lunes 20 de mayo de 2024
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La verdad sobre perros y gatos

De vez en cuando salto del ruedo de mi bibliografía cotidiana especializada y abordo un texto suelto que me atrae. Despeja, aclara y oficia de vitamina.

Hace poquito tiempo encontré Mi gran Familia Europea (Los primeros 54.000 años de la Historia de la Humanidad (Barcelona, Ariel) de la periodista sueca Karin Bojs. No sé si se vende en Buenos Aires porque lo hice comprar en España, pero apenas asome en las librerías habituales hay que tirarse de cabeza e incorporarlo a la biblioteca. Es ameno, profuso en la información y con un lenguaje accesible que hace todo el tiempo pleno de simpatía y buena onda.

Bojs viaja mucho, ha entrado en toda cueva rupestre que se precie (en Europa Occidental hay más de cien) está en contacto con los principales científicos mundiales, se ha interiorizado de los nuevos estudios genéticos, a partir de los cuales se pueden conocer secretos sobre la humanidad, sus hábitos y sus defectos. Y cómo eran y vivían nuestros antepasados.

Es interesante saber que en la tumba de Bonn-OberKassel. con restos de hace 14.500 años (ocho siglos y medio antes del supuesto ingreso de Abel a la vida, según la Biblia) de un hombre y una mujer, acompañados del cráneo de un perro. La ciencia actualmente indica que se pueden encontrar muchos posibles restos de candidatos a perros hace más de 30.000 años. Hay hallazgos fósiles procedentes de Rusia, Ucrania, República Checa, Suiza y Béñgica. Algunos supuestos perros primitivos proceden de la excavación de Dolni Vestonice, en la República Checa.

Muchos investigadores creen que no fue en absoluto el hombre quien domesticó al perro. Al menos no al principio. Fue el perro el que domesticó a los hombres.

El predecesor de los perros actuales parece que fue domesticado hace 15.000 años, aunque también pudo ser mucho antes. Probablemente, el primer perro nació en algún lugar de Europa o de Siberia, pero no se puede descartar que fuera en China. Todos los perros actuales, incluidos los basenji de Africa, los dingos salvajes de Australia, el husky siberiano de ojos azules, el coqueto caniche enano y los alegres labradores parecen tener un origen común en un grupo limitado de lobos de Europa o de Asia.

Uno de los problemas para los investigadores es que, en ocasiones, los perros domesticados se han cruzado con lobos salvajes. Esto se aprecia, por ejemplo, en el ADN de los perros de caza escandinavos, conocidos como Spitz.

Muchos investigadores creen que no fue en absoluto el hombre quien domesticó al perro. Al menos no al principio. Fue el perro el que domesticó a los hombres.

Los humanos del período glacial cazaban a los lobos por sus pieles y estos animales debieron considerarnos peligrosos. Pero también vieron las ventajas de vivir cerca de la gente. Dejábamos detrás grandes montones de comida, restos de piezas de caza que nosotros, los hombres, no podíamos aprovechar. Arrojábamos esos residuos de caza en las afueras de nuestros refugios, porque olían mal y atraían a los depredadores.

Los lobos se acercaban a buscar los restos de comida por la noche, cuando la gente estaba reunida en torno al fuego o dormía. En ocasiones, sobre todo al amanecer o al anochecer, los humanos y los lobos podían encontrarse. Eso podía terminar con que el hombre matara al lobo. Pero en alguna ocasión, el lobo era sencillamente encantador. Quizás fuera un pacífico cachorro. Y se quedaba junto al hombre.

Pasaron miles de años y los lobos que pudieron contener su agresividad y seducir a los humanos habían encontrado un nuevo techo donde sobrevivir. Eso es lo que los biólogos llamar selección artificial.

Varios científicos han investigado qué genes diferencian a los perros de los lobos. Una gran parte de esos genes afectan principalmente al cerebro. Muchos otros rasgos que diferencian a los perros, tanto en sus características como en su aspecto, tienen que ver con que los perros son más infantiles. Se parecen más a los cachorros de lobos que a los lobos adultos. Son juguetones y alegres, en vez de serios y agresivos.

Los perro también tienen la capacidad excepcional de leernos el pensamiento.Hay muchos experimentos que demuestran que pueden entender lo que queremos.

Las noches del período glacial eran frías y puede que la gente utilizara sus primeros perros como fuente de calor. El arqueólogo Lars Larsson le contó a la autora del libro que los aborígenes de Australia todavía utilizan hoy en día la expresión “una noche de un perro” o una “noche de dos perros” para indicar que había sido una noche muy fría.

Otros creen que el hombre empezó a sacar partido de los perros utilizándolos como guardianes. Los lobos estaban en las afueras del poblado, dándose un festín con los restos de carne. Con el tiempo comenzaron a quedarse a pasar la noche allí. Como los lobos y los perros tienen un sueño mucho más ligero que los humanos si se acercaban otros depredadores más peligrosos (por ejemplo, los leones europeos) empezaban a aullar estrepitosamente.

Ayudar al hombre en la caza seguramente fue también uno de los primeros trabajos de los perros. Cazar en manada forma parte del comportamiento innato del lobo. Pero acompañar en solitario al hombre requiere más habilidades. Que todavía se practican en los bosques nórdicos. Al encontrar la presa el perro comienza a ladrar, el animal perseguido se queda quieto, paralizado. Así le resulta fácil conseguirlo al cazador. Este tipo de caza se volvió muy importante cuando los bosques empezaron a crecer en la tundra y restaban visibilidad. Durante las etapas más frías del período glacial probablemente los hombres los utilizaran como animales de carga, para transportar cosas o incluso como animales de tiro para los trineos o arrastrar a los esquiadores.

También cabe pensar que uno de los principales beneficios del perro para los seres humanos fue convertirse en comida. Tener perros domesticados sería, en ese supuesto, una manera de asegurarse el suministro de carne durante los períodos difíciles.

Siguiendo los estudios del Real Instituto de Tecnología de Estocolmo indican que el lobo se convirtió en perro por primera vez en el sudeste de Asia. Da la casualidad de que se trata de una zona donde la gente todavía come carne de perro en la actualidad.

Tampoco se debe subestimar el factor cariño. Es probable que el afecto que los dueños tienen hacia sus animales se diera en el período glacial. Los restos de la tumba de Bonn-OberKassel vivieron en un tiempo de grandes cambios. Sólo unos cientos de años antes, algunas partes de Europa sufrieron una ola de calor que anunciaba el fin de la glaciación. La Tierra iba descongelándose lentamente. Nuestra órbita alrededor del sol había cambiado. Cuando la nieve y el hielo se fundieron y dejaron al descubierto las aguas y las tierras oscuras, entonces la tierra pudo absorber aún más radiación solar.

El caso de los gatos es otra cuestión

Cuando la gente comenzó a guardar los cereales en graneros grandes fue que su contenido atrajo a los ratones. Y, lo segundo, que los ratones atrajeron a los gatos. Seguramente los hombres favorecieron la presencia de gastos en los pueblos todo lo que pudieron: les darían comida, jugarían con los gatitos.

Hoy en día, los gatos son los animales domésticos más habituales en el mundo. Los domesticados son parientes cercanos del gato salvaje. Los análisis de ADN indican que todos los gatos domésticos del mundo proceden de una subespecie del gato salvaje que vive en Medio Oriente. Así las cosas, el gato viene del desierto. Incluso en la actualidad, muchos gatos domesticados conservan los colores de camuflaje naturales: siguen teniendo el pelaje de color arena y gris, con rayas en el lomo.

Las pruebas más antiguas que tenían los arqueólogos de la existencia de gatos domesticados proceden del Egipto de los faraones. En 1940 encontraron en la tumba del gobernador Baket III una pintura de casi 4.000 años de antigüedad que representa a un gato atacando a una rata. En la necrópolis de Abydos se han hallado 17 esqueletos completos de gatos que, según parece, fueron sacrificados hace 4.000 años.

Durante los milenios siguientes se instauró en Egipto un auténtico culto al felino. Algunas diosas egipcias se representaban con forma de gato. La más conocida es Bastet, que simbolizaba el amor fraternal y, según algunas fuentes, también la fertilidad y la sexualidad.

El personal de los templos empezó a criar gatos por puro negocios. Los visitantes del templo podían pagar por un gato, que era entonces sacrificado y momificado. Después, el visitante podía ofrecer la momia del animal a los dioses. Debajo de los templos había largos pasillos subterráneos con pequeñas cavidades en las paredes donde se colocaban las ofrendas. Durante una excavación en el templo de Bastet se encontraron varios cientos de miles de momias de gatos.

El personal de los templos empezó a criar gatos por puro negocios. Los visitantes del templo podían pagar por un gato, que era entonces sacrificado y momificado.

Heródoto, el primer historiador, describió hace unos 2.450 años que las gentes del valle del Nilo rendían culto a Bastet con enormes procesiones, bañándose en el Nilo, bebiendo copiosas cantidades de vino y sacrificando gatos. Los primeros cristianos tuvieron que convivir con un generalizado culto al gato.

Los restos de huesos de gato más antiguos de Chipre tienen 10.600 años de antiguedad. Pero el hallazgo más importe provino de un poblado en la isla. Allí, hace unos 9.500 años una persona y un gato fueron enterrados, cada uno en su propia tumba, separados por apenas 40 centímetros de distancia. El gato no recibió ninguna ofrenda que pudiera llevarse a la otra vida. Tenía las patas largas y era grande, como los machos salvajes de esa subespecie que viven en Medio Oriente. Cuando murió, tenía aproximadamente ocho meses. Tal vez lo sacrificaron cuando falleció la persona que fue enterrada a su lado.

Cabe especular que la persona enterrada junto al gato pudiera ser un chamán, un sacerdote con el gato como figura totémica. Tal vez ambos trabajaban en un almacén de granos asociado al templo.

Si bien los perros y otros animales domésticos han sufrido cambios genéticos que los han vuelto más infantiles, los gatos, en cambio, no han cambiado mucho desde el punto de vista genético, desde que vivían en los desiertos de Oriente Medio.

Digo, por cuenta mía, que todos los pueblos tienen apego por los animales domésticos, perros, gatos y pájaros. En Estados Unidos el amor por ellos es tan grande que se han creado hace décadas cementerios especiales para ir a visitarlos cuando llama el recuerdo. Los psicólogos norteamericanos aconsejan a los ancianos que van quedando solos acompañarse por un animal doméstico, aunque sea un pájaro para evitar la soledad, que como todo el mundo sabe no es buena compañera. Francia se caracteriza por el amor a los gatos. Los argentinos cuidan de centenares de miles de ejemplares, gatos o perros y gastan en ello fortunas increíbles. Datos aportados por empresas encargadas de la alimentación y distracciones de estos animales hablan de ventas anuales en la Argentina superiores a los 1.000 millones de dólares hace dos años. A ello hay que agregar el costo de los baños y cuidados especiales a cargo de los veterinarios o distintos especialistas.

¿Hay acaso un mediómetro del intenso cariño por ellos?

 

 

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