martes 23 de abril de 2024
spot_img

Arranca la campaña en los EE. UU.

Acaba de iniciarse en Estados Unidos la campaña electoral general de 34 largas e intensas semanas, entre republicanos (Trump) y demócratas (Biden). Los críticos del expresidente Trump están implorando a los votantes y a los medios de comunicación que mantengan al candidato republicano bajo el mismo estándar que cualquier político, aunque claramente no los es y no por razones virtuosas.

Durante ocho años, el huracán de noticias provocado por el comportamiento disparatado y la retórica agresiva e irracional, sin precedentes, de Trump ha enfurecido, regocijado y, finalmente, adormecido a gran parte del público estadounidense.

Acusaciones falsas, agresiones violentas y hasta la instigación y apoyo al asalto al Capitolio del 6 de enero, no han bastado para colocar en la papelera de reciclaje al blondo empresario. Ni siquiera los problemas legales de Trump – más de 90 causas – han logrado “des subyugar” a un electorado estadounidense que aparece hoy como favorito para derrotar al presidente Biden en noviembre, según un promedio de encuestas.

Una de ellas, de la consultora Suffolk, publicada esta semana, encontró que el 49 por ciento de los votantes ahora aprueba el desempeño de Trump como presidente, igualando el punto más alto que jamás haya alcanzado mientras ejercía ese cargo.

El columnista del Financial Times, Ed Luce, afirma que la candidatura de Trump está “tan fuera de serie que es casi paranormal”, pero la mayoría de las controversias del expresidente ya no llegan al público que está inmerso en un fenómeno que él llama “la banalidad del caos”.

Ese caos es alimentado a diario por Trump en sus apariciones en medios tradicionales o en las redes. Los últimos cinco días son una pequeña muestra de su accionar. El viernes, Trump pagó una fianza de casi 92 millones de dólares en un tribunal de Nueva York para apelar los daños y perjuicios que un jurado le ordenó pagar a la escritora E. Jean Carroll después de que fuera declarado responsable de abusar sexualmente de ella y difamarla.

El sábado, Trump se burló del tartamudeo de toda la vida de Biden y llamó “criminales” a los periodistas que asistieron a su mitin en Georgia. El domingo, el autoritario Primer Ministro de Hungría, Viktor Orbán, dijo que Trump le confió que pondrá fin a la guerra de Rusia con Ucrania porque si llega a la presidencia no le dará “ni un solo centavo” de ayuda.

El lunes, Trump prometió liberar a los manifestantes “injustamente encarcelados” del 6 de enero como uno de sus primeros actos si es reelegido en noviembre. El martes, Jim Sciutto de CNN informó en su nuevo libro que Trump había elogiado a Adolf Hitler por hacer “algunas cosas buenas”, según el exjefe de gabinete John Kelly.

También podemos incluir falsedades que ha lanzado, tales como que los demócratas utilizaron “inteligencia artificial” para crear un montaje de sus meteduras de pata en la audiencia de esta semana en la Cámara con el ex fiscal especial Robert Hur.

Toda esta técnica propagandística de cuño nazi no es más que seguir, al pie de la letra, los consejos de su ex asesor, Steve Bannon, que siempre sostuvo que la mejor manera de neutralizar a los medios de comunicación, a los que denominó “la verdadera oposición”, es “inundar la zona con mierda”. Y vaya que lo hace a diario.

Por su parte, el presidente Biden, está luchando contra este efecto difícil de revertir mediante el cual el discurso racional no permea a los votantes continuamente azuzados, iracundos y “sentimentales” por la retórica de Trump.

Biden no ha logrado traducir las mejoras económicas de su gestión en adhesión a su imagen, la que es atacada por asuntos como la inmigración, su política hacia Israel, su edad y sus frecuentes furcios que aparecen en los medios.

Para dar un ejemplo, el discurso racional y enérgico sobre el Estado de la Unión de Biden no movió el amperímetro de su reconocimiento público; según encuestas de FiveThirtyEight sugiere que no ha producido un aumento en su índice de aprobación, que actualmente se sitúa en un mínimo del 38 por ciento.

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Alejandro Einstoss

Ley Bases: Privatizaciones, un acto más del péndulo entre el Estado y lo privado

Fabio Quetglas

Optimismo tóxico

Luis Quevedo

Raíces de la crisis: el verdadero significado de la “batalla cultural”