martes 5 de marzo de 2024
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BRIColage

La ampliación de los BRICS genera suspicacias, sospechas y esperanzas, según desde dónde se lo mire. Pero lo que seguramente expresa ese collage de países variados es un problema de gobernanza global que no se ha suturado en la última década.

Jim O’Neill, ex presidente de Goldman Sachs y ex ministro del Tesoro del Reino Unido, acuñó en 2001 el acrónimo BRIC, ocho años antes de su efectiva constitución. En 2010 se le agregó la S de Sudáfrica y en 2023, el ingreso de Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, no alterarán ese nombre que designa – también al decir de O’Niell – una asociación entre países que han realizado un ajuste a la gobernanza global.

Porque Brasil, Rusia, India y China – los socios fundadores – albergan a casi la mitad de la población mundial que no se sentía representada por las instituciones internacionales surgidas de la Segunda Guerra Mundial, por su sesgo excesivamente occidental.

Esto significa que BRICS es una asociación política, más que económica. De hecho, la Argentina comercia con Brasil y China de manera importante y su membresía no variará el status de socio comercial, ni abrirá nuevas puertas, necesariamente, pero si el acceso a una posibilidad de financiamiento del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) que es escaso. Pero sí se presenta ante el mundo como el bloque que desafía la hegemonía del dólar y que discute una nueva arquitectura financiera y comercial mundial ante la ausencia de respuestas de las viejas estructuras de Bretton Woods que hoy no aseguran la gobernanza global.

Tampoco es difícil advertir que este nuevo club – que no tiene ni sede ni estatutos – tiene a China como buque insignia cuyo nombre podría ser “la segunda economía más grande del mundo”. En términos nominales, su PIB es más de tres veces mayor que el de Japón y Alemania, y alrededor del 75 por ciento del tamaño de Estados Unidos. Mientras tanto, la India ha estado creciendo rápidamente y podría convertirse en la tercera economía más grande para fines de esta década. Por su parte Brasil y Rusia representan aproximadamente la misma proporción del PIB mundial que en 2001, y Sudáfrica ni siquiera es la economía más grande de África. De los nuevos ingresantes, cada uno podrá hacer la cuenta de sus virtudes económicas, de la que sólo se destacan los países árabes.

Para algunos, lo más preocupante es que de los 11 socios, sólo Argentina, Brasil y Sudáfrica pueden mostrar un funcionamiento político democrático, en tanto que el resto ofrece una variada gama que va desde democracias de fachada hasta autocracias laicas o religiosas. Pero esa ha sido la premisa de las relaciones internacionales de China: comerciar sin meterse en asuntos de política interna, y esa directriz es la que anima a los BRICS.

Al fin y al cabo, ha sido la prédica de valores “occidentales” en torno a la ética democrático-republicana y de derechos humanos la que, tal vez, le haya costado a occidente parte de su actual ineficacia: porque ha sido una condicionalidad muchas veces difícil de satisfacer por los países emergentes y porque las potencias rectoras del sistema no han podido dar el ejemplo de tales conductas.

En ese sentido, BRICS podría representar la virtud de la heterogeneidad, por sobre la uniformidad, tal como declaró Luiz Inacio “Lula” Da Silva al momento de hacer el anuncio de la incorporación de los nuevos países para 2024: “Nuestra diversidad fortalece la lucha por un nuevo orden que se ajuste a la pluralidad económica, geográfica y política del siglo XXI”.

La directora de la fundación Konrad Adenauer en Argentina, Susanne Käss, aseguró a la DW que los estados occidentales deben ser más pragmáticos, reconociendo que “no sentó nada bien en los países del Sur Global que Occidente criticara la diplomacia de las vacunas de China y Rusia durante la pandemia, pero que al mismo suministrara un número insuficiente de vacunas a esos países”. “Occidente debería abstenerse de condenar y esforzarse más bien por hacer ofertas concretas de cooperación”, apunta. La rápida ratificación del acuerdo de libre comercio UE-Mercosur, por ejemplo, sería una de esas medidas, subrayó. Algo así como virar hacia el concepto chino en relaciones internacionales.

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