lunes 20 de mayo de 2024
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China y Afganistán

El portavoz del Ministerio de Comercio de China, Gao Feng, aseguró hoy que el gigante asiático desea “trabajar conjuntamente” con la comunidad internacional para “apoyar la reconstrucción pacífica” de Afganistán tras la toma del poder por parte de los talibanes.

La, tantas veces anunciada, salida de los EE.UU. y sus aliados de Afganistán se cumplió y con ello, según el corresponsal de la BBC Jonathan Marcus, “el modelo occidental de intervencionismo liberal, promovido como un medio para difundir la democracia y el estado de derecho, puede haber sufrido una derrota en Afganistán”. Esa salida reacomoda el damero del poder en esa región del mundo y brinda señales al resto.

A una semana de la veloz toma del poder del talibán en Afganistán, el gobierno chino declaró que “respeta el derecho del pueblo afgano a determinar de forma independiente su propio destino” y que desarrollará “relaciones amistosas y de cooperación” con esa nación. Declaraciones que Vladimir Putin ha replicado desde Moscú, aunque sobre Rusia pesa una historia muy diferente de relaciones internacionales con Kabul.

Como principio básico de su diplomacia, China ofrece cooperación sin condicionamientos ni prejuicios políticos, plantea la mera conveniencia mutua – aunque los acuerdos siempre son más favorables al más poderoso de esas relaciones asimétricas – ahora o en el futuro que es hacia dónde China siempre tiene depositado su objetivo.

Pekín le ofrece hoy a Kabul lo que más necesita: oportunidades en la construcción de infraestructura e industria – parte de su colosal programa de la Franja y de la Ruta – a cambio del acceso a los inmensos depósitos de minerales estratégicos y no explotados en Afganistán: litio, hierro, cobre y cobalto, indispensables para alimentar la voraz industria china.

A Pekín no le hacen mella la fama ominosa del talibán, lo que le permite posicionarse – como ocurrió en Vietnam a la salida de los norteamericanos – como el socio externo más influyente en ese país que ha sido escenario de 50 años de intervención militar extranjera.

Durante la última parte de la guerra en esos territorios escarpados, China observó pacientemente como rusos, norteamericanos y europeos convirtieron – en vano para Afganistán – esa geografía en el escenario de una derrota militar segura. Mientras esto ocurría, el régimen de Xi Jinping proporcionó a ese país millones de dólares en ayuda para asistencia médica, hospitales, una estación de energía solar y el acantonamiento de 8000 soldados en misión de paz de la ONU – China es el mayor aportante de tropas a esas misiones de paz en el mundo – que fomentaron relaciones comerciales que convirtieron al gigante asiático en uno de los socios comerciales más importantes de Afganistán.

Para la iniciativa de la Franja y de la Ruta, Afganistán es un bastión clave para llegar a la India. Si pudiera construir una autopista que uniera Peshawar (Pakistán) con Kabul, abriría una ruta terrestre más corta para acceder a los mercados de Oriente Medio.

La clave de la paz y la estabilidad de Afganistán residen, en parte, en Pakistán. A pesar de su proximidad, no siempre miran en la misma dirección. La política de Pakistán en Afganistán está impulsada en gran medida por los objetivos estratégicos de garantizar un gobierno amigo en Kabul y socavar la creciente influencia de la India en Afganistán. Es de interés para Pekín, sobre todo para el éxito de la Franja y la Ruta, garantizar que Pakistán y Afganistán se llevan bien. El talibán, hoy en el poder – uno de los contendores por el control de Afganistán – tampoco hará fácil las cosas, de hecho sus ataques terroristas en Pakistán han costado la vida de nueve ciudadanos chinos en ese territorio.

Allí donde las fuerzas de la conquista como Alejandro Magno, La Rubia Albión, la Unión Soviética y ahora los Estados Unidos y sus socios europeos, encontraron un “cementerio de elefantes”, China, munida de planes de infraestructura y proyectos de cooperación probablemente intentará lo que las armas no han podido en un mosaico de etnias, religiones y nacionalidades que hacen de Afganistán un lugar único en el mundo, en todos los aspectos.

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