jueves 29 de febrero de 2024
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Conversación entre caníbales

Dedicado con mucho cariño al “ingenieri”

El 23 de octubre a la tarde me encontró hablando con un gran amigo, Lázaro. Un excelente  compañero que la formación académica me puso en el camino. Es una persona muy inteligente, ingeniero de formación pero ávido lector de las ciencias políticas. Al inicio nuestra relación sufría problemas de comunicación. Hablábamos lenguajes distintos, él es  un hombre de las “ciencias duras”, siempre fáctico, predecible y pragmático. Se podría decir que mi buen  amigo  es un hombre empírico, análogo al burgués  Humanista del siglo XV. Por otro lado, yo estoy más acostumbrado a la filosofía y a la interpretación histórica. Ambos partimos de paradigmas distintos en nuestro recorrido intelectual, por lo que al inicio nuestras conversaciones resultaban fallidas.

Con el transcurrir del tiempo, logramos superar nuestra incomunicación. Digamos que  yo me volví un “poquito” ingeniero, más pragmático y menos abstracto en mis razonamientos. Y él logró transformar su esencia “exacta” por una lógica un poco más hermenéutica. El día  23 de octubre a la tarde, encontró a un historiador y un ingeniero hermanados por las ciencias políticas, conversando sobre los resultados de las elecciones presidenciales del domingo 22 de octubre en la Argentina.

La charla variaba entre temas de actualidad, conflictos personales y laborales. Pero el eje básico  era uno solo: ninguno de los dos lograba entender porque había ganado Massa. Ojo, no es que nosotros no respetemos la decisión del pueblo, ambos defendemos la libertad del individuo para elegir. Pero la verdad,  la Argentina muchas veces es difícil de comprender, es como si fuera un gran misterio envuelto en un acertijo. Y es que no debe ser habitual que el candidato a presidente por el oficialismo sea al mismo tiempo el ministro de economía. El mismo funcionario que llevó la inflación al 140 por ciento, generó 18 millones de pobres y forma parte de un gobierno donde la vicepresidente está condenada por corrupción. Lo paradójico es que hoy  llamativamente tiene  serias chances de ganar el sillón de Rivadavia.

En el medio del aquelarre, Lázaro tuvo una reflexión estupenda, tan magnífica que inspiraron estas líneas. Hizo una pausa breve,  solo para darle entonación y fuerza a su idea  y me dijo: sabes que pasa, la Argentina es un sistema ponzi conformada por caníbales. Me quede callado unos segundos,  tan solo para  pedirle que me explique esa conclusión tan exótica. Él replicó y me preguntó ¿sabes cómo funciona un esquema ponzi? Ignoró mi respuesta, respiro profundo y se adueño por unos instantes del oficio de historiador para decirme: Un esquema Ponzi es un fraude de inversión que consiste en pagar a los inversores existentes con los fondos de los nuevos. Los inversores no están invirtiendo en un negocio subyacente, a pesar de que creen que lo están. Los primeros inversores simplemente se pagan con los fondos recibidos de los inversores posteriores.

Funciona mediante un operador que recluta a inversores a los que se les dice que obtendrán una gran rentabilidad por su dinero. Se pagan altos rendimientos a los primeros inversores, que se financian con el dinero de los inversores posteriores. Este esquema se derrumba inevitablemente cuando no hay suficientes inversores nuevos para pagar a los antiguos, y llega un momento en el que el estafador desaparece con todo el dinero. Los esquemas Ponzi se encuentran a menudo en empresas de marketing multinivel o en estafas de inversión que prometen altos rendimientos con poco riesgo. Entonces, prosiguió Lázaro,  eso es la Argentina un  gran esquema ponzi. Rápidamente interrumpí su relato y pregunté  ¿por qué estaría compuesto por caníbales? Lázaro suspiro una sonrisa y me dijo: a diferencia del esquema tradicional, en donde la gente no sabe que está siendo estafada, en el sistema argentino todos saben que son víctimas de una organización criminal, pero nadie quiere ser el último en salir para que el peso de la pirámide  no le caiga encima. Eso transforma al conjunto de los argentinos en caníbales, devoradores de los espíritus más nobles y bien intencionados. Nuestro sistema ponzi incorpora a personas que son conscientes que alimentarán con su sangre y con la de los demás el instinto antropófago del tejido social. Es un ritual misántropo, muy similar a las  crueles liturgias precolombinas de Mesoamérica.

La reflexión de Lázaro fue tan certera que me encogió el corazón, no tuve más que suscribir al pie en todas sus palabras, que expresaban un pensamiento tan verdadero como triste. Pero para rematar su exposición me dijo: imagínate el sistema ponzi como una pirámide, en la cúspide están los empresarios que le compran las patentes de corso a los gobiernos de turno, ellos no van a querer que el sistema colapse porque si no pierden sus prebendas. Entonces fagocitan la antropofagia incorporando a los sectores medios, que también saben sobre la estafa piramidal. Pero al obtener un beneficio pecuniario participan conscientemente del esquema. Y es que casi la mitad del país está formado por empleados públicos que propulsan los motores del sistema. ¿O acaso no viste la campaña del miedo efectuada por los trabajadores del transporte ferroviario? Ellos también son caníbales. Por último,  la base de la pirámide está compuesta por 18 millones de pobres. Los mas damnificados del sistema ponzi, porque reciben las migajas desde la cumbre de la pirámide. Pero prefieren tener algo antes que arriesgarse a la aventura de valerse por sí mismos. Ellos son los que sostienen al resto de los estamentos del conjunto social, es la sangre que le da el impulso vital. Pero también son antropófagos porque al igual que el resto de la pirámide participan conscientemente de la estafa.

Mi  gran amigo interrumpió abruptamente su relato, hizo una breve pausa para decirme unos segundos después que tenía que irse  a comprar muebles para su nuevo departamento. Nos despedimos con la promesa de vernos pronto. Yo me quede pensando en toda nuestra conversación y me dije para mis adentros ¿yo también seré un caníbal? ¿Acaso Lázaro lo es? Acto seguido a ese pensamiento me puse a redactar estas líneas para denunciar el sistema ponzi que tan brillantemente Lázaro había detallado. Tal vez como una forma de redimir a mi amigo y a mí de la antropofagia. Porque desde el 22 de octubre a la tarde no le encuentro respuesta a una terrorífica pregunta: ¿somos todos los argentinos caníbales?

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