sábado 13 de abril de 2024
spot_img

¿Alguien puede pensar en los niños?

Nos acercamos a la fecha estipulada por el Consejo Federal de Educación[1] para dar inicio al calendario escolar 2024 y, como un deja vú, asistimos a otro conflicto entre docentes y el Gobierno que deja sin clases a millones de chicos en todo el país. Desde hace décadas los primeros meses del año disparan los reclamos y negociaciones entre los gremios que nuclean a los docentes y el Gobierno[2]: apelando al derecho constitucional a la huelga como forma de reclamar aumentos salariales y mejoras en las condiciones laborales, los gremios ponen contra las cuerdas al Estado Nacional y las Provincias, que acusan recibo de la presión social que implica perder días de clase para los niños y sus familias.

Ayer la CTERA anunció un paro docente nacional para este lunes 26 de febrero, poniendo en peligro el inicio de clases 2024 y comprometiendo desde el arranque el cumplimiento del calendario escolar previsto con anterioridad. Si bien es cierto que otros gremios –nucleados en la CGT– no se plegaron a la medida de fuerza esperando el resultado de la mesa de diálogo convocada por el Gobierno Nacional para el martes 27, la tensión entre docentes y el Gobierno está a flor de piel, no sólo por la cuestión salarial sino también por el inminente dictado de un DNU que establecerá la educación como servicio esencial.

Pero más allá del lógico reclamo salarial y de los motivos que esgrimen los Gobiernos para retacear fondos en una economía que siempre está en crisis, el resultado de esta batalla clásica que se da en cada comienzo de año es el perjuicio directo para diez millones y medio de niños, niñas y adolescentes que transitan la escolaridad obligatoria en Argentina. Los paros docentes utilizan a los estudiantes y sus familias como rehenes ante la negociación con el Gobierno: imposibilitados de incidir efectivamente en el debate, hacen malabarismos para suplir la ausencia de clases al mismo tiempo que pierden horas de estudio que son fundamentales para su desarrollo y aprendizaje. Un informe[3] elaborado en 2022 por el Sindicato de Educadores Argentinos denunciaba que –desde 1983– se perdieron un promedio de 24 días de clase por año a raíz de los paros docentes. En algunas Provincias esto alcanzaba cifras aún mayores, como la Provincia de Chubut con un promedio de 37 días de clase por año o la de Santa Cruz con un promedio de 32.

Lo cierto es que la situación social y económica no da para más, y el Gobierno Nacional decidió echar más leña al fuego suspendiendo de manera intempestiva e inconsulta el envío a las Provincias del Fondo de Incentivo Docente (FONID) así como también de otros fondos correspondientes a conectividad, infraestructura y formación docente. Esta decisión se tomó luego del fracaso del tratamiento de la Ley Ómnibus en el Congreso, y al igual que la quita de fondos para sostener el transporte público, es considerada una represalia contra las Provincias por la falta de acompañamiento legislativo. El problema es que los perjudicados son ciudadanos argentinos, que deben afrontar aumentos exponenciales del transporte –mientras sus magros salarios están congelados– y, además, sufren el cierre de las escuelas debido al paro docente.

En un contexto en que sólo 16 de cada 100 pibes que empiezan la secundaria llegan a terminarla a tiempo y aprendiendo todos los conocimientos esperados[4], seguir apelando a los paros docentes como forma de reclamo –quitándoles más días de clases– es un flagelo inaceptable. La sociedad está cansada de quedar en medio de la pelea entre gremios y gobierno, la crispación social va en aumento y los paros no hacen más que profundizar la catástrofe educativa que arrastramos desde hace años. El Gobierno debería poner más voluntad –y recursos– para resolver este conflicto sin causar perjuicios a los estudiantes y sus familias, recordando que pesa sobre el Estado Nacional el deber de garantizar efectivamente el Derecho a la Educación en todo el territorio argentino.

[1] http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/normas/RCFE_451-23.pdf

[2] https://elauditor.info/editorial/un-clasico-de-comienzo-de-ano-en-el-que-todos-perdemos-por-goleada_a64147adb625c7a5c3763f54e

[3] https://www.seduca.org.ar/24959-2/

[4] https://argentinosporlaeducacion.org/informe/quienes-son-los-16/

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Maximiliano Gregorio-Cernadas

El poder revolucionario de la inmigración

Alejandro Garvie

En América Latina se debilita el Estado de Derecho

Fernando Pedrosa

Rusia: la matrix de la reacción autoritaria