martes 20 de febrero de 2024
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Chile no tendrá reforma constitucional

Luego del intento fallido de una Constitución Nacional de un socialismo idílico, el nuevo proyecto también fue rechazado por el 55 por ciento de los ciudadanos chilenos. Eso significa que no hay consenso para la reforma de una Carta Magna sancionada bajo la dictadura de Augusto Pinochet.

Es probable que el Reino Unido no tenga una Constitución por las razones que dificultan un acuerdo en torno a esos principios básicos consagrados en una ley fundamental, una especie de biblia laica a la cual todos deben prestar fidelidad para ser parte de una nación. Para los hijos de la rubia Albión el cúmulo de leyes acopiadas a lo largo de su vida institucional es suficiente para darse un gobierno legítimo, a lo que habría que agregar un largo período de prosperidad que está llegando a su fin.

Pero para la mayoría de los países, sobre todo los más jóvenes, como los EE.UU. o los de nuestra región, ha sido casi una forma de constituir un estado, de presentarse en sociedad, una manera de publicar un credo al cual adherirse como ciudadano y comulgar con otras naciones de igual talante bajo un paraguas normativo alcanzado por consenso e imbuido de legitimidad.

En el caso de Chile, es claro que la nueva etapa democrática necesitaba una reforma, porque las nuevas circunstancias políticas horadaron la legitimidad de la vieja Constitución. De la lucha por ese cambio emergió el liderazgo del joven izquierdista Gabriel Boric. Pero tanto aquella reforma que pretendían los seguidores de Boric como la actual – mucho más derechizada – no prosperaron porque no existe un consenso necesario y por lo tanto una fuente de legitimidad suficiente como para alcanzar una reforma que tenga esas cualidades, sin las cuales una Constitución carece de sustento, como la reforma constitucional argentina de 1949.

Los cuatro expresidentes votaron divididos, en lo que es una reversión del voto de la primera reforma trunca. Así Eduardo Frei Ruiz-Tagle (DC) y Sebastián Piñera (Chile Vamos) optaron por el voto positivo, mientras que Ricardo Lagos (PPD) y Michelle Bachelet (PS), se opusieron a su sanción.

En el plano de la política diaria, este ha sido un revés para la oposición. La derecha y la ultraderecha liderada por José Antonio Kast esperaban que un triunfo en la consulta popular fuera tomado como un plebiscito a la gestión del gobierno – que no la tiene fácil – pero terminó siendo un duro revés. Sin embargo, al final del camino es la derecha que ha ganado consagrando, por omisión, la continuidad de la Constitución de 1980, aunque no lograra imponer una reforma que era aún peor que la vigente, en términos de conservadurismo. En ese sentido, Marco Enríquez-Ominami, el fundador del Partido Progresista de Chile hizo una declaración que grafica el caso: “Para votar en contra de una Constitución de ultraderecha tuve que votar por la Constitución de Pinochet”.

Boric sale fortalecido, aunque sin reforma: “Durante nuestro mandato se cierra el proceso constitucional. Las urgencias son otras”, declaró tras conocerse los resultados, aceptando la derrota sobre la reforma, pero celebrando haber impedido la reforma derechista, al tiempo que reconocía que las energías había que reenfocarlas a los temas urgentes que tiene su gobierno.

“Una gran mayoría de chilenos ha rechazado la propuesta constitucional que nosotros impulsamos desde el Consejo constitucional”, declaró Kast tras conocerse los resultados y a una semana de haber viajado junto a Boric, a la Argentina, para la asunción de Javier Milei en una suerte de cónclave heterogéneo y devaluado de la derecha internacional en el que Boric desentonaba claramente.

El presidente de Chile informó que ordenó a su gabinete “retomar cuanto antes el trámite legislativo de la reforma de pensiones y el pacto fiscal de crecimiento y distribución más justa de la riqueza, a redoblar los esfuerzos de gestión en seguridad en todas sus dimensiones para ganarle la batalla a la delincuencia, al narco y el crimen organizado, y a emparejar la cancha entre hombres y mujeres y asegurar que los avances que las mujeres han conseguido a lo largo de años de esfuerzo y lucha no sufran jamás retrocesos”.

La propuesta de Constitución rechazada este domingo privilegiaba un sistema mixto -público y privado- en los sistemas de salud y pensiones. En educación, se acentuaba la “libertad de enseñanza” y el derecho preferente de los padres sobre la educación de sus hijos e incluía artículos para la protección de “la vida de quien está por nacer” y establecía la “objeción de conciencia” para la interrupción voluntaria del embarazo.

Chile cierra, por ahora, su impulso reformista y su gobierno – con dos años de gestión por delante – debe abocarse a un momento económico difícil y en una región en donde la derecha crece enancada en el descrédito de la democracia.

 

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