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19 12 2021

Ángeles Salvador: "Cuando empecé a escribir nunca me imaginé que iba a publicar algún libro en mi vida"


Autor: Esteban Lo Presti









Ángeles Salvador irrumpió en el mundo de la literatura local hace pocos años. En estos días presenta su nueva novela La última fiesta. Habitual colaboradora de Nuevos Papeles, sus Portarretratos de personajes públicos son de los más leídos.


Contanos cómo es que decidiste convertirte en novelista en una etapa de la vida donde muchas veces nos cuesta empezar nuevos proyectos.

Creo que en realidad no decidí convertirme en novelista, por el contrario, nunca imaginé que iba a serlo. Ni siquiera cuando empecé a escribir me imaginé que iba a publicar algún libro en mi vida. Y la verdad que fui muy afortunada en cómo se dieron las cosas, pero yo en realidad empecé a escribir de bastante grande, a los treinta y pico de años. La verdad que antes no tenía para nada el hábito de escribir. Sí tenía cierta noción de que podía si quería (pero que no sé por qué no lo hacía) ordenar o escribir, o que ahí había algo latente en mí que me podía salir bien, que si yo me tomaba el trabajo podía ordenarlo de una manera que no me fuera imposible. Hay un montón de gente que está preparada, que estudió otras disciplinas que no tengan que ver con la escritura o que son muy buenas inclusive oralmente, y que a la hora de escribir una carta o redactar un párrafo de lo que fuera no le sale.

Yo había tenido mis hijos, eran muy chiquititos y seguidos (de hecho, dos mellizos), me había separado y yo me anoté entonces en un taller de escritura como para tener un espacio de expresión. Yo había hecho muchos años teatro y, con la maternidad y la crianza de los chicos chiquitos, más la necesidad de trabajar para mantenerme en esa nueva instancia de separada, no era una buena opción. En cualquier separación o divorcio el tema económico se complica. Entonces, eligiendo opciones y en el sentido de pensar en una opción pragmática para poder combinar con este tema del poco tiempo libre que tenía (tampoco tenía mucha ayuda para dejar a los chicos con alguien que los cuidara y que yo pudiera salir de noche a algún ensayo o a hacer funciones de teatro, era imposible), me pareció que dos horitas de taller una vez por semana y después yo poder en mi casa sin más necesidad que un poco de silencio o que sea un silencio interno sentarme en una computadora a escribir, me podía servir. Aparte, me gustaba la idea de volver a insertarse en otro medio social, conocer nuevas personas, y así fue.

Empecé un taller con Esteban Schmidt y él me impulsó de una forma súper generosa, me estimuló, alababa mis escritos, mis textos y me dio mucha confianza en lo que yo estaba haciendo. En cierto sentido es como si me hubiera descubierto: descubrió que había una escritora latente y desde el primer momento me dijo “Vos vas a publicar”, así como si fuera una predicción. Ahí ya se me constituyó como un sueño imposible y se me abrió un gran deseo de ver lo que es esa aventura de terminar un libro. Después las cosas se fueron dando porque era todo un circuito de gente con sus textos leyendo, comentándolos, recomendando, como estas personas que íbamos a los talleres quienes tenían buenos textos o lecturas. Uno podía escuchar y sentir lo que hacían los demás, y eso pasó conmigo. Por suerte, me convocaron para publicarme esa novela que yo había empezado a escribir en el taller y que después terminé de escribir en otro taller. Y así fue cómo me convertí en novelista o en escritora.

¿Cuál es el camino recorrido desde tu primera novela, El papel preponderante del oxígeno, a esta nueva, La última fiesta?

Esa primera novela, El papel preponderante del oxígeno, tuvo buena repercusión, buena aceptación. Fue recomendada, fue leída, de a poco la iban descubriendo. Me llegaron felicitaciones o buenos augurios de unas personas importantes dentro del círculo literario. Y también pude publicar en Penguin Random House, que es una editorial gigante. Tuvo una buena distribución y una buena primera llegada a la prensa. La verdad que también mucha gente lo recomendaba en las redes, y me dio mucha confianza y una reafirmación en el hecho de empezar a completar una fase, como lo es la publicación, y después en el hecho de tener lectores. Yo creo que desde esa primera experiencia se hace imperioso y mucho más desafiante tener que sacar una segunda novela porque la manera de reafirmarse como escritor te da como esa sensación de vacío cuando uno termina algo creativo. Encima, en una primera novela uno pone todo lo que sabe escribir, todo lo que se le ocurre: las ideas o los pensamientos, las mejores metáforas, expresiones y gracias. Y cree que ya lo puso todo y dice “¿Cómo hago yo una segunda novela? ¿De qué voy a hablar si ya no tengo nada más para decir? El desafío es buscar eso y también mejorar y corregir aquellas cosas con las que uno sabe que quedó en deuda en ese primer libro publicado: todas las fallas de una ópera prima que puede tener una principiante. Lo que me había empalagado un poco de ese primer libro, tratar de evitarlo. Lo que me había resultado un recurso o tendencia fácil para mí en mi escritura, tratar de torcerlo. Avanzar, subir algunos peldaños en una escalera de una obra que tenía (y tengo) que empezar a vislumbrar. Y acrecentar el deseo de ser escritora y confirmarlo de una sola manera posible: escribiendo. Entonces, el recorrido tuvo que ver también con algunas decisiones de oponerse a esa primera obra en algunas cosas puntuales, por ejemplo, en la clase social de los personajes o en algunos problemas que tenían que ver con algo bastante oscuro y angustiante de la primera novela. Tratar de evitarlo y hacer algo un poco más frívolo, chispeante, irónico. Y ese fue el recorrido que me llevó a empezar a hacer esa segunda novela, La última fiesta.

¿Por qué elegiste estos personajes, el tiempo y el escenario para tu primera novela política?

En primer lugar, lo que decidí fue hacer unos personajes que tuvieran mucho dinero, que estuvieran en una clase social alta para oponerme a uno de los problemas básicos que tenía la protagonista del libro anterior, que era que tenía que trabajar mucho para hacer dinero y ascender socialmente. Por lo que acá yo no quería que sea un problema porque la falta de dinero le da ese tono de frustración cuando uno no tiene un peso, de rencor, de injusticia e, inclusive, de decadencia, sobre todo en los personajes que hago yo. Obviamente que no intento escribir para demostrar la dignidad de nadie, sino que todo lo contrario. Entonces, planteando ya ese escenario se me ocurrió ir a las locaciones que tuvieran una idiosincrasia argentina, un imaginario argentino, que tiene que ver con un jet set nuestro, que proyecta mucha fantasía para todos los que lo hemos visto por años en las revistas, ese jet set argentino que vacaciona en Punta del Este. Así que empecé haciendo la fiesta de cumpleaños de una mujer allí. A veces uno piensa cómo se tiene mucho dinero en este país y, por lo general, a veces la política tiene que ver. Hemos visto tantos políticos enriquecidos o, por lo menos, hemos visto tan pocos políticos pobres que me parecía que le daba una riqueza increíble a la trama o a los personajes de este mundo, de esta fiesta en Punta del Este, de ese jet set. Y me gustó también relacionarlo con el mundo cultural, el mundo del arte, ese tráfico de influencias entre la cultura y la política, la idea de cómo se insertan también los artistas en el mercado económico, cómo se financia el arte, cómo se necesita de la política o de escribirle discursos a esta, ganar becas o concursos, o trabajar de algo.

Y eso me pareció que me iba a dar una linda fauna de artistas y políticos excéntricos (o no tanto). Después pensé que esa mujer iba a estar casada con un político argentino y, como sucede en los años 2010 y también antes porque hay un flashback muy largo, se ve obviamente la historia política que yo viví por mi edad y eso que resuena en todos los lectores argentinos. Pero con mi editora también tratamos de no puntualizar en referencias históricas, partidos o movimientos políticos para hacer algo más global que nos parecía que podía suceder en cualquier parte o democracia del mundo. Esa convivencia entre algunas tramas de corrupción con tramas de enriquecimiento como modo de acumulación de poder. Muchos ya me han preguntado si cada uno puede pensar de qué partido o coalición es Guillermo, o por quién pudo haber sido coptado él para ser un candidato de nuestro país porque algo gracioso que hay también son esos candidatos por fuera de la carrera política que surgen.

¿Cómo desarrollás tu proceso de escritura?

Mi proceso de escritura se guía bastante por una especie de improvisación intelectual de mucho esfuerzo y concentración. Es como una especie de búsqueda meticulosa de palabras, de ideas, de una verdad y un tono que siempre sea equilibrado entre lo que me gusta a mí y sin conceder a lugares comunes como a emociones melosas. Cada tanto, también dejar que avance en las cosas que a mí me hacen reír, los destellos de humor como si me burlara de mí misma, de lo que estoy pensando mientras escribo o de las cosas más inconscientes. Es un trabajo de dejarse llevar, pero también de frenar mucho para pensar qué es lo que quiero decir no en un sentido humoral o didáctico, sino que qué es lo más verdadero de eso que yo entiendo que sucede en aquello que quiero recrear o en las situaciones que van apareciendo en la novela. Y con eso que va apareciendo se complica todavía más porque hay que crear una trama, encontrar qué es lo que sucede, ir cerrando subtramas. La verdad que yo al principio de ese proceso de escritura abro mucho y después tengo que cerrarlo. Y, a la vez, tardo mucho para empezar a hacer unas buenas líneas. Yo trabajo de otras cosas, tengo tres hijos, una casa, miles de temas de salud, así que esta segunda novela fue con muchos parates, no escribiendo todos los días ni durante muchas horas. Tardé mucho, cuatro años desde que se publicó la primera novela.

En tiempos de “literatura del yo”, elegís crear personajes y universos originales. ¿Por qué esa elección? 

Porque, primero, me encanta la ficción. Me parece que ahí hay una magia que provee el escritor en esa gracia de cómo hay un invento, una historia, cómo miente en la cara. Eso me parece que es muy lindo. Aparte, es muy lindo ese vértigo que da no tener nada, ser una especie de demiurgo que crea algo no existe. Creo también que te da una posibilidad de metáfora mucho más indescifrable, más inconsciente de cosas que vos no querés metaforizar al contar la propia vida. Entonces, me encanta después leer y entender cómo en esos mecanismos inconscientes está lleno de metáforas de cosas que nadie va a entender. Y ahí se mezclan un montón de cosas más fruto de la improvisación, de otro tipo de estado con la escritura. Tiene que ver con algo hasta inclusive más onírico, algo que no sucede tal vez tanto cuando el material es la autobiografía. También me pasa que (y es algo que siempre digo) soy totalmente cobarde y no me gusta exponer. Si voy a hablar de mi vida, tengo que hablar de los que me rodean y yo no pondría a nadie en un libro para que se sienta después leído o personajeado. Ya bastante sufro con que los conocidos a veces leen lo que está inventado, porque la verdad que uno se expone mucho. A lo que me refiero al decir cobarde es no tener ganas de que la escritura pase por revivir cosas dolorosas o tratar de verlas en una hoja para hacer una catarsis o para curarme de algo o sanar o lamer heridas. Me gusta la ficción, me gusta poder enloquecer un poco, lo absurdo, y eso me lo provee este género.

También me parece que es por el hecho de haber practicado y actuado en teatro. Tengo esa gimnasia en la improvisación, en resolver, en inventar de la nada y mentir. Un actor miente, arriba del escenario deja de ser él, por más que sea uno mismo, para convertirse en otro personaje. Acá me gusta crear ese espacio de ficción, de invención y de imaginario de historias y personajes que no sé de dónde salen. Es un estado bastante eufórico poder inventar nombres de cosas, personas, momentos, situaciones. Me gusta mucho más que recrear con exactitud cosas que ya conozco y que ya sucedieron porque sucedieron así.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Entre mis próximos proyectos, participar en alguna antología de ensayos. También tengo escritos unos cuentos que todavía no terminé, me gustaría tener un libro de cuentos. Pero mi idea es para el año que viene empezar a escribir una tercera novela. Desde que entregué La última fiesta en la editorial estoy todo el tiempo pensando en qué tiene que tratar, qué quiero escribir, cómo dialogar esta tercera novela con las otra dos, qué quiero probarme a mí misma. También estoy planteándome si voy a desarrollar más versatilidad, que creo que es algo que puedo hacer. Pero a la vez me gusta mucho el género y también haber probado con una trama policial. Las tramas más de thriller también me divirtieron. Así que son decisiones que tengo que tomar para una tercera novela. Y ver si tengo tiempo de terminar esos cuentos, que me gustaría publicar en algún momento.