martes 23 de abril de 2024
spot_img

Cien días

I. El gobierno de Milei cumple cien días en el poder. Sus simpatizantes dirán que son los primeros cien días; sus adversarios, y por qué no sus enemigos, aseguran o desean que sean los últimos. Opiniones. Yo, en particular, me temo que quienes al gobierno le auguran la noche se equivocan. No sé si mucho o poco, pero se equivocan. La popularidad de Milei, con ajuste, con insultos, con impericia sigue siendo alta. No hay un político en la Argentina que hoy pueda exhibir una ecuación favorable entre los que lo apoyan y lo rechazan. Milei sí puede hacerlo. Para algunos se trata de un milagro; otros aseguran que el pueblo está confundido, y están, por supuesto, los que dicen que el comportamiento de esa mayoría es previsible, racional e incluso justo. Admitamos que algunas paradojas, algunos contrastes nos asombran. El ajuste que están soportando las clases medias y las clases populares es muy duro, pero el argumento de Milei para explicarlo o justificarlo sigue siendo eficaz: “Yo les avisé”. Y los catorce millones de argentinos que lo votaron no pueden alegar engaño. Tambien avisó acerca de las curiosidades y extravagancias de su personalidad. Y lo avisó de todos los modos posibles: gritando, gesticulando, insultando. Pues bien, todo parece indicar que hasta la fecha millones de argentinos se sienten identificados con esos insultos, con esa suerte de incorrección política, como que se sienten representados por esa bronca.

II. ¿Cuánto durará esta luna de miel? No lo sé y sospecho que ni siquiera Milei y su jefe lo saben. Lo seguro es que llegó a los cien días, no vamos a decir sin que se le despeine el jopo, pero bastante bien plantado. Si en el futuro inmediato lo aguarda la derrota de Waterloo o la victoria de Marengo, es un interrogante que hoy ni los dioses están en condiciones de responder. Milei sabe que no las tiene todas a favor, pero se tiene la fe de los cruzados. Más allá de las alteraciones de su subjetividad, yo diria que uno de los puntales de esa fe no proviene tanto de sus virtudes como de la certeza que disponen millones de argentinos acerca de la incompetencia de los gobiernos anteriores. La incompetencia política y la inescrupulosidad ética. Millones de argentinos se abrazan a Milei porque les asiste la ilusión de que es el único que los sacará de la ciénaga populista. No sé si lo quieren tanto a Milei como detestan el retorno de quienes sembraron pobreza, corrupción y miseria moral y política.

III. Tiempos difíciles. Difíciles y confusos. Dijimos que la gente votó a Milei para sacarse al peronismo de encima, pero a muchos les asiste la sospecha de que en esta Argentina estrafalaria Milei sea, tipo juego de remanye, el responsable del retorno del peronismo. Él los sacó y él, con su hipotético fracaso, los traerá. No estoy hablando de lo que me gusta o me disgusta; hablo de lo que podría ocurrir. Por lo pronto, insisto: a cien días de gobierno, Milei está bien plantado. Para gusto o disgusto de algunos sigue despertando ilusiones, expectativas. De todos modos, las asignaturas más importantes aun no fueron atendidas. Exige sacrificios en nombre de una promesa que aún no se ha cumplido. Todos sabemos que viajamos en la oscuridad, pero la diferencia entre unos y otros es que algunos suponen que con este gobierno a la oscuridad se sumará más oscuridad y otros están convencidos que la luz al final del túnel está cada vez más cerca. La pregunta del millón acerca del futuro parece ser la siguiente: ¿Qué llegará primero: el hartazgo de la gente por un ajuste cada vez más impiadoso o los beneficios de un capitalismo pujante que derrama prosperidad y abundancia? Vaya uno a saberlo.

IV. Milei apuesta a que la llave que abrirá los portales al éxito y la fortuna política es la que habilita la salida del cepo. Si esto ocurriera, supone, se lograría poner en marcha la maquinaria, algo obsoleta, del capitalismo argentino. Yo le deseo la mejor de las suertes, pero por lo pronto no estoy dispuesto a compartir con tanto entusiasmo su certeza. Lo dijo la señora Cristina: “la Argentina es un país muy difícil de gobernar”- Milagros de Milei. Su irrupción promovida por las fuerzas del cielo ha permitido que por primera vez en mi vida lo cite a Menem y a Cristina, aunque sea de paso y para mantenerme leal a la costumbre bien criolla de que a ciertas circunstancias y a ciertos personajes nunca está demás tomarlos un poco en joda. Pero es verdad: Argentina es un país complicado. Hacer funcionar el capitalismo importa, pero no alcanza si al mismo tiempo no se atienden los problemas de una sociedad habituada a reclamar y hacer valer sus demandas más allá de Moyano, Grabois, Pérsico, Baradel o Belliboni. Al capitalismo hya que hacerlo funcionar, pero en circunstancias históricas y sociales precisas. Mieli hasta la fecha cree que sus saberes como economista alcanzan para abrir los portones al desarrollo de las fuerzas productivas. La cuestión social, el drama de la pobreza, la indigencia, el hambre y la ignorancia te la debo para más adelante. Que una mayoría de argentinos hayan creído en este relato es una hazaña política, pero Milei sabe, o debe saber, que esos amores no se sostienen con la promesa de “contigo pan y cebolla”.

V. La realidad a Milei lo ha tratado con benevolencia, pero esa misma realidad le ha prodigado un par de sopapos que no lo han noqueado pero lo han hecho trastabillar. Avatares de la política, de esa política que detesta pero a la que inevitablemente está obligado a practicar porque la política lo llevó a la presidencia y la resolución de los dilemas que se le presentan solo pueden resolverse desde la política. A esta lección, Milei la está aprendiendo lentamente. Por convicción ideológica él pertenece a la tribu de economistas e ideólogos que recelan de la democracia representativa y suponen que hay ciertas verdades que deben imponerse porque son tan evidentes como la ley de la gravedad. Durante años, esa derecha económica creyó que esas verdades que las masas se negaban a admitir podían imponerse a través de un general salvador de la patria. Las lecciones de la historia o de la vida le probaron que esa solución no funcionaba, no sólo porque el pueblo no las aprobaba o no estaba dispuesto  a resistir, sino porque los propios militares nunca estuvieron del todo convencidos en darles luz verde a los discípulos de Friedman o Hayek. Hoy los nuevos vientos de la historia les abre la posibilidad de hacer en democracia y con el voto popular, lo mismo, o bastante parecido, que intentaron hacer sus antepasados ideológicos con una dictadura militar. Para algunos esta encrucijada de la historia se parece a una pesadilla o una tragedia. Populistas e izquierdistas de diversos pelaje jamás imaginaron, ni en sus pesadillas más truculentas, que el detestable “neoliberalismo”, representante de las minorías oligárquicas, imperialistas, vendepatrias, o como mejor quieran llamarlo, iban a llegar al poder en brazos del pueblo. Pues bien, eso ocurrió. Catorce millones de argentinos, pobres y ricos, clase media y clases populares, votaron por el exponente más radicalizado del detestado neoliberalismo. ¿Qué pasó? No lo saben bien. Muchos están como Monzón, mirando el rincón y esperando que termine el round, o suponen que todo es un sueño del que en algún momento se van a despertar. Dicho con otras palabras: están convencidos de que se trata de un malentendido, del tropezón de quien se ha tomado un vino de más. Yo no sería tan optimista. No me gusta Milei, pero puede que su presencia obedezca a razones más profundas que una confusión o un error involuntario. Nos guste o no, Milei intenta demostrarnos que con sus desmesuras, sus desbordes., su mesianismo y sus extravagancias ha logrado captar y percibir el rumbo de la historia, esos rumbos, esas perspectivas, que sus adversarios y enemigos, que él se ocupa en cosechar todos los días casi con alegría, “no la ven”.

Publicado en El Litoral el 20 de marzo de 2024.

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Alejandro Einstoss

Ley Bases: Privatizaciones, un acto más del péndulo entre el Estado y lo privado

Fabio Quetglas

Optimismo tóxico

Luis Quevedo

Raíces de la crisis: el verdadero significado de la “batalla cultural”