto que nuestras instituciones políticas funcionan. Un hito relevante en ese sentido fue la reforma constitucional de 1994, en la que por vez primera tuvimos una constitución aceptada y legítimada de manera expresa por el conjunto de fuerzas políticas con representación parlamentaria. ¿Nuestras instituciones republicanas podrían funcionar mucho mejor? Por supuesto. Podríamos votar con sistemas superadores al actual como la boleta única de papel, siguiendo la experiencia de Santa Fe, por ejemplo; podríamos mejorar la transparencia y la eficiencia del Estado en todos sus poderes y niveles; pero, aun así, y sobre todo si miramos el horror de hace 40 años, podemos decir sin temor a equivocarnos que en el campo institucional podemos ver el vaso medio lleno.

Indicadores y tendencias

Donde el vaso está medio vacío, y cada vez más vacío, es en el campo económico y social. Lamentablemente, tenemos una sociedad más empobrecida y desigual que hace 40 años. Las asignaturas pendientes son enormes. La pobreza, la indigencia, el desempleo, la inflación crónica, el estancamiento de la producción, el deterioro de la educación, la crisis de la salud pública, el aumento de la inseguridad y las dificultades para acceder a condiciones habitacionales adecuadas muestran cada vez más indicadores negativos, y con tendencia a empeorar.

Por eso los desafíos del próximo gobierno son gigantescos, casi una epopeya, que complemente aquella que encarnó Alfonsín al generar las condiciones para recuperar la democracia política, que necesita ahora, como se necesitan dos piernas para caminar, el complemento de la democracia social, esa en la que se come, se cura y se educa, esa en la que a la clásica tríada republicana de la libertad, la igualdad y la fraternidad se le agrega la de la prosperidad.

No habrá democracia sólida ni viable si se cristaliza y se naturaliza que haya más niños pobres que no pobres. La democracia integral requiere ciudadanos responsables y comprometidos, que no sólo voten cada dos años con más o menos bronca o insatisfacción, sino que participen activamente en la cosa pública, como el soberano educado que quería Sarmiento. Y para que eso sea posible se requiere que todos tengamos garantizadas ciertas mínimas condiciones materiales de la libertad, aquellas que permiten ejercer plenamente los derechos consagrados en nuestra sabia Constitución nacional.

Publicado en La Calle el 8 de octubre de 2023.

Link https://lacalle.com.ar/40-anos-de-democracia-logros-y-asignaturas-pendientes/

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