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29 12 2021

A 30 años de la desintegración de la URSS


Autor: Alejandro Garvie









El 25 de diciembre de 1991 culminó un proceso iniciado en marzo de ese año por el cual las 15 repúblicas que componían la Unión Soviética se independizaron. ¿Cuáles han sido las consecuencias para el mundo de ese colapso?

Aquella Navidad vio al último presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, anunciar el fin del mundo bipolar. “Pongo fin a mis funciones de presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Los acontecimientos han tomado un giro diferente. Ha ganado la línea de desmembramiento del país y de dislocación del Estado, y es algo que no puedo aceptar”. En 2005, el mismo Gorbachov diría que el “colapso de la Unión Soviética fue el mayor desastre geopolítico del siglo XX”. Para un breve resumen recomendamos el artículo de Patricia Keibohm

Seguramente hay dos razones para entender esta frase del último presidente soviético. Por un lado, la situación del pueblo ruso, la crisis permanente en los países bálticos y la creación de un capitalismo de ex burócratas del partido, no resolvieron los problemas ni constituyen el mejor presente para aquella región. Pero la segunda razón está relacionada con el otro polo. Desde la caída de la URSS, un mundo unipolar en donde el capitalismo financiero es el que manda por sobre los estados-nación, se ha generado una sociedad muy desigual, desencadenando crisis políticas, retrocesos democráticos, desplazamientos migratorios nunca vistos y una gran incertidumbre general sobre el futuro.

En este 30 aniversario del colapso de la URSS, Vladimir Putin sigue haciendo esfuerzos para rescatar la cultura rusa en una suerte de panteísmo que une el catolicismo ortodoxo ruso, con los zares y la URSS para construir una identidad de poder en medio de una profunda crisis económica y social, producto de una irrupción sin igual del capitalismo en la vida de las grandes ciudades, como Moscú o San Petersburgo, mientras el interior está sumergido en el atraso y la pobreza. Además, siempre están esas tres repúblicas bálticas para mantener a Putin en jaque. Hoy le toca a Ucrania acicatear a Moscú. La pandemia agrava todo como en el resto del planeta. Pero: ¿Qué región del mundo está libre de la crisis económica? Tal como con la pandemia: Ninguna.

La díada URSS –Occidente actuaba como un amortiguador mutuo a las aspiraciones hegemónicas de ambas potencias, los primeros eran depositarios del devenir que el historicismo pregonaba desde el siglo XIX y los segundos eran los guardianes de la libertad, herederos de la Revolución Francesa y forjadores de la civilización– entre cuyas obras se encontraba, precisamente, la Rusia moderna.

El modelo soviético frenó, temporariamente, la explotación desmedida del capitalismo en Europa y los EE.UU. –por otra parte, impracticable después de la Segunda Guerra Mundial– y morigeró su imperialismo más abierto, porque ofrecía una alternativa y apoyo material al tercer mundo. Y Occidente hacía lo propio, colocando en la libertad individual, el progreso material y tecnológico todo su empeño para demostrar su superioridad y contrarrestar los apoyos soviéticos con sus intervenciones –ahí están Afganistán, Irak, Cuba, etc.– como ejemplos de campos de batalla de esa Tercera Guerra Mundial.

Ahora emerge China como otro polo, aunque su postura es totalmente distinta: su economía está estrechamente ligada a la estadounidense, la soviética no; existe un abismo cultural con Occidente, con los soviéticos no; China no ofrece modelo alguno de sociedad, los soviéticos si lo hacían. China es la otra cara de la moneda en la que la ceca es Occidente.

La URSS fue un enorme experimento occidental –como el marxismo mismo- en tierras lejanas.

Con su caída, el fuerte surgimiento del iliberalismo o antiliberalismo, las promesas del siglo XIX llegan a su fin y en ambos polos queda el poder desnudo. ¿Cuál es la promesa de una sociedad mejor que hoy nos guía? Tal vez se esté gestando ahora mismo.