sábado 15 de junio de 2024
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La reacción intelectual contra la realidad política

Dos libros están en el tapete y ambos indagan sobre problemáticas de nuestro tiempo. Uno es Sobre la Tiranía. Veinte lecciones para aprender del siglo XX del historiador

Timothy Snyder, docente titular en la Universidad de Yale, discípulo y amigo personal del politólogo fallecido Tony Judt. El otro se titula Para Combatir esta era. Consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo de Bob Riemen, ensayista, fundador y presidente de Nexus Institutute, creado en 1994, con 8.000 sólo en Holanda dedicado a la tradición del Humanismo Europeo y organizando simposios y conferencias especiales.

Snyder está inquieto por la falta de reacción de la sociedad norteamericana ante el avasallamiento de las instituciones por parte del Donald Trump. En declaraciones públicas ha afirmado “Estados Unidos tiene un presidente con actitudes propias de un tirano y la democracia norteamericana ya sufre grandes problemas”.

Para Snyder la historia nos ayuda a entender que la vida está llena de posibilidades y que algunas de ellas han sucedido. Si se tiene en cuenta -afirma- el comportamiento de las sociedades en los años 1920 y 1930 , no es que ahora seamos más inteligentes, para poder evitar repetir los mismos errores que llevaron al fascismo.

Algunos de los críticos de Snyder consideran que la comparación de Trump con Hitler es exagerada y trivializa la magnitud de la tragedia que fue el nazismo. El autor aclara: “Lo que hay que recordar -y es lo que enseñan los supervivientes- es que lo que se convirtió en asesinatos masivos en 1941 fue a causa de un cambio de régimen en 1933 y el cambio de régimen lo propició gente no muy distinta a la de estos días”.

Su libro es considerado una advertencia contra lo que denomina “obediencia preventiva”. “Cuando hay -afirma- un cambio repentino en la vida política, tendemos a adaptarnos a ella automáticamente”. Pero una vez que esto sucede, los autoritarios ya han demostrado lo que son capaces de hacer y luego es difícil hacerles retroceder.

Para Snyder la democracia requiere el estado de derecho, este requiere confianza y la confianza necesita que creamos en la verdad. Tanto Trump como Putin antes que él, han entendido que la forma más fácil de deshacer la democracia es apuntar a su fundamento: el sentido de la verdad. Los fascistas lo descubrieron hace un siglo.

En su libro Sobre la Tiranía recomienda a los ciudadanos a no obedecer por anticipado. La obediencia anticipatoria es una tragedia política. Puede llevar a un cambio total de régimen: “Tendemos a presuponer que las instituciones se sostendrán automáticamente, incluso frente a los ataques más directos”. Ese fue, justamente, el error que cometieron muchos judíos alemanes respecto a Hitler y los nazis, después que formaran gobierno. En una editorial de un diario de la comunidad se escribió: “No creemos que los nazis vayan a poner en practica las propuestas que circulan en los periódicos: no van a privar a los judíos de sus derechos constitucionales, ni a encerrarlos en guetos, ni a someterlos a los impulsos envidiosos y homicida del populacho de la noche a la mañana”.

Indica Snyder que Thomas Jefferson probablemente nunca dijo  que la “vigilancia eterna es el precio de la libertad”, pero otros estadounidenses de su época desde luego sí lo hicieron. El sentido de esta máxima es que la naturaleza humana es tal que la democracia norteamericana debe ser defendida de los ciudadanos que pudieran aprovecharse de sus libertades para provocar su final.

Una recomendación tajante de Snyder es creer en la verdad. Renunciar a los hechos es renunciar a la libertad. Si nada es verdad, nadie puede criticar al poder, porque no hay ninguna base sobre la que hacerlo. Si nada es verdad, todo es espectáculo. La billetera más grande paga las luces más deslumbrantes.

Entre las críticas a Trump, el historiador sugiere “te sometes a la tiranía cuando renuncias a la diferencia entre lo que quieres oír y lo que oyes realmente. La primera manera es la hostilidad declarada a la realidad verificable, que asume la forma de presentar las invenciones y las mentiras como si fuera hechos. Trump lo hace con enorme frecuencia y a toda velocidad. Durante la campaña presidencias de 2016 se descubrió que el 78 por ciento de sus afirmaciones eran falsas”.

La segunda manera es el “encantamiento chamánico”. Como señaló el linguista Victor Klemperer el estilo fascista depende la “repetición constante”, diseñada para hacer plausible lo ficticio y deseable lo criminal.

Por su lado Rob Riemen del Nexus Institute no anda con vueltas. Escribe: “El uso del término populista es tan sólo una forma más de cultivar la negación de que el fantasma de fascismo amenaza nuevamente a nuestras sociedades y de que las democracias de masas se han privado de su espíritu democrático”.

Agrega “La palabra fascismo, en lo que respecta a política contemporánea, es igualmente un tabú en Europa. Está la extrema derecha, el conservadurismo radical, el populismo, el populismo de derechas. El fascismo nunca es un reto sino un problema mayor pues inevitablemente conduce al despotismo y a la violencia. Todo lo que conlleva es considerado un peligro. Sigue siendo cierto que aquel que no aprende de la historia está condenado a repetirla”.

Tomando en cuenta lo que señala el historiador norteamericano Robert Paxton, especialista en historia del fascismo en el siglo XXI, “ningún fascista aceptaría ser llamado así. Los fascistas contemporáneos son en parte reconocibles por lo que dicen y también por su forma de operar. Paxton afirma que el fascismo, debido a su alarmante falta de ideas y de valores universales, siempre adoptará las formas y colores de la cultura y época en que se desarrolle. Así, el fascismo en Estados Unidos será religioso y antiaafroamericano, en Europa Occidental será secular y antiislámico sin distinciones, en Europa Oriental será religioso y antisemita”.

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