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21 10 2020

Bolivia recupera la institucionalidad democrática


Autor: Alejandro Garvie









Luego del golpe de estado blando llevado a cabo en noviembre del año pasado, la elección del domingo repuso al MAS en el poder. Una mayoría de ciudadanos parece haber ratificado lo votado en 2019, cuando la OEA acusó a Evo Morales de fraude.

Los liderazgos personalistas como el de Evo Morales son mal vistos cuando, como en este caso, no responden a los intereses concentrados y se enfrentan a ellos para hacer una sociedad más igualitaria. La controversia por la figura de Morales abrió la brecha para argumentar el golpe blando de la derecha boliviana, cuando el ejército “sugirió” que ya no apoyaba al líder del MAS y dejó la “zona liberada” para que las bandas armadas parapoliciales tomaran el poder, destruyeran la casa del presidente electo y encarcelaran a sus funcionarios, además de matar a cientos de militantes del MAS que resistieron en las calles.

Pero eso ya pasó, esos “detalles” del costo de desplazar a Evo Morales, bien valían la pena para salvar a Bolivia del populismo, afirmaron líderes como Jair Bolsonaro que rápidamente negoció, ventajosamente, contratos hidrocarburíferos con la senadora - ungida presidenta - Jeanne Añez Chávez. En el mismo orden, el gobierno de Añez, suspendió relaciones con Cuba y el Gobierno de Nicolás Maduro, retiró a Bolivia de la Alba y empezó a tramitar su salida de la Unasur, además de mantener tensiones con el Ejecutivo argentino, al que acusa de intromisiones para proteger a Morales, que reside en ese país desde diciembre. Además se acercó a Estados Unidos, que mantuvo una gran atención en todo el proceso, se suscribió al Grupo de Lima y dio todo su apoyo al encargado de Venezuela, Juan Guaidó.

La OEA atizó la situación electoral de 2019 con un informe, según el cual, el MAS había cometido fraude en las elecciones, en las que Morales iba por un cuarto mandato, luego de haber habilitado esa opción de modo controversial. Refutado por otros informes como el del MIT de los EE.UU. y publicado por el Washington Post, el informe de la OEA se estrelló contra la realidad el domingo pasado: En la mayoría de las mesas en las que el fraude era supuesto, el candidato Luis Arce del MAS obtuvo más votos que Morales en el 2019.

La encuesta de boca de urna del domingo a la noche - realizado por la encuestadora Ciesmori – decía que Arce obtenía el 52,4 por ciento de los votos y Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana el 31,5 por ciento. Con casi el 82 por ciento de las actas de las mesas de sufragio escrutadas hacia las primeras horas de este miércoles, Arce consigue el 53,58 por ciento de los votos, escoltado por el exmandatario (2003-2005) Carlos Mesa, con 29,59 por ciento, según el recuento oficial. En tercer lugar queda el derechista Luis Fernando Camacho, con 14,73 por ciento. El MAS, recupera así, el mismo caudal de votos que en la primera elección de Morales en 2005 y con la misma diferencia sobre la segunda fuerza.

Todo esto sucede en el marco de la pandemia de coronavirus del que ninguna sociedad ni economía se han podido sustraer. Obligó a posponer dos veces los comicios y el Banco Mundial calcula que su PIB caerá un 6,2 por ciento este año, algo muy gravoso para uno de los países más pobres de la región.

Las elecciones en Bolivia y las próximas en los EE.UU. y Ecuador abren una línea de estudio para correlacionar las chances de continuidad de proyectos políticos o de reelección de los presidentes en el marco de la pandemia. El COVID-19 ha generado caos y malestar y ha corrido el velo sobre muchos problemas “ocultos” que pueden ser endilgados a los gobiernos de turno, y muchos presidentes – con razón o no – podrían resultar chivos expiatorios de la voluntad popular. El tiempo dirá. Por lo pronto se abre en Bolivia un nuevo juego político con muy amplio apoyo de la mayoría de sus ciudadanos.