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26 12 2021

Brenda Austin: “El gobierno no tiene claro para dónde va”


Autor: Leandro Pablo Vivo









La ex diputada radical dijo que Juntos por el Cambio debe articular la construcción de una mayoría con iniciativas concretas para hacer posible desde el gobierno en el 2023 “el país que todos queremos” 

La ex diputada nacional de la UCR y de Juntos por el Cambio, Brenda Austin afirmó que “el gobierno no tiene claro para dónde va”; advirtió que “no está claro qué tan alineado está el sector más duro del kirchnerismo respecto de lo que representa la gestión de Alberto Fernández” y que el camino que el oficialismo ha elegido para resolver sus tensiones internas “es el de la irracionalidad”, por lo que juzgó que la coalición opositora debe actuar con “madurez, responsabilidad y vocación de poder” en la articulación de una “nueva mayoría” y ofrecer “iniciativas concretas” para “construir el país que queremos desde el gobierno en el 2023”.

En una entrevista con Nuevos Papeles, la joven dirigente radical cordobesa que concluyo el 10 de diciembre pasado su mandato como diputada nacional por el radicalismo y como integrante de Juntos por el Cambio, trazó un balance de su paso por la Cámara baja y, en ese contexto, rescató algunos logros alcanzados, que se corporizaron en la sanción de distintas leyes en torno a temas en los que tuvo intervención pero no evitó dejar en evidencias que en esas temáticas, a su juicio, resulta necesario seguir avanzando por entender que están vinculadas no sólo al fortalecimiento de la democracia sino con las demandas de la sociedad en materia de transparencia en la política, la educación y la cuestión de género, entre otras.

¿Cuál es su balance de su paso durante seis años como diputada del radicalismo y de Juntos por el Cambio?

El balance que hago es claramente positivo. Fue un proceso de mucho aprendizaje en lo personal pero también del equipo de trabajo que tuvimos y con el que fuimos desarrollando justamente esta capacidad de ir aprendiendo en nuestro propio recorrido. Y esto lo pudimos condenar en nuestro libro ‘Legislar en Red’, que presentamos recientemente y que fue, a mi juicio, la manera de poder hacer un cierre al interior de nuestro propio equipo de trabajo, de poner en perspectiva nuestro propio trabajo, de cómo fuimos plasmando estas distintas estrategias para el impulso de cada proyecto, para pensar no sólo en la redacción de los textos sino en las estrategias de incidencia, en el trabajo de articulación con los otros bloques políticos para tratar de lograr las condiciones que habilitaron su tratamiento. Y eso es parte de lo intangible del paso por la cámara que permite ir aprendiendo e ir creciendo en lo que es el conocimiento de la dinámica de la Cámara de Diputados. Así que mi balance es más que positivo y tengo un enorme agradecimiento a mí partido, el radicalismo, tanto en el bloque en la figura de Mario Negri como a los correligionarios de Córdoba que fue un pilar clave en este acompañamiento en la tarea desarrollada en la banca como diputada.

¿Cómo vio el funcionamiento de ese Parlamento que la tuvo en una de sus bancas en la Cámara de Diputados?

Creo que las realidades han sido distintas en función de las distintas conformaciones que se fueron dando en la composición de la cámara. No es lo mismo de pronto ser diputada del oficialismo como me toco en los primeros años, con las dificultades y las particularidades que eso tiene y después ser diputada de la oposición con una realidad completamente diferente. Y ahí me parece que los desafíos en los procesos, en las estrategias, en los modos de construcción cambian.

Lo que sí, en ambos casos, me parece que actuó un vector sumamente interesante que es que en las tres conformaciones que me toco, vi cámaras muy partidas, muy competitivas con oposición y oficialismo con capacidad de construir el número y los oficialismos forzados a tener que dialogar con sectores de la oposición para poder construir el número que le permitiera aprobar las leyes. Y creo que ese ha fue un proceso sumamente interesante. Recuerdo mis primeros dos años, que coincidieron con el gobierno de Cambiemos, de Mauricio Macri. Diría que fue un proceso de mucho diálogo; la sesiones se construían con temario de leyes que le interesaban al oficialismo pero también a la oposición. Insisto fue un proceso de mucho diálogo para cada texto de una ley. Recuerdo sesiones, de largas horas, modificando artículos y yo creo que eso fue un proceso, si se quiere de aprendizaje deliberativo y democrático de la cámara que fue muy interesante, forzado por la necesidad obviamente pero se trataba de una cámara que ejercía su rol y no sólo refrendaba, sin más, lo que el Poder Ejecutivo enviaba como proyectos.

Y ahora lo que estamos viendo es otra realidad ¿no? porque es un oficialismo que se niega a generar procesos virtuosos de diálogo; que quiere comportarse como si tuviera una mayoría propia tratando de imponer una agenda y rompiendo con la lógica de que esa el Congreso el espacio del diálogo político y así hemos encontrado una Cámara de Diputados mucho más conflictiva como para aprobar muchas leyes y mucho más después de la nueva conformación.

Usted ha tenido intervención, por supuesto, en todos los temas que se debatieron en la Cámara baja mientras ocupaba una banca pero se advierte claramente su fuerte participación en temas como la cuestión de género, las cuestiones en materia educativa o bien aquellas vinculadas a la transparencia en la política ¿En qué cree que se avanzó en estas temáticas y en qué cree que todavía debe avanzarse?

Es interesante la pregunta y muy amplia. Fueron temas que han sido parte de la tarea y a la que sumaría la cuestión ambiental. Diría que mi balance en cada uno de esos temas es distinto. Si pensamos en la cuestión de la calidad institucional y de transparencia vuelvo a hacer una diferencia en cuanto a los distintos momentos de la cámara. Durante la gestión del gobierno anterior logramos el avance de muchas leyes que entiendo fueron herramientas vitales para mejorar la calidad de nuestra democracia como, por ejemplo, la ley del arrepentido; los intentos por discutir la extinción de dominio; el proceso para impulsar la reforma política con todos los cambios que implicaba como la boleta única, en aquel momento la boleta única electrónica, y distintas iniciativas que tendían a fortalecer la democracia; los intentos que hicimos para el tratamiento de ‘ficha limpia’ siendo oficialismo y siendo oposición. Y lo que encontramos en los últimos años respecto de esta agenda fue una resistencia enorme del kirchnerismo en avanzar en marcos normativos que tiendan a brindarles más herramientas a los ciudadanos y a la Justicia para el combate contra la corrupción.

Quizás el caso más emblemático fue el de la ley de transparencia en la obra pública, en la que trabamos muchísimo y que no logramos que se discutiera en comisión. Era una ley que tomaba las experiencias de otros países, con el aporte y el compromiso de Transparencia Internacional, de Poder Ciudadano, de ONG que hace mucho tiempo que vienen trabajando en ese tipo de iniciativas que mejoren las herramientas de control y que las expresamos en un proyecto de ley que el kirchnerismo en el Congreso de la Nación se negó a tratar.

Y en esta cuestión ¿Qué falta?

¿Qué falta ahí? Falta Ficha Limpia, falta la boleta única, faltan las herramientas de control de la obra pública fundamentalmente y, sobre todo, falta una Justicia que tenga la capacidad de juzgar cuando todavía el poder está en el poder. Es decir, lo que decimos muchas veces y que es animarse a abrir muchas investigaciones cuando se producen los cambios de gobierno. Creo que necesitamos un Poder Judicial que pueda dar el ejemplo. También mencionar la ley de acceso a la información pública que fue algo que la diputada de nuestro bloque, Karina Banfi, logró que se aprobara después de mucho esfuerzo durante mucho tiempo y que fue, claramente, un salto de calidad durante la gestión del gobierno anterior, el gobierno de Cambiemos.

Otra cuestión fue la educativa ¿no?

Si. En materia educativa el balance es diferente. No logramos durante la pandemia que el Congreso fuera el lugar en el que se debatiera la grave crisis en que estaba la educación, la catástrofe generacional que anticipamos y, efectivamente, los indicadores vienen mostrando retroceso en términos de deterioro de la calidad de la educación. Esos datos son realmente alarmantes.

Pero sí logramos, por contraste, poner el tema en agenda. Cuando arrancamos con la ley de emergencia educativa, a mediados del 2020, eran muy pocas las voces que se animaban a pedir y a reclamar la vuelta a la presencialidad; había como una suerte de temor en torno a abrir ese debate y, sin embargo, empezamos a plantearlo en el Congreso. Fue entonces que empezamos a recuperar la evidencia científica, que distintos países del mundo estaban poniendo sobre la mesa la tasa de contagio que representaban los menores, los más pequeños y con eso logramos construir desde el Congreso, no en el Congreso, pero sí desde el Congreso, una sinergia con muchos actores, donde Padres Organizados fue clave esencial en esto, y donde después los legisladores provinciales empezaron  a replicar el pedido de la declaración de la emergencia educativa en cada provincia y donde la Fundación Alem contribuyó con un documento técnico que era ‘volver a las aulas’, que fue muy importante, y creo que ese es un buen ejemplo virtuoso de cómo desde la oposición también, aún no teniendo los votos ni para impulsar el debate en la comisión de educación, se pudo reabrir y poner en agenda un tema tan importante como la educación.

¿Y falta mucho?, sí. Falta que se empiece a pensar cómo reparar esa tragedia educativa, cómo en los próximos años hacemos esfuerzos significativos para lograr que todos esos aprendizajes perdidos, esos retrasos, esos deterioros en los procesos de aprendizaje, se pongan en el centro de las políticas públicas y se trabaje en mayores esfuerzos para tratar de lograr que se tengan estrategias de compensación que le permitan a esa generación mitigar el daño que le ocasionó la pandemia. Entonces, como decía, cuando hablamos de educación los balances son distintos.

¿Y cuando hablamos de la agenda de las cuestiones de género cuál es su balance?

Cuando hablamos de la agenda de género ahí hay también un componente diferente porque diría que allí logramos que muchas de las iniciativas que impulsamos se convirtieran en ley porque se caracterizaron por la transversalidad, se caracterizaron por la capacidad de las diputadas de distintas fuerzas políticas en ponernos de acuerdo en impulsar esos temas más allá de nuestra pertenencias partidarias. Fueron ejemplos, el primero, la ley de paridad y después vinieron varias iniciativas más donde se destacó, digo por su proceso participativo y deliberativo, la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Pero después vinieron otro cúmulo de leyes que fueron posible sancionar a partir de ese trabajo articulado de diputadas de distintos bloques poniendo por encima la búsqueda de la igualdad, el reconocimiento de los derechos de todas las personas, de las minorías, del acceso de las mujeres a los puestos de decisión. Pienso que la dinámica de funcionamiento de cada uno de estos ejes, me refiero a la cuestión de la transparencia, a la de la educación y a la de género, ha sido distinta y cada una ha estado caracterizada por realidades diferentes.

Al margen de que en el período parlamentario que se ha iniciado usted no estará ocupando una banca, en su carácter de dirigente política y del radicalismo, ¿cómo imagina el rol del Congreso o cómo imagina será ese rol?, a partir de la nueva composición que tienen las cámaras. 

Es muy interesante esto para reflexionar, para pensar una estrategia. Creo que se trata de un escenario muy desafiante porque, a diferencia de años anteriores, la oposición está hoy en condiciones de construir una mayoría si fortalece, obviamente, el diálogo con otras fuerzas políticas; creo que está dado el contexto para eso. De manera que creo que es necesario construir mejores herramientas y, a la vez, creo también que el mayor riesgo que va a tener la oposición es no dejarse tensionar en los extremos. La presencia de algunos actores como la irrupción de algunas fuerzas que representan a los llamados ‘libertarios´ lejos de oficiar como una herramienta para ampliar la capacidad de dialogar con otras fuerzas políticas, puede ser una herramienta para hacer que Juntos por el Cambio se sienta tensionado para actuar en un extremo. Eso sería un gran error político; actuar en el extremo conduce a decisiones irracionales que, por ahí se festejan por un ratito en un twitter, pero al final del camino no son una ganancia ni para la oposición ni, fundamentalmente, para el país. Y creo que en parte lo que sucedió con el presupuesto 2022 demuestra eso ¿no?  

Reconducir un presupuesto con una inflación tan alta también es complejo porque le otorga una discrecionalidad al gobierno. Entonces, creo que el esfuerzo que va a tener que hacer Juntos por el Cambio es construir estrategias racionales, que conduzcan realmente, más allá de lo que de pronto un determinado nicho pueda estar reclamando, a ser una oposición sólida que permita construir mayoría no sólo para oponer sino mayoría para cambiar la realidad. Y ahí creo que va a estar el gran desafío. Yo estoy convencida que Juntos por el Cambio no puede ni debe abandonar el centro porque justamente allí es donde finalmente se terminan dando, como lo vienen demostrando los resultados de las últimas elecciones, los votos de los ciudadanos que permiten ganar o perder una elección, es decir, siendo capaces de interpretar al centro electoral de la Argentina.

Es allí donde usted cree que está el desafío que tiene Juntos por el Cambio  

Sí. Creo que el enorme desafío que va a tener Juntos por el Cambio es administrar esas diferencias que se empiezan a ver y el modo de resolver esas diferencias no sea posicionándose en un extremo irracional sino bregando por lograr ser el articulador de una mayoría que pueda mostrarle un camino distinto a la gente.

Fíjese que en la sesión en la que se trataba el proyecto de presupuesto en la Cámara hubo dos votaciones. Una la del proyecto de presupuesto, que terminó con el rechazo, y la otra que fue sobre la cuestión de Bienes Personal y emplazar a la comisión (de Presupuesto y Hacienda) para lograr su tratamiento. Ahí Juntos por el Cambio logró 130 votos detrás de un objetivo concreto. Después la cuestión terminó como sabemos pero el balance de ese modelo de construcción de mayoría es el que debemos imitar, es decir, encontrar propuestas concretas, superadoras, no irracionales para que, desde ese lugar, le permita a nuestro espacio político ser el articulador de una mayoría en la Cámara de Diputados.

Después de lo sucedido en la Cámara de Diputados con el rechazo al proyecto de Presupuesto 2022 ¿Cómo percibe que habrá de actuar el oficialismo?, ¿hacia qué rumbo cree que se dirige el gobierno?

Primero creo que el gobierno no tiene claro para dónde va y está atravesado por pujas internas que claramente también se expresan en la Cámara de Diputados; no está claro qué tan alineado está la mirada del sector más duro del kirchnerismo respecto de lo que representa la gestión de Alberto Fernández y eso se expresa en marchas y contramarchas en la propia cámara. Creo que el modo de resolver esas tensiones es el de la irracionalidad.

No tengo muchas expectativas en cuanto a que vayan a cambiar ni que hayan leído el resultado de las elecciones y que ello los lleve a una reflexión que les permita madurar o mejorar el modo con el que conducen o construyen poder sino todo lo contrario.

Da la sensación que ellos tienden a radicalizar posiciones y, justamente, cuando el presidente del bloque Máximo Kirchner decía el otro día ‘aprendan a escuchar’ es lo que ellos tiene que hacer; es como si se estuviesen hablándose a sí mismo, repitiendo tantas veces lo que debieran como un mantra que ellos debieran asumir y hacer que es aprender a escuchar el mandato y el voto de la gente. Y creo que las señales que vemos hasta acá vienen mostrando lo contrario.

Es por eso que no pongo las expectativas en ellos pero sí las pongo en Juntos por el Cambio, en que Juntos por el Cambio lea correctamente el escenario, actúe con madurez, con responsabilidad, con vocación de poder y realmente se convierta en articulador de una nueva mayoría que empiece a señalar el rumbo de hacia dónde queremos ir.

Y eso se hace no siguiendo Twitter sino entendiendo que en las cámara de Diputados y de Senadores, por primera vez desde el retorno a la democracia, van a surgir oportunidades enormes para demostrar que es posible también, con iniciativas concretas, empezar a construir el país que queremos que seguramente desde el 2023 en adelante lo vamos a poder hacer desde el Poder Ejecutivo.

¿Cómo cree usted que la sociedad percibe la situación a partir de las actitudes del oficialismo y de la oposición?       

Creo que la ciudadanía está cansada; creo que hay una situación de desgaste frente a un cuadro que es muy crítico en cuanto a los indicadores sociales que, como ya sabemos, muestran un 50% de pobreza en niños y niñas, los indicadores vinculados a la situación económica en general, en cuanto al crecimiento, respecto de la productividad, con la inflación, ese flagelo que va licuando día tras día el salario de los trabajadores, cuestiones que van como la gota que va rebalsando el vaso. Ello llama a actuar en línea con lo que decía en cuanto a actuar con mucha responsabilidad, leyendo estas preocupaciones y trabajar como ya se ha intentado para bajar la presión impositiva y que ello que convierta en una herramienta para generar empleo, que Argentina vuelva a ser un país confiable para los sectores productivos. Creo que ahí debe estar gran parte del esfuerzo de nuestro espacio político pero también en aquellos temas que creo que son cruciales para el futuro de la Argentina y que ese futuro sea mejor.

Y ahí no dudo que el debate por la educación, por la ciencia y la tecnología, son dos componentes vitales porque en la Argentina que queremos o imaginamos mejor eso sólo va a ser posible si estos dos pilares también entran en sintonía y en diálogo con un modelo de desarrollo diferente.

Y creo que quien tiene la capacidad para encarar ese proceso es Juntos por el Cambio.

Pero también Juntos por el Cambio tiene que encontrar, por ejemplo a través de sus fundaciones, el espacio para que el debate político tenga calidad, esté nutrido de la evidencia científica, esté nutrido de la mirada de especialistas y también esté nutrido del liderazgo político, es decir, la capacidad de interpretar toda esa información y toda esa estadística para la resolución de los problemas que se le presentan, en cada momento, a la Argentina.

Debe haber una respuesta de calidad ante la profundidad y gravedad que tienen los problemas de la Argentina.

¿Cómo imagina su futuro en la acción política?

Con el mismo compromiso que tuve hasta ahora, con las mismas ganas de seguir trabajando desde Córdoba, por supuesto, junto a muchísima gente que nos viene acompañando en los últimos años para seguir demostrando que se puede hacer política de otra manera, que se puede hacerlo integrando un pie en el territorio y el otro en la idea, con la capacidad de seguir involucrando los actores y también demostrando hacía dónde queremos ir, es decir, el camino que nuestra provincia y el país necesita. Y de ahí invitar a seguir redoblando los esfuerzos con la voluntad de siempre.