jueves 30 de mayo de 2024
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Hasta la victoria siempre

Cuba, largo lagarto verde como la nombró el poeta, no deja de hacer historia. Independientemente de cual sea el juicio que se tiene sobre la revolución, su evolución y sus resultados es inevitable mencionarla entre los grandes acontecimientos socio-políticos del siglo XX.

Entrado el siglo XXI, nos entrega una novedad igualmente histórica: la de un régimen populista –esto corre por mi cuenta teórico-conceptual– resuelve el complejo tema de la sucesión sin recurrir a familiares de los líderes (remember entre nosotros a Isabelita “No me atosiguéis” Martínez de Perón y cómo terminamos) y sin hacer eclosión.

Los mecanismos institucionales al uso cubano funcionaron adecuadamente (en términos de Huntington en Cuba hay gobierno): alguien toma las decisiones y las mismas se cumplen de acuerdo a ciertas reglas al igual que en Rusia, Estados Unidos, Costa Rica, etc. No se nos escapa que aquí hay instalada una discusión de primer nivel, ya que el régimen político cubano es un animal extraño que combina democracia de base, partido único y autoritarismo socio-cultural. Pero no parece un dato menor que actualmente de los cinco vicepresidentes, tres sean mujeres. Una cifra de participación de género en posiciones de poder difícil de encontrar en democracias liberales.

El nuevo presidente, como no podía ser de otra manera, es un cuadro ideológicamente formado en la etapa pos-revolucionaria lo que implica tanto haber pasado por el nuevo sistema educativo cubano como haber sufrido las consecuencias del bloqueo norteamericano.

Pero hay un hecho que creemos debe ser destacado: Miguel Diaz-Canel, ingeniero de profesión, tuvo a su favor para ser electo como elementos definitorios sus eficaces y eficientes pasos por la dirección de la administración de dos de las principales provincias cubanas. En términos más directos, el nuevo presidente de Cuba es un probado eficientista.

Se verá en las etapas que vienen hasta donde es capaz de llegar en las reformas políticas y en las transformaciones estructurales necesarias en el régimen de producción, acumulación y distribución de bienes y servicios.

Mientras tanto en nuestras costas, como señalamos hace poco, los muchachos del equipo de gobierno siguen en el centro del ring, con la guardia bastante baja lo que le permite a La Tigresa Inflación llenarles las caras de dedos .Quizá les convendría mirar en los retiros “espirituales”, a los que parecen ser afectos, las películas de las peleas del Nicolino Locche a ver si aprenden a vistear un poco. De paso en los ratos libres podrían leer o releer a don Keynes.

Estas y otras dificultades gubernamentales han llevado al grupo de intelectuales identificados como Carta Abierta a producir la CA25 a fin de esclarecer a los ciudadanos, confundidos, con respecto a la dinámica sociopolítica y económica  en general y a la de sus vidas privadas en particular.

Pero ya casi de entrada nos topamos con un pequeño-gran problema; refiriéndose a la “medición” de la dinámica política criolla señalan que por suerte el gobierno “no tiene aparatos tan sinuosos de medición” (sic). Con tant@s graduad@s de Filo y Letras entre sus redactores y meten la pata de esta manera: creo que, los caminos pueden ser sinuosos no así los aparatos de medición. Me permito acercarles una redacción posible a lo que parece quieren decir que me ha soplado mi mamá, profesora de Literatura Española, desde su cajita de cenizas de arriba del armario. Dice que deberían escribir: “el gobierno no tiene aparatos para medir las sinuosas ondulaciones de fuerza…”.

Pasado este primer momento de pequeña confusión el documento, en términos casi poéticos, pasa a informar a los ciudadanos argentinos, al pueblo mismo, que “hablar… ahora es simplemente un acto que surge de la evanescencia de las maquinarias de medición…” y que todo es fácilmente entendible ya que “el macrismo es un gobierno de papel maché sostenido por hierros duros de un capitalismo de mastines”. Más claro tómense unos mates y chau.

Pero no se tiene que perder la pista de uno de los temas centrales del grupo: la política emancipatoria y su proyecto, truncado inexplicablemente a fuerza de votos –incluyendo los de sectores populares– y un simple lema: “Cambiemos”.

La solución propuesta no es, sorprendentemente (¿?), demasiado imaginativa: la constitución de un frente para confrontar con el del gobierno. El mismo debería contar con el Peronismo, aunque parece que no todo, las fuerzas democrático-populares, las fuerzas nacional-populares, la fuerzas de izquierda y las del movimiento social. Sobre las cuatro últimas no aparece ninguna mención que permita identificar a que actores individuales y/o colectivos se refieren los redactores de CA25.

Escrito esto, CA25 pasa a analizar el tema del liderazgo de este frente y proyecto emancipador. Adelantándose al texto, el lector se pregunta curioso: ¿será un dirigente obrero probado en las luchas por el salario y las condiciones de trabajo, una dirigente de un movimiento social inmersa en la temática de la salud y la alimentación de los sectores más postergados, alguien proveniente del área cultural?.

Nada de eso. Carta Abierta tiene un as en la manga: una representante iluminada de la burguesía provincial ascendente, que Vuitton en mano, es capaz de enfrentar a los públicos más difíciles y contreras, señalarlos con el dedito acusador, pegar cuatro gritos y luego –como se ha visto reiteradamente en los últimos años– tomar la peor decisión posible.

Como le gustaba recordar a nuestro profesor de Latín, el hombre –en sentido genérico– es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

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