lunes 15 de julio de 2024
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¿Batalla cultural o roña política?

I. Se dice que es muy temprano para exigirle resultados económicos positivos a Milei, afirmación criteriosa que debería completarse con el dato descarnado que exhiben los artículos de primera necesidad en las góndolas de los supermercados. Temprano para pedir resultados positivos, pero me temo que se nos está haciendo tarde para digerir esa añeja fórmula de salarios empantanados en la planta baja y precios que ascienden veloces por el ascensor. Admito que es apresurado juzgarlo a Milei por setenta días de gobierno, pero no es apresurado sospechar que una vez más los recurrentes ajustes económicos los paga la clase media, los jubilados y los sectores populares. Es decir, a quienes se los puede asustar porque tienen algo para perder y, además, no están en condiciones de defenderse. No voy a cometer la ligereza de decir que los ricos no pagan, pero compartirán conmigo que la diferencia no es pagar o no pagar sino disponer de lomo para aguantar o no aguantar. “Vamos a sufrir mucho”, exclamó con tono compungido Bertie Benegas Lynch. Aramos dijo el mosquito.

II. Estamos mal y cada vez cuesta más disimularlo. A decir verdad hace rato que la clase media le viene gambeteando a la pobreza. Ahora nos dicen que hay que sufrir un poco más porque a la vuelta del camino nos espera la felicidad. Yo no sé si Milei miente o no miente, pero los años me han enseñado a creer más en las evidencias del tiempo presente que en las promesas edulcoradas del futuro. Una virtud hay que reconocerle al presidente: el ajuste lo anunció y desde el primer día dijo que no había plata. Por decir esas verdades catorce millones de argentinos lo votaron. Lo votaron y están dispuestos a bancarlo y bancarse los rigores del ajuste. La pregunta del millón en este caso no es si se banca o no, sino hasta cuándo. No vivimos en tiempos donde te podían consolar peregrinando cuarenta años en el desierto. Además hay que tener presente que once millones de argentinos no lo votaron, sin olvidar que muchos de los que lo votaron advirtieron que no estaban dispuestos a dar un cheque en blanco.

III. ¿Todo mal con este gobierno? No estoy dispuesto a compartir o sumarme a esta afirmación, pero tampoco estoy dispuesto a refutarla con demasiado entusiasmo. Por algo voté en blanco. De este gobierno me importa que haya puesto en debate temas económicos y sociales que eran tabú hasta hace no tantos años. Me importa que se ventilen privilegios y se ponga en evidencia la red de intereses corporativos que sostienen a un sistema político que, a no olvidarlo, es injusto, es corrupto pero permite que se beneficien en diferente escala millones de personas. Por supuesto que el equilibrio fiscal es necesario, que la inflación es insostenible y que el capitalismo criollo funciona mal. Sin afeites, sin antifaz o sin máscaras, el gobierno ha dicho en voz alta algunas de las causas de nuestras desdichas. El diagnóstico lo compartimos todos o casi todos, pero donde no parece haber unanimidad es en la terapia. ¿Yo qué pienso? No tengo vergüenza en decir que no lo sé. Y no me avergüenzo porque los que deberían saberlo: economistas, sociólogos, politólogos y académicos en general, tampoco lo saben, o lo que dicen saber es refutado por sus pares. Nos ha tocado vivir tiempos de incertidumbres. La neblina, las brumas y la garúa no están en el horizonte.

IV. Antonio Gramsci decía que el rasgo distintivo de una crisis es que los viejo no funciona pero lo nuevo aún no se ha constituido. Ese pasaje entre lo viejo agotado y lo nuevo ausente es la crisis. Y en ese recorrido se suceden las más diversas “situaciones morbosas”. Es probable que estemos hundidos en el morbo. Lo cito a Gramsci, en primer lugar porque lo he estudiado, pero sobre todo porque por motivos que pertenecen a la sabiduría de “Las fuerzas del cielo”, algunos voceros del gobierno lo han citado y por supuesto lo han citado mal. Dicho con otras palabras, el ataque de Milei a Lali Espósito no es “batalla cultural”, es grosería, vulgaridad y prepotencia. El incidente de todos modos no deja de tener su perfil gracioso: Lali Espósito agente gramsciana. ¿Esta chica habrá oído alguna vez hablar del marxista fundador, junto con Palmiro Togliatti, del Partido Comunista de Italia? ¿Sabrá que los aportes de Gramsci van más allá del marxismo y que esa obra intelectual la realizó en la cárcel adonde fue enviado por Benito Mussolini bajo la consigna de que “hay que impedir que funcione el cerebro más poderoso de Italia”? No exageraba el Duce. Gramsci es junto con Maquiavelo una de las expresiones más lúcidas de la teoría política de occidente. Lo admiten socialistas, liberales y conservadores. No, no exageraba el Duce. Es más, su certeza era tan absoluta que lo llevó al error, porque al encarcelar a Gramsci lo que logró fue exactamente lo contrario: puso en funcionamiento “al cerebro más poderoso de Italia”. Permitió sin proponérselo, que en las difíciles condiciones de la prisión este hombre, enfermo y solitario, produjera una obra de extraordinaria lucidez, una obra que escribió en hojas viejas, en rollos de papel higiénico, en improvisados cuadernos y citando a los clásicos del pensamiento político de memoria. Mussolini le ofreció la libertad si se arrepentía. Estaba enfermo, los sufrimientos físicos eran atroces, pero se negó a pedir clemencia. Cuando murió tenía 47 años. Más información, obtenerla de las investigaciones de su biógrafo, Giuseppe Fiori, o leer “Los usos de Gramsci” de Juan Carlos Portantiero. V Si es disparatado o grotesco sostener que los gruñidos del león contra Lali Espósito se enmarca en una épica batalla cultural, mucho más desopilante son las imputaciones de Milei contra López Murphy, a quien no vaciló en calificar de “basura”, o sus escupitajos contra el Congreso, a quien -tal vez en homenaje a Elia Kazan, colaborador preferido del senador McCarthy, muy amigo del ídolo del presidente, Murray Rothabard- calificó de “nido de ratas”, el título de la película en la que se lució Marlon Brando. ¿Adónde pretende llegar el presidente con esa catarata de insultos? López Murphy es uno de los “próceres” del liberalismo criollo, pero pareciera que esos laureles no perturban al hombre que amaba los perros. El ataque contra López Murphy, es de alguna manera el ataque contra ese veintiséis por ciento de votos que se le sumaron en la segunda vuelta. Extraño. Milei le dice a López Murphy lo que no se anima a decirle a Massa o a Cristina. Con sus aliados posibles “sonidos y furias”, pero con el kirchnerismo, amabilidades, discreción y silencio. ¿Raro, no? Yo admito que el Congreso está muy lejos de ser la niña más virtuosa de la política argentina, pero meter a todos los legisladores en la misma bolsa es pegarse un tiro en el pie y escupir para arriba al mismo tiempo. Lo entiendo a Milei. O creo entenderlo. Es fácil, y tal vez agradable, cosechar el aplauso fácil de la tribuna recurriendo a adjetivos descalificativos e insultos. Pero cuando tenga que sancionar leyes o tenga que ganar aliados, los aplausos ligeros de la tribuna no le servirán de nada y hasta es posible que los aplaudidores de hoy sean los silbadores de mañana. ¿Necesito recordarle a Milei que se gobierna sumando, no restando? A modo de conclusión, puedo decir una vez más que el gobierno recién llega al poder y que lo deseable es que concluya su mandato. Lo puedo decir y firmar, pero ocurre que cuando las cosas se compliquen y la gobernabilidad sea puesta en tela de juicio mi juramento y mi firma no valdrán nada. Yo no sé si “la veo” o “no la veo”, como se dice ahora, pero de lo que estoy casi seguro, aquello que los años me han enseñado, es que para gobernar en momentos de crisis es necesario establecer alianzas, forjar acuerdos. La soledad en política nunca es buena consejera. Y mucho menos en tiempos de ajustes.

Publicado en El Litoral.

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