sábado 18 de mayo de 2024
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Santa Cruz: la insoportable sensación de no poder echarle la culpa al Otro

“Viendo las mudanzas de fortuna que suele haber en la vida humana, no tenemos por cosa acertada vanagloriarnos de cualquier prosperidad que toque ni maravillarnos con las ventajas que nos brinde la suerte, porque sabemos que está sujeta a mudanza y pudiere ocurrir que en futuro llegare lo que no imaginábamos y sufriéremos lo más inesperado. Muchos a quienes los dioses colman de felicidad han caído más tarde en la más amarga miseria. Siempre es necesario tener en cuenta el final de la vida del hombre, ya que con frecuencia la divinidad les presenta a muchos la felicidad y luego se la arrebata”.

Hace más de dos mil quinientos años, el ateniense Solón, uno de los sabios de Grecia, explicaba pacientemente al poderoso Creso, rey de Lidia (parte occidental de la actual Turquía), por qué no podía considerarlo el hombre más afortunado de la tierra, como él mismo estaba seguro de ser. Furioso, Creso lo echó de su lado. El rey estaba orgulloso de su imperio, de sus riquezas, de sus tropas, de su hijo varón. Con el tiempo, su hijo murió en un accidente de caza y Lidia inició una guerra funesta contra la Persia de Ciro. A punto de ser quemado vivo, cuando ya era tarde, Creso recordó aquellas verdades de Solón.

Todo al revés

Como Creso, el cristinismo está pagando un alto precio por sus demasías. La jactancia de los tiempos de esplendor regurgita en su contra.

El escrache, el cerco sobre la casa, las consignas insultantes, la agresión verbal, la presión física. Los canales de televisión repitiendo una y otra vez las protestas, críticas y descalificaciones contra la gobernación. La represión policial, con gases y balas de goma, con palos y fuerza, todo lo que según el manual K definía a sus rivales: “Nosotros no hacemos esas cosas, nosotros no somos eso”.

La colección simbólica cambia de manos. La panoplia íntegra del ideario público del kirchnerismo se desmorona. El cristinismo se convierte en lo que juraba que nunca sería. No paga los sueldos, no cumple sus promesas, pierde la calle, los trabajadores embravecidos descalifican este final de época.

El grotesco también tiene espacio. La gobernadora acaba de cruzar la frontera del ridículo al declarar: “Me dejaron una provincia quebrada”.

Sus rivales se solazan recordando frases como la de Néstor, cuando proponía encarcelar a los gobernadores de las provincias en quiebra.

Los peores son los propios

La dinastía Kirchner logró una hegemonía que pocas veces se repite en una provincia. Los Juárez (y ahora los Zamora) en Santiago del Estero, los Rodríguez Saá en San Luis. Carlos Menem durante largo tiempo en La Rioja. No muchos más.

Kirchner gobernador 1991-95, 1995-99, 1999-2003. Cuando se hizo cargo de la presidencia de la República, Héctor Icazuriaga completó los seis meses que faltaban. Luego vinieron Sergio Acevedo, 2003-2006, cuando renunció. Entre 2006 y 2007 un año y medio para Carlos Sancho, también renunciante. Completó el mandato Carlos Peralta, reelegido, quien entonces gobernó 2007-2011 y 2011-2015. Seis mandatos sucesivos para el kirchnerismo. Siete con Alicia.

Lo llamativo es que el kirchnerismo no toleró a ninguno de los gobernadores que sucedieron a Néstor, con excepción de Icazuriaga, quien asumió la provincia cuando Kirchner se hizo cargo de la presidencia de la República.

Acevedo, cuatro años después de renunciar, contó en el programa Argentina para Armar de Todo Noticias, ante la conductora María Laura Santillán, que renunció porque le exigían que “anticipara el 30% de una obra pública a la contratista que lo iba a realizar. ‘Yo esto no lo firmó, antes me voy’, les dije. Y como seguían exigiendo que lo firmara, me fui” (Opi Santa Cruz, 26 de marzo de 2010).

El segundo fulminado por Néstor fue Carlos Sancho. Este fue el relato de Página 12: “ ‘El gobernador decidió dar un paso al costado’, dijo (Alberto) Fernández en diálogo con Radio del Plata. El jefe de Gabinete, explicó que la renuncia del vicegobernador a cargo del Poder Ejecutivo de Santa Cruz, Carlos Sancho, se produjo luego de conocer el malestar del presidente Néstor Kirchner por las políticas reactivas que aplicó ayer en una protesta de empleados municipales de Río Gallegos. ‘Conoció a través de sus propios funcionarios el malestar que existía en el propio Presidente, que nunca fue partícipe de ese tipo de políticas reactivas frente a manifestaciones sociales, por injustas que sean estas manifestaciones’, dijo el funcionario. Alberto Fernández calificó de desmedido el accionar de la policía de Santa Cruz” (Página 12, 10 de mayo 2007).

Liquidado Sancho, completó su mandato el diputado provincial Daniel Peralta, reelegido en elecciones para 2007-11 y 2011-15.

También Peralta tuvo choques con el kirchnerismo que intentó limarlo y analizó la posibilidad de obligarlo a renunciar. En esa pelea, la Unión Cívica Radical eligió sostener a Peralta contra los K. El propio Peralta se animó a criticar a Julio De Vido por la discrecionalidad en el envío de fondos. “Me gustaría que él tenga en cuenta que hay 14 localidades y sólo manda obras a aquellos de los que están alineados políticamente en la categoría de chupamedias” (La Nación, 30 de abril).

Hoy Peralta culpa de la crisis a la “muy mala” gestión de Alicia Kirchner. Para coronar, marca que si la gobernadora alude a “una provincia quebrada por la herencia -en relación a la gestión de Peralta entre 2007 y 2015- entonces tendríamos que llevar ese argumento al resto del país” (Diario Uno, 25 de abril de 2017).

De tal modo, el kirchnerismo fue destituyente con los mismos a quienes había encumbrado: Acevedo, Sancho y Peralta. En realidad, desde antes. Parece claro, también, que desde la intendencia de Río Gallegos (que ejerció entre 1987 y 1991), Néstor conspiró contra el gobernador de la provincia, el peronista Ricardo Jaime del Val, destituido por la Legislatura provincial en 1990. Tras pocos meses de mandato el vicegobernador José Ramón Granero también renunció y fue sucedido por Héctor Marcelino Chicho García, quien luego será suegro de Máximo Kirchner.

Acaso en algún momento, el país pueda saber qué ocurrió realmente con los cientos de millones de dólares de la provincia, los míticos y esfumados fondos de Santa Cruz. Aunque eso es sólo plata. El drama es constatar, una y otra vez, que Solón tenía razón. Aunque los Kirchner no tienen toda la culpa. Tampoco Creso creyó que su suerte podría cambiar alguna vez…

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