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Al toque 08 04 2020

Alejandro Einstoss: "Provincias petroleras defienden el alto precio de las naftas"


Autor: Alejandro Einstoss










El precio de los combustibles en Argentina ya duplica el valor internacional, pero los gobernadores petroleros le pidieron al Secretario de Energía un barril criollo aún más caro. 


Desde principios de año, el precio internacional del petróleo cayó a la mitad de su valor y hoy se ubica entre 25 y 30 dólares. Sin embargo, el precio de los combustibles en nuestro país no ha tenido modificaciones y refleja un precio del crudo de alrededor de 50 dólares. 

¿Cuál es la consecuencia de que no se alinen el precio de los combustibles con el nuevo precio internacional? Que se genera una enorme transferencia de recursos de los consumidores a la industria del petróleo, que tiene efectos en la competitividad de todo el aparato productivo. 

La historia continúa con una nota reciente que los diez gobernadores de las provincias petroleras envían al Secretario de Energía solicitando la implementación de un barril criollo a 54 dólares. En la misma nota también solicitan que se regule el margen de rentabilidad de las refinadoras y es aquí donde está el centro de la discusión. Ya que los ingresos provinciales están atados al cobro de regalías y, en menor medida, al cobro de Ingresos Brutos, estos impuestos están atados al precio del barril de petróleo. 

De fondo se esconde también una controversia entre las empresas petroleras integradas -es decir, las que producen y refinan-, lideradas por YPF, con aquellas que sólo producen. Esta situación no es novedosa. En 2014 con los mismos argumentos -aumentar la producción, mantener la actividad y mantener el empleo- se implementó un barril criollo en torno a los 70 dólares, que duró durante cuatro años. 

El final de la historia muestra una transferencia desde los consumidores a la industria por más de 15.000 millones de dólares que no lograron los objetivos previstos. 

Esta historia tiene ganadores y perdedores. Del lado de los ganadores: el Estado Nacional, que cobra impuestos sobre combustibles caros; las provincias petroleras que cobran regalías e Ingresos Brutos y, como es lógico, las empresas petroleras que venden su producto a un precio por encima del precio internacional. Sin embargo, del lado de los perdedores estamos los consumidores y el resto del aparato productivo. Pero esta historia promete continuar.