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18 11 2022

Argentina 1985: ficción y verdad


Autor: Rodolfo Terragno









Una película, “Argentina 1985”, está conmoviendo en el mundo a gente que ignoraba un hecho único, ocurrido en la Argentina: el Juicio a las Juntas. Único porque en ningún otro país un gobierno civil envió a la cárcel a dictadores militares que lo precedieron.

En Chile, Augusto Pinochet —en cuyo gobierno hubo innumerables desaparecidos, torturados y asesinados— continuó siendo, durante gobiernos democráticos, jefe del Ejército. Y luego lo designaron senador.

En España, ningún miembro del régimen franquista fue a la cárcel; y los líderes democráticos, de izquierda a derecha, aceptaron como jefe de Estado a un Rey arbitrariamente elegido por Franco. El designado había jurado lealtad al Caudillo y fidelidad a sus principios.

La película “Argentina 1985” tiene ciertas diferencias con la realidad, pero eso no cuenta. Las películas históricas no son documentales, y si ésta hubiera sido un documental, no lo habría visto la gente que, en Madrid, París, Roma o Londres, aplaude hoy el Juicio a las Juntas.

Las novelas y películas históricas ubican en el centro de la escena un hecho crucial o una personalidad relevante, pero tienen necesariamente partes de ficción, con alteraciones y licencias. “Santa Evita”, la novela histórica de Tomás Eloy Martinez, no es una biografía de Eva Perón. La película “Revolución: el Cruce de los Andes”, no es un registro fiel del augusto cruce.

Este filme novelado nos ofrece la ocasión de ver una vez más los dictadores camino a la cárcel y recordar la historia auténtica, sin distorsiones literarias o políticas. El Juicio a las Juntas es una porción ilustre de la Argentina contemporánea.

Al finalizar de la dictadura que asoló al país desde 1976, hubo dos corrientes de opinión que se manifestaron claramente durante la campaña presidencial de 1983: Una sostenía que, en vez de demorarse en el pasado, el país debía construir su futuro.

Lo contrario —decían los exponentes de esta posición— era correr el riesgo de que se prorrogara la violencia y se enraizaran los odios. Ítalo Luder, candidato justicialista a la Presidencia, anunció que, de ser electo, convalidaría una auto-amnistía que los dictadores habían sancionado antes de dejar el gobierno. Luder creía que eso contribuiría a la pacificación.

La otra corriente, a la cual pertenecía el radical Raúl Alfonsín, no aceptaba que la impunidad de los dictadores facilitara la paz. Quienes debían conciliar —sostenían los miembros de esta corriente— eran las dos grandes fuerzas populares, el justicialismo y el radicalismo, pre-anunciando así lo que más tarde Alfonsín llamaría el Tercer Movimiento Histórico. Los participantes en esta corriente, no aceptaban que la democracia conviviera con los máximos responsables de delitos de lesa majestad.

Alfonsín asumió la presidencia el 10 de diciembre de 1983 y cinco días después convocó al Congreso a sesiones extraordinarias para que derogara aquella auto-amnistía del régimen militar. Y el mismo día creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), una comisión independiente, integrada por personalidades de gran prestigio y presidida por el escritor Ernesto Sabato.

La CONADEP inspeccionó 340 ex centros de detenciones y torturas, acumuló más de 50.000 páginas de documentos y testimonios, y alcanzó a contabilizar 8.960 personas desaparecidas.

Es seguro que fueron más. La CONADEP no habría podido identificar a todos y cada uno. Según distintas fuentes pudieron ser 10.000, 20.000 o 30.000. Sin embargo, no hacen falta tales cifras para mostrar el carácter exterminador del proceso militar.

Suponiendo que no haya habido ni un solo desaparecido más que los 8.960 individualizados por la CONADEP, se puede hacer un cálculo estremecedor: si en un país las fuerzas armadas secuestran invariablemente a una persona cada día, sin faltar ni uno solo, tendrían que pasar 24 años para que llegaran a 8.960.

El trabajo de la Comisión fue la base del Juicio a las Juntas, en la cual brilló el protagonista de la película “Argentina 1985”: el fiscal Julio César Strassera.

El juicio fue justo. Los defensores ejercieron sus roles sin cortapisas, y los acusados pudieron decir cuanto quisieron. Pero las pruebas de los crímenes eran irrefutables.

Los responsables máximos de aquella atroz represión, el general Jorge Rafael Videla y el almirante Emilio Massera, fueron condenados a cadena perpetua. Otro miembros de las Juntas, que habían tenido un poder menguado, fueron de todos modos remitidos a prisión, en un caso por diecisiete años.

Fueron, en proporción, penas más severas que tribunales internacionales impusieron a criminales de guerra. En Nuremberg, por ejemplo, los aliados —vencedores de la II Guerra Mundial— juzgaron a sólo 22 jerarcas nazis, coautores del exterminio de seis millones de judíos.

Si bien doce recibieron la pena capital, siete fueron condenados a prisión (entre ellos Rudolf Hess, secretario privado de Hitler) y tres absueltos. Hess se quitó la vida 41 años después, a lo 93, en una casa de verano instalada en el jardín de la cárcel de Spandau.

En la Argentina, el Juicio a las Juntas no fue un hecho sin consecuencias. El gobierno de Alfonsín sufrió tres asonadas militares y debió hacer esfuerzos para preservar la democracia, que finalmente preservó.

En 1990, el presidente Carlos Saúl Menem —partidario de la pacificación mediante el olvido— indultó a los dictadores, frustrando así la gesta judicial de 1985. Pero en 2007 la Corte Suprema —a instancias del presidente Néstor Kirchner— anuló los indultos y los dictadores debieron volver a prisión.

Se rescató así el propósito del Juicio a la Juntas: disuadir a potenciales aventureros absolutistas. La síntesis quedó en una frase de la CONADEP que Strassera eligió para concluir su acusación: “Nunca más”.

Videla murió en 2013 en la cárcel de Campo de Mayo. Fue el fin simbólico de un triunfo de la democracia. Triunfo debido a la fortaleza moral, el temple y el coraje de un hombre: Raúl Alfonsín.

Publicado en Clarín el 13 de noviembre de 2022.

Link https://www.clarin.com/opinion/argentina-1985-ficcion-verdad_0_TsSDPNH0GF.html