domingo 25 de febrero de 2024
spot_img

Trumpopulismo

Trump, llegó a la Casa Blanca convenciendo a los “americanos profundos”, de los estados del “cinturón del óxido”, de que los causantes de todos sus males eran las elites políticas de Washington. Al asumir, armó su gabinete con CEO’s millonarios, el equipo de gobierno más rico de la historia moderna. La Administración está plagada de ejecutivos corporativos de alto nivel con escasa o nula experiencia en la cosa pública. Ante una multitud, en Iowa, Trump argumentó sin ruborizarse: “Amo a todas las personas, ricas o pobres. Pero en estas posiciones particulares, simplemente no quiero a una persona pobre”.

Su “elite” de millonarios ya ha recibido un beneficio fabuloso con un enorme recorte de impuestos y, en retribución, los magnates lo reciben en sus clubes de lujo, donde le organizan colectas de campaña de a 100.000 dólares la pareja de golf. La coalición, formada en la Argentina de los años noventa por ricos y pobres –aquella que llevó a Carlos Menem a la presidencia– parece funcionar, hasta el momento, porque los votantes de Trump mantienen la esperanza de revivir la promesa del sueño americano.

Para ellos, la reciente barrera a las importaciones de acero y aluminio suena a la reivindicación de sus reclamos, cuando en rigor, será todo lo contrario: el inicio de una guerra comercial en la que todos pierden. Al respecto ya se pronunció el vocero del FMI, Gerry Rice: “Las restricciones a las importaciones anunciadas por el Presidente de los Estados Unidos probablemente causen daño no solo fuera de los Estados Unidos sino también a la economía estadounidense misma, incluyendo a sus sectores manufactureros y de la construcción que son importantes consumidores de aluminio y acero”.

La pata pobre de la alianza electoral de Trump tiene motivaciones profundas. Para el profesor Amy Chua, de Yale, “Trump ha reunido dos poderosas tendencias en los EE.UU., forjando una conexión entre el sueño americano tradicional, profundamente arraigado y los aspectos más glamorosos y obsesionados con las celebridades de la cultura moderna. Un año después del experimento, no cabe duda de que está funcionando. Si queremos dar sentido a este momento estadounidense, tenemos que entender qué es lo que impulsa la extraña alianza entre extravagantes multimillonarios y votantes de cuello azul, lo que lo hace tan profundamente estadounidense, y hacia dónde podría ir después”.

Para Chua, las argumentaciones acerca de que Trump es un genial vendedor que ha embaucado al electorado nos son suficientes: “Estados Unidos hoy está completamente dominado por el tribalismo político, y las personas que piensan que el populismo multimillonario de Trump es solo una estafa, se están perdiendo algo fundamental. Como descubrió el profesor de Dan Yahn, las posturas políticas de los estadounidenses, tanto liberales como conservadoras, están menos motivadas por el interés individual que por la ‘lealtad a importantes grupos de afinidad’. Lo que a los votantes les preocupa más es el triunfo político de su tribu. Y para millones de estadounidenses de bajos ingresos, Trump ha hecho un trabajo extraordinario presentándose a sí mismo como parte de su tribu, creando un vínculo  entre un multimillonario famoso y votantes obreros, mientras excluye a las ‘élites’ políticas que antes mediaban esa relación”.

Trump, al contrario que los populistas de izquierda, como Hugo Chávez, ataca a los intermediarios entre el poder económico y los votantes, es decir, a los políticos. En tanto que Chávez iba en contra de las elites capitalistas y del sistema todo. Ambos fascinan con su trasgresión, ambas experiencias parecen demostrar la “ley de Hierro de la Oligarquía” de Robert Michels.

Trump gobierna objetivamente para los ricos y nada ha hecho para sacar de la pobreza a 47 millones de norteamericanos que viven bajo esa línea. Al contrario, impulsa el desmantelamiento del Obamacare, de los cupones de comida y otros programas de asistencia social que les dan cierto alivio. Eso alejará, tarde o temprano, la panacea del sueño americano. Según una encuesta de Pew, el 90 por ciento de los norteamericanos no variará su situación económica de una generación a otra. La riqueza es, cada vez más, un asunto hereditario.

Mientras Trump sigue su paso destructor por su país, Silvio Berlusconi –antecesor suyo en materia de populismo de derecha– vuelve a ser hombre fuerte en Italia. Días difíciles para la democracia.

spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Emilio Cornaglia

¿Alguien puede pensar en los niños?

Alejandro Garvie

La contra cumbre de Davos

Maximiliano Gregorio-Cernadas

Abordajes de la política exterior argentina