miércoles 24 de abril de 2024
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Argentina y Galicia, un viaje de ida y vuelta

Juan Verano

Buenos Aires, 21 feb (EFE).- La migración de gallegos a Argentina durante el siglo pasado permitió el desarrollo social y económico de la mayor comunidad de ciudadanos de Galicia fuera de España; ahora, la compleja situación que atraviesa el país suramericano conduce a muchos descendientes a desandar el camino para volver a sus orígenes.

Según el Instituto Nacional de Estadística de España, el 17,7 % de los electores que participaron en las elecciones al Parlamento de Galicia, celebradas el pasado 18 de febrero, reside fuera de esta región del noroeste español.

De ellos, más de 165.000 viven en Argentina, considerada a menudo como ‘la quinta provincia gallega’.

Para algunos de los más veteranos, como Manuel Peleteiro, de 89 años y llegado a Argentina en 1958, ejercer el voto tanto en las elecciones autonómicas como en las locales y las generales no había sido una tarea sencilla hasta ahora.

El voto rogado, proceso administrativo que obligaba a los electores a solicitar (‘rogar’) el voto para sufragar, dejó de estar en vigor en 2022.

Peleteiro, originario de la localidad de Santa María de Oia (Pontevedra), trabajó como mozo de la limpieza durante sus primeros años en el país suramericano.

“Cuando llegamos a este país debíamos hasta el pasaje”, recuerda en una entrevista con EFE.

Posteriormente, Peleteiro cambió de gremio y ocupó varios cargos de gerencia en empresas fabricantes de helados.

Aunque nunca olvidó su Galicia natal, a donde ha viajado en numerosas ocasiones, pudo relacionarse con sus compatriotas y recordar su tierra gracias al Centro Galicia, entidad que agrupa a gallegos provenientes de las cuatro provincias: Lugo, Ourense, A Coruña y Pontevedra.

Arturo Pérez, de 80 años, ocupó cargos directivos en esta y otras instituciones gallegas.

En su caso, llegó al país suramericano en 1955 a los 12 años.

Su tío vivía en Argentina, desde donde los reclamó a él, a su abuela y a su madre, ambas viudas. La familia regentó primero una portería.

Pérez, originario de Villalonga (Pontevedra), estudió contabilidad en Argentina y se dedicó profesionalmente a varias actividades, pero finalmente se especializó en el sector turístico, construyendo un hotel en la localidad costera de San Bernardo, que aún gestiona.

“Argentina es un país generoso que te recibe y no pregunta nada. Uno se integra y tiene la dicha de estar aquí”, considera a EFE.

Ni Pérez ni Peleteiro necesitaron tramitar en ningún momento la nacionalidad del país suramericano, donde la vida era más fácil que en España.

“Hubo épocas en las que trabajando con 15 años yo le mandaba dinero en sobres (a mi familia en Galicia) porque no tenían recursos”, reconoce Pérez.

Para él, la supresión del voto rogado es también un triunfo de la comunidad gallega en Argentina.

“Éramos españoles ‘de cuarta’ (…) Incluso hicimos manifestaciones frente a la embajada para pedirles que no traicionaran a sus paisanos”, dice Pérez a EFE.

 

La juventud

Más de medio siglo después de las grandes oleadas migratorias de gallegos hacia el país suramericano, ahora son más los argentinos con nacionalidad española que vuelven a Galicia para ver colmadas sus aspiraciones.

Marcos Godino, de 28 años, es desarrollador de negocios en una empresa viguesa que trabaja en el sector de la inteligencia artificial.

Godino estudió en el Colegio Santiago Apóstol en Buenos Aires y desembarcó casualmente en Galicia en 2022, a donde llegó como turista para recorrer el Camino de Santiago.

“Estaba desgastado y no encontraba mi lugar en Argentina”, asegura.

Cuando llegó al colofón del peregrinaje, revisó la bandeja de su correo electrónico y encontró una respuesta de la Xunta de Galicia a una solicitud que había tramitado meses antes para obtener una beca de estudios en España. Habían aceptado su candidatura.

Godino se trasladó a Galicia, donde ha seguido de cerca la campaña de los últimos comicios autonómicos en los que ha votado.

Su caso es diferente al de Covadonga González, de 25 años, que cursa estudios de cocina y hostelería en una escuela profesional de Pontevedra.

Aunque parte de sus bisabuelos eran gallegos, su vínculo con la colectividad es más personal. A los cuatro años, Covadonga acudió con sus padres a un concierto de música ‘folk’ gallega donde su madre se encontró con su antiguo profesor de gaita.

Desde entonces, se apasionó por la cultura de esta región, más aún cuando inició sus estudios en el Colegio Santiago Apóstol, donde aprendió a hablar gallego, historia de Galicia y bailes tradicionales.

“A veces me siento más gallega que los propios gallegos”, afirma en declaraciones a EFE entre risas. EFE

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