viernes 24 de mayo de 2024
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Adolfo Rubinstein: “Hay evidencia de la seguridad y efectividad de la vacuna contra el dengue para zonas endémicas”.

Adolfo Rubinstein dijo que “la relación entre dengue y pobreza es muy clara”

El ex ministro de salud aseguró que hay evidencia” sobre la “seguridad y efectividad para zonas endémicas” de la vacuna contra el dengue y se pronunció en favor de vacunar a la población en “jurisdicciones con dengue todo el año”.

En una entrevista con Clarín, el exministro de Salud, Adolfo Rubinstein juzgó que “hay evidencia” sobre la “seguridad y efectividad para zonas endémicas” de la vacuna contra el dengue; distinguió la necesidad de avanzar con la necesidad de inocular a la población que habita en la Ciudad de Ciudad de Buenos Aires de aquella que se encuentra en “jurisdicciones con dengue todo el año” y en las que “se deben tomar decisiones particulares, más allá de que está en debate si tiene sentido inmunizar en medio del brote; opinó que “en el caso de provincias como Salta, Misiones o Corrientes, por ejemplo, que empezaron a vacunar, el Estado nacional debería hacerse cargo” de la aplicación y, por lo tanto “apoyar a estas provincias”; remarcó que “la relación entre dengue y pobreza es muy clara” y sostuvo que “si bien es cierto que en Argentina el sistema de salud pública está descentralizado y depende de las provincias o municipios, la realidad es que el Ministerio tiene una responsabilidad fundamental en las políticas nacionales”.

Admitió que en su caso personal, tras aclarar que vive en la Ciudad de Buenos Aires, no se ha aplicado la vacuna contra el dengue al no tener “ninguna indicación para hacerlo” en virtud de que en CABA es una zona “en la que no hay circulación endémica y todavía no hay demasiada evidencia sobre si en zonas así amerita la indicación”, pero subrayo: “Distinto es lo que se decida en materia de políticas públicas para jurisdicciones con dengue todo el año, donde se deben tomar decisiones particulares, más allá de que está en debate si tiene sentido inmunizar en medio del brote”, apuntó.

Cuando se la planteó que el gobierno planteó que la OPS no recomendaba la vacuna, aunque el organismo no se pronunció realmente en esa línea, Rubinstein, expresó: “La OPS no desestima la vacuna para nada y no creo que haya que desestimarla. Hay evidencia de su seguridad y efectividad para zonas endémicas. El tema es que se está dando una gran confusión. Por un lado, la mayoría de las obras sociales y prepagas no cubren la vacuna o lo hacen parcialmente. Y mucha gente se la está aplicando sin una indicación clara, en base a decisiones discrecionales”.

Al requerírsele su opinión acerca de que el Ministerio de Salud no ha decidido vacunas en zonas endémicas donde el brote de dengue es muy fuerte, respondió que “en el caso de provincias como Salta, Misiones o Corrientes, por ejemplo, que empezaron a vacunar, el Estado nacional debería hacerse cargo. Digo, en este brote brutal y en las zonas con alta circulación y alta mortalidad donde el virus está afectando a poblaciones muy vulnerables. Creo que el estado debería apoyar a estas provincias”, dijo.

Respecto de recientes expresiones del ministro de Salud, Mario Russo, en cuanto a que la cartera a su cargo ‘no es un supermercado que deba mandarles productos a las provincias, Rubinstein contestó: “En gran medida tiene razón. Las provincias habitualmente esperan que el Estado nacional les provea bienes y servicios, como vacunas, ambulancias, medicamentos, insecticidas y otros insumos críticos, sin ninguna condicionalidad. Es un error”, apuntó.

“Una de las cosas que hicimos nosotros (durante la gestión del gobierno de Cambiemos del que fue ministro de Salud) fue reforzar las llamadas ‘transferencias contra resultados’. Se transfiere, por ejemplo, financiamiento, en la medida en que la provincia cumpla las metas acordadas. Así, el financiamiento queda atado a objetivos ligados a indicadores que mejoren la salud pública. Lo contrario es una idea de federalismo distorsionada. Hay que revalorizar el federalismo inteligente, frente al federalismo bobo que predomina acá”, subrayo el ex titular de la cartera de Salud, médico y profesor titular de Salud Pública de la UBA, investigador del Conicet y actual director del Centro de Implementación e Innovación en Políticas de Salud (CIIPS) del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS).

Al requerírsele una descripción acerca de lo que llamó ‘federalismo inteligente’, Rubinstein planteó: “Frente a la pretensión de que Nación resuelva todo sin nada a cambio, un federalismo inteligente implica que las provincias se hagan cargo de lo que les toca y que el Estado, por su parte, defina las políticas nacionales para lograr objetivos certeros. Por ejemplo, reducir las disparidades sanitarias asignando recursos de manera equitativa”

“La relación entre dengue y pobreza es muy clara”, fue la primera de las definiciones del ex ministro al reflexionar acerca de cómo la Argentina se encentra actualmente atravesando el peor brote epidemiológico de dengue. Y completó: “En los 70, salvo en los países del sur asiático, el dengue no existía. Ahora está en más de 100 países y cada vez baja más a las zonas subtropicales y templadas. Llega antes y se va después. Claramente hay una relación que se ve al interior de las ciudades, en asentamientos y villas, que hoy están estalladas de casos. Hay un ecosistema que muestra una relación muy lineal entre pobreza y exposición. Es lo que en salud pública se suele llamar “determinantes sociales”. O sea, ‘las causas de las causas’. Son, desde el tratamiento del agua y la disponibilidad de agua corriente hasta la recolección de residuos y el hacinamiento. Todos factores que influyen más allá de los grandes factores, como el cambio climático y la urbanización acelerada”

“La Argentina empezó a re emerger en materia de dengue a fines de los 90, un virus que era más común en Brasil y Paraguay. La gran epidemia fue en 2009 y en parte provocó la renuncia de (la ex ministra de Salud y actual legisladora porteña Graciela) Ocaña. El segundo brote grande, cuando todavía había un ciclo, fue en 2016, en el principio de la gestión de Salud de Jorge Lemus. En mi gestión no hubo brotes importantes, aunque tuvimos amenaza de Chikunguña, Zika y fiebre amarilla. Ahora bien, ¿cuánto de esto se podría haber evitado? No sé. Hay determinantes climáticos, geográficos y sociales. Difícilmente los pueda evitar una gestión de gobierno. Digo para no echar culpas absurdas, aunque es cierto que en 2022-2023 hubo un brote de dengue importante y muy poca movilización de recursos para focalizar en las áreas endémicas, bloquear las bases de vectores, fumigar selectivamente, ‘descacharrear’”, enumeró.

Admitió que en alguna medida respecto de la adopción de acciones de prevención tuvo influyó la última la campaña electoral. “Y.… en parte fue la campaña electoral. O, más bien, después de la pandemia empezó una etapa de cierta parálisis del Ministerio de Salud y el año pasado no se hizo nada. Ahora bien, ¿en qué medida se podría haber parado este brote que está superando en un 50% el del año pasado? Difícil decirlo”, aclaró y trazó un balance de la gestión de la gestión del gobierno frente a la crisis sanitaria provocada por el dengue. “El ministro de Salud asumió con esto estallado. A mediados de diciembre se sentaron a mirar cómo venía la mano y no creo que la gestión anterior se las haya hecho fácil”.

“A esto se suma que tardaron en nombrar muchos funcionarios y todavía hay varios por nombrar. Más allá de eso, uno no les puede echar tanta culpa. Sí es cierto que hay un par de funciones que dependen del Ministerio y que son indelegables. Una es que hay que salir a hablar. Una responsabilidad indelegable de la función pública es salir a comunicar, tranquilizar a la gente. Hay que hacerlo”, subrayó Rubinstein.

Cuestionó luego la situación planteada por la falta de stock de repelente y describió en ese sentido que esa circunstancia se denunció “ya a principios de enero. Pasaron meses y no se lo resolvió. No se entiende cómo no se abrió antes la importación de repelentes, algo que llama la atención siendo este un gobierno que habla de ‘libertad y mercado’ y asigna recursos según ‘oferta y demanda’. Lo mismo en cuanto a que los laboratorios nacionales que podrían producir repelente no insumos básicos, como por ejemplo envases. En Brasil y Paraguay la epidemia es mucho mayor y no les falta repelente”, ante lo cual se refirió, ante una consulta, a la cuestión que surge de que algunos de esos laboratorios son de gestión pública y eso lleva a recordar que el gobierno haya efectuado recortes abruptos a la investigación científica y a las universidades. Se le preguntó si esas decisiones podrían impactar en el sistema de salud y Rubinstein contesto: “Obviamente. Claro que sí”.

“Si bien es cierto que en Argentina el sistema de salud pública está descentralizado y depende de las provincias o municipios, la realidad es que el Ministerio tiene una responsabilidad fundamental en las políticas nacionales. No puede desentenderse de la promoción del desarrollo en materia de innovación tecnológica y científica. Es una función clave. El ministerio no sólo debe proveer bienes y servicios sino también facilitar las políticas para que la innovación tecnológica llegue a todos por igual. En la práctica, esto implica garantizar que en las provincias del Norte la frecuencia de cáncer de cuello de útero, de mama o la enfermedad cardiovascular no sea ocho o diez veces mayor que en las provincias más ricas. La función del Ministerio de Salud de la Nación es indelegable”, subrayó.

Cuando se le recordó que el Presidente, Javier Milei, dejó en claro que dispondría un achicamiento de las áreas sociales y científicas, pero también se le planteó hasta qué punto puede funcionar el Ministerio con los recursos que tiene hoy, Rubinstein respondió: “El tema es que cuando en el macrismo Salud bajó de Ministerio a Secretaría, no se tocó el presupuesto. Fue una pésima decisión porque fue decorativa. No cambió nada. Si había un objetivo, no se cumplió. Ahora bien, tener el mismo presupuesto nominal, obviamente es un serio problema cuando tuviste más de 200% de inflación. Podes tener una crisis y decir no hay un mango, pero tenés que preguntarte qué vas a priorizar. En salud hay cosas que no podés recortar. Y, en otras, el ejercicio de recorte debe ser meticuloso. No se puede hacer ‘tabula rasa’, como está pasando”.

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