jueves 30 de mayo de 2024
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Emmanuel Macron tendrá una abrumadora mayoría de 350 escaños en el parlamento francés sobre un total de 577 representantes. Así lo decidió el 44 por ciento de los electores luego de la segunda y última ronda de las elecciones parlamentarias, el domingo 18.

Del viejo bipartidismo quedan escombros. Como era de esperar, el Partido conservador y sus aliados serán el principal grupo de oposición en la Asamblea Nacional, la Cámara Baja del Parlamento, con 137 escaños.

El Partido Socialista, que controlaba el último parlamento, tendrá 44 diputados junto con sus aliados. La extrema izquierda formada por el Partido Comunista y Francia Unbowed, el partido del ex candidato presidencial Jean-Luc Mélenchon, tendrá 27 escaños.

Y el bravucón Frente Nacional de Marion Le Pen, con solo ocho diputados, no alcanzará el umbral de las 15 plazas necesarias para formar un grupo parlamentario.

Macron sabe que su joven partido, La République en Marche (LRM), necesita seguir sumando adherentes para cimentar su legitimidad relativa.

Aunque ostente el 66 por ciento de los votos de la segunda vuelta que lo llevó a la presidencia, y una buena cantidad de escaños que le permitirán llevar a la práctica su paquete de reformas liberales, Macron sabe que su joven partido, La République en Marche (LRM), necesita seguir sumando adherentes para cimentar su legitimidad relativa.

Porque sólo el 44 por ciento de los votantes habilitados participaron de la elección de la Asamblea Nacional, la más baja concurrencia para la segunda vuelta de una elección parlamentaria en la historia de la Quinta República de Francia, es decir, desde 1958. Macron sabe que amplias franjas del electorado permanecieron indiferentes a su propuesta de renovar y reformar el sistema político francés, la economía y la sociedad de su país. Cuando esos cambios comiencen, el apoyo popular puede flaquear, o sus adversarios políticos enancarse en la resistencia al cambio que generan las reformas.

Necesitará una masa crítica amplia para convencer a los segmentos de la sociedad francesa que han sido indiferentes a su personalidad y a su propuesta: los obreros, los hogares de bajos ingresos, los sectores golpeados por la globalización. Algo así como los “votantes de Trump”, que se han abstenido en gran medida, o ido a los extremos ideológicos.

Los nuevos hombres y mujeres necesitan aprender las cuerdas y ser educados en el arcano mundo del trabajo legislativo.

Hasta aquí su marcha ha sido más que triunfal. Su último logro, la renovación de los legisladores puede convertirse en un problema de gestión. La edad media se redujo en 10 años con respecto al parlamento anterior. La mitad de los candidatos de LRM para los parlamentarios eran mujeres, lo que significaría un cambio significativo en el equilibrio de género en la Asamblea Nacional. En síntesis, nunca se han incorporado tantos diputados inexpertos al parlamento en una sola vez, lo que planteará desafíos sin precedentes al nuevo gobierno.

Los nuevos hombres y mujeres necesitan aprender las cuerdas y ser educados en el arcano mundo del trabajo legislativo. En la próxima semana, Macron necesita encontrar un presidente para la Asamblea Nacional -¿una mujer?-, un disciplinador político, y además, presidentes de varias comisiones parlamentarios influyentes.

Una vez conseguido eso tendrá que manejar una colorida mayoría, para lo que contará, también, con un grupo de sobrevivientes del antiguo parlamento que se unió a su partido. Con este envión, el próximo verano -casi como una prueba de fuego- Macron piensa encarar la controvertida reforma del mercado de trabajo. ¿Será parte de sus Guerras Napoleónicas o su Waterloo?

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