jueves 30 de mayo de 2024
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Balotaje 2023: entre el alivio y la angustia

Alivio porque Javier Milei no fue el más votado, ni ganó en primera vuelta; angustia porque el más votado fue Sergio Massa. Angustia también porque Milei todavía puede alcanzar la Presidencia, y porque eso sólo podría ser evitado pagando el alto precio de ungir a Sergio Massa.

Sé que estos son dilemas de muchos, pero hablo por mí mismo. La posibilidad de que Milei de vuelta la elección en el balotaje no es muy elevada, pero tampoco es insignificante. De modo que tenemos como opciones las presidencias de fuerte continuidad con el gobierno K y todas sus lacras, y las de fuerte discontinuidad, con amenazas y peligros inclusive para el régimen constitucional.

No tiene sentido llorar sobre la leche derramada, o analizar resultados y explicar aquí quiénes votaron a quiénes y por qué, o asombrarnos por estos candidatos inefables. Diré apenas que la caída de Juntos por el Cambio tiene una resonancia melancólica: no pudo evitar ser constituido como el depositario único de la peor invectiva: la casta.

JM no es la casta por definición, y SM no lo es porque es peronista, y los peronistas están más allá de esa condición (que Chocolate e Insaurralde lo expliquen). Creo que el comportamiento de JxC – no necesariamente el de Patricia Bullrich – fue pusilánime (las recurrentes caídas de ojos entre Macri y Milei son un ejemplo).

No comparto la opinión de que la disputa en las PASO haya sido particularmente destructiva. Pero JxC careció de fuerza y decisión para mostrar una coalición más guerrera y enérgica (el discurso voluntarista de Patricia se desmentía a sí mismo).

El bloqueo de la entrada de Schiaretti lo ilustra; también la insólita demora en anunciar a Larreta como hipotético jefe de gabinete de Patricia. No dudo que Melconian tenga un equipo competente, pero se convirtió en un polemista centrado en los puntos débiles del gobierno (este problema se agravó porque los opositores tenían muchos límites para mostrar sus cartas, excepción hecha de un irresponsable dolarizador).

A Massa, al final – el final provisorio – Milei no se le “escapó de las manos”. Si podremos hablar de un liderazgo de Massa – supondría su llegada a la Presidencia y el cruce en un barquito de papel por las aguas turbulentas de 2024 – los resultados muestran una mayor gravitación relativa del candidato en relación al heterogéneo, proteico, conglomerado peronista.

Comenzando por el kirchnerismo, que ya venía cayendo en picada y desdibujándose. Pero este cambio en la relación de fuerzas no se ha consolidado, y sospecho que Massa está formateado para ya ir por todo. Algunos tramos del discurso de la noche del 22 son para mí inconfundibles: Sergio estuvo releyendo la alocución “desde estos balcones”, del general Perón en la noche del 17 de octubre.

O sea, un presidente no consolidado, encima de un tembladeral, sin recursos materiales ni simbólicos pretende llevar su mirada mucho más allá del horizonte. Algo incompatible con un programa de unidad nacional, composición, acuerdos parlamentarios de estabilización, recuperación económica y reparación social.

Massa no tiene margen de acción, ni autoridad ni capacidad de arbitraje para que los pagos políticos resulten, y de los económicos ni hablar. Así, los tiempos de la política argentina no se alargarán, no se crearán los vínculos de confianza que se necesitan, y Massa presidente seguirá siendo el candidato de sí mismo.

Todo esto promete un nuevo gobierno peronista, entendiendo por tal todo peronismo desde el 73 en adelante, exceptuando el único que los peronistas de todo pelo han resuelto dar por inexistente, borrándolo de la foto.

Nos queda como opción Javier Milei. Muchos se tomaron muy en serio sus anuncios, y entraron en pánico. Tuvieron razón. Pero todavía está en carrera. Es cierto que Milei ha intentado ampliar su base de sustentación en el seno de la política convencional, pero este reclutamiento no está enderezado a atemperar sus acciones futuras, a reconfigurar su agenda.

Es el precipitado que él necesita para gobernar conforme a sus determinaciones. El león no se va a conformar con una dieta herbívora. Sería un presidente imbuido de mesianismo y refundacionalismo, de la convicción de que se puede cambiar de arriba para bajo la Argentina, a fuerza de voluntad. Pero lo que desespera no son esas creencias, sino el empeño supremo que Milei pone en ellas.

Me refiero a la radicalidad y premura que Milei desea imprimir a su gobierno, y al contenido técnico de sus iniciativas; porque su variable de ajuste podrían ser las instituciones del régimen democrático. Se sostiene, no sin tino, que Milei no está contra la democracia. Soy escéptico al respecto.

Por un lado, porque la ideología de Milei es la de un totalitarismo de mercado. Una concepción política para la que el mercado lo es todo: todo lo terrenal debe organizarse según sus reglas, de modo que estas pueden absorber desde la competencia entre empresas hasta las relaciones entre padres e hijos o de un hombre con su propio cuerpo, pasando por la biomasa de los océanos.

A Milei le es indiferente la democracia. Prometió “derogar” un artículo de la Constitución Nacional o anunció su disposición de asumir la Presidencia sólo porque había ganado las PASO, quebrando el pacto democrático y republicano que es la base de nuestra convivencia política. Podría procurar un piso menos endeble de gobernabilidad, pero salir del paso implica una desfiguración de sus iniciativas que lo convertiría en una caricatura de sí mismo. Sería una configuración muy inestable, además, y la amenaza de juicio político tanto como la tentación de amordazar el Congreso sobrevolarían su cabeza.

Así, las cosas, las urnas nos esperan.

Publicado en Clarín el 24 de octubre de 2023.

Link https://www.clarin.com/opinion/balotaje-2023-alivio-angustia_0_JDYKhBhCWI.html

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