lunes 20 de mayo de 2024
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Cortázar y la libertad

El 24 de marzo de 1981 participé en la Plaza Colón de Madrid de un acto en repudio de la dictadura militar que justo ese día cumplía cinco años interminables de muerte. El sitio en el que se hacía el acto era un anfiteatro subterráneo, el Centro Cultural de la Villa. Se entraba a él esquivando unas cataratas muy civilizadas. Unas cataratas muy poco americanas, quiero decir. Ahí nomás, a escasos metros del ruido infernal que hacía el agua al caer, lo vi a Julio Cortázar por primera vez en la vida. Era un gigante barbudo y risueño. Un chico disfrazado de adulto, en algún sentido. Vestía un traje negro que parecía quedarle grande. Me gustó su cara y también me gustaron mucho sus movimientos lentos, pausados, armónicos.

Luego entré.

Había una multitud. Y los discursos y las canciones de Los olimareños no hacían más que potenciar la exaltación de los que poblábamos el lugar. Hasta que, de repente, se apagaron las luces del escenario y apareció Cortázar, solo en medio de la oscuridad, con apenas un reflector que le enfocaba la cabeza. Se quedó un rato en silencio mirando alternativamente al público y al piso. Esta vez como un chico al que lo habían empujado a un espacio desconocido y en el que le costaba encontrar los juguetes. Se quedó escuchando los gritos quizá sin animarse a interrumpirlos. Era la segunda vez que lo veía en mi vida. Y claro, no lo sabía, pero también sería la última.

Arrancó en un tono de voz muy bajo y siguió en ese mismo tono a lo largo de los quince o veinte minutos en los que habló. Ninguna palabra más fuerte que la otra. Ninguna. Y eso muy a pesar de que al principio nadie parecía escucharlo y yo temí que se cansara de nosotros y se escapara para siempre por algún agujero del escenario. Pero no. Poco a poco, la multitud se fue apaciguando y empezó a escucharlo. Hablaba de la oquedad de algunas palabras, del vaciamiento de significación que habían sufrido en boca de los militares. Palabras como patria o revolución, por ejemplo. Finalmente llegó a la palabra libertad. Y ahí se quedó un buen rato reflexionando en el mismo tono de voz que al principio, hasta que en un momento pareció preguntarse a sí mismo, ahí tan solo y tan rodeado de gente, si del vaciamiento de significación de la palabra libertad no habíamos participado todos.

Todos.

Ahí, solo como estaba, con ese reflector enfocándole la cabeza, repitió dos o tres veces la palabra todos.

Después habló de que la vida era un asunto único, sin compartimentos, que no había una vida pública y otra privada, no, que sólo había una y, en esa única vida, si gritábamos por la libertad desde una tribuna cualquiera, no podíamos, al volver a casa, tratar a nuestras parejas o a nuestros amigos como esclavos. No podíamos hacerlo sino a riesgo de participar en el vaciamiento de significación de las palabras. Nos dijo algo también para estos días, se me ocurre.

Publicado en Clarín el 18 de diciembre de 2023.

Link https://www.clarin.com/opinion/cortazar-libertad_0_h1iP5yKVE5.html

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