martes 21 de mayo de 2024
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Diego Guelar: “Nuestro socio más importante es China”

Se estima que en Beijing (capital del Norte, en mandarín) viven más de 20 millones de chinos y 200 argentinos, si se incluye el personal de la Embajada. La Ciudad trasunta energía capitalista, disciplina política, creciente inclusión al sistema de consumo, admiración por el fútbol de Messi (los hinchas, claro),  desigualdad per cápita y smog.   Smog supremo. Diego Guelar tiene una trayectoria notable y única: ha sido embajador en Estados Unidos (dos veces), en el Mercado Común Europeo y, ahora, en China, los centros del poder del Mundo. También fue embajador en Brasil. Hay que remontarse a Lucio García del Solar (embajador en Estados Unidos, la Unión Soviética y la ONU) para encontrar un récord similar. La embajada argentina es una casa construida bajo la influencia de la arquitectura soviética y tiene sus características: fealdad y practicidad. Detrás de la embajada se ubica la casa del Embajador, ahora en proceso de remodelación. “Es necesario porque estamos recibiendo a muchos funcionarios, intelectuales y representantes de distintos sectores de la sociedad y la capacidad del comedor y del living son insuficientes”, explica Guelar. Se lo ve dueño de un entusiasmo contagioso por la nueva tarea que ha asumido desde marzo, y absolutamente consustanciado con la geopolítica China.

¿Cómo encontró la Embajada?

La Embajada es parte del Estado Argentino y la encontré en una situación de abandono y aislamiento, lamentable, que es muy representativo de cómo la nueva administración recibió de la administración anterior al Estado Nacional. Pero nos hicimos cargo hace unos meses con un equipo muy joven y muy profesional, con mucho entusiasmo, y estoy seguro de que muy rápidamente  vamos a poder revertir esa situación de abandono y aislamiento.

¿Cómo ha sido recibido por China el cambio de orientación de la política exterior argentina?

Argentina debía normalizar sus relaciones con Europa y con Estados Unidos que no tienen por qué estar llenas de tensiones y de conflictos, y esto se está efectivamente realizando aunque creo que nos va a llevar un tiempo, porque doce años de aislamiento, sin lugar a dudas, han causado mucho deterioro en términos de confianza, intercambio, proyectos, etc. Hemos salido del default y normalizado las relaciones políticas, y todo esto va a generar lo que yo creo que en el curso de los próximos diez años será  un factor de desarrollo y alcanzaremos un gran equilibrio de las relaciones argentinas con el Mundo. Ahora tenemos algunas prioridades inmediatas: sin lugar a dudas nuestro socio más importante hoy es China. En el curso de estos seis  meses hemos firmado acuerdos  de financiamiento e inversión por un monto de 25 mil millones de dólares, que están destinados centralmente al  sistema energético y de transporte para los próximos 20 años. Esto es muy importante. Tenemos que reconocer el valor de esta asociación estratégica y de ninguna forma pensar que  el equilibrio de las relaciones internacionales de Argentina se gana con la reducción de las relaciones con China, se gana por aumento de la participación de las relaciones con Estados Unidos y con Europa.

¿Cómo es negociar con China, que se ha constituido en un gigante económico?

Yo tengo la experiencia de haber  tenido que negociar en dos oportunidades diferentes con los EEUU, en donde he sido dos veces embajador, y también he sido embajador en la Unión Europea y en Brasil y tengo que ser sincero, estamos negociando con una enorme facilidad porque el gobierno Chino es un muy buen socio, es un socio flexible, es un socio que ha entendido la transición de la nueva administración en relación a la anterior y ha aceptado la renegociación de contratos que estaban cerrados, otro no lo hace. Yo no imagino a otra superpotencia o países importantes que, teniendo contratos firmados y avalados por el Congreso y por licitaciones, hubieran aceptado la revisión de esos acuerdos. Para esos señores take it or leave, o se hace o no se hace. Esa no ha sido la conducta del gobierno Chino y le agradezco haber tenido esa muy generosa actitud.

Estamos en un proceso de apertura de la economía pero ¿La producción Argentina está en condiciones de salir a competir al mundo?

En muchos sectores no, porque desgraciadamente la consigna de la industrialización del gobierno anterior no ocurrió. El aislamiento fue aislamiento y no fue industrialización. Ojalá nos hubieran dejado, después de doce años, un incipiente desarrollo del sector industrial con capital humano entrenado y capacitado, con equipamiento tecnológico, con una producción en condiciones de salir a competir al mundo. Lo que pasa es que el aislamiento fue una excusa. La historia de la Humanidad demuestra que las situaciones de aislamiento a la que se llega por políticas equivocadas, suelen justificarse con un discurso de protección del mercado interno, de la industria nacional, del trabajo local, etc. Otra cosa es hacerlo, yo creo en la protección del trabajo, de la industria nacional, del desarrollo de nuestra tecnología, pero no en el relato como excusa sino en la realidad. Hoy, entre otras cosas, con China tenemos ofertas en muchos rubros de instalación, inversión, toma de socios locales, fabricación en la Argentina, es decir que nos encontramos con un clima muy favorable para dar el salto para que la inserción en el mundo y la industrialización vayan de la mano.

El populismo no es sólo un fenómeno de la Argentina, en la política internacional también hay populismo: Trump, Brexit, Maduro, el crecimiento de los nacionalismos xenófobos en Europa, ¿Cuál es su visión al respecto?

Yo creo que el populismo es siempre un ingrediente de la política. La adulación al electorado está siempre presente. La cuestión es el grado, el volumen, el peso que tiene sobre las decisiones de gobierno. Sin lugar a dudas desde la utilización del carisma, de la capacidad de comunicar, de utilizar las encuestas para saber lo que la gente quiere o siente superficialmente,  qué es lo bueno lo malo o lo importante, la percepción de lo urgente, todo esto es el oficio de la política. El populismo no es un elemento nuevo. Ha existido siempre. El problema es el grado. Cuando uno escucha discursos excesivamente populistas, excesivamente aduladores de percepciones superficiales de la opinión pública, allí entramos en zona de peligro y esto solo puede ser contrarrestado con políticos alternativos que tengan la capacidad de comunicar pero al mismo tiempo de marcar la diferencia entre el error y el acierto para liderar una Nación, de construir auténtico desarrollo y progreso para sus habitantes.  Este es el desafío permanente de la política.

¿Qué saldo dejó el G20?

Debo felicitar a China por la excelente reunión de jefes de Estado del G-20, que tuvo lugar en Hangzhou, hermosa ciudad que fue capital imperial durante la dinastía Song entre 960 y 1279. El encuentro del G20, que representa el 85 por ciento del PBI y 65 por ciento de la población mundial,  no es un evento aislado ni único. Se ha trabajado todo el año, en todos los temas, y China ejerció con eficiencia la conducción, reuniendo a los ministros de todas las áreas de gobierno y a los presidentes de los Bancos Centrales. Es el primer ejercicio de gobernanza planetaria, y modificará profundamente las estructuras multilaterales globales. Una suerte de ensayo de poder ejecutivo global, colegiado.  El G-20 presentó un mensaje de avanzada, de conectividad, innovación y cuidado del medio ambiente como pilares del desarrollo humano. El grupo está planteando avanzar hacia un mundo interconectado, tecnológicamente creativo y responsable en lo que hace al entorno natural. Entre las prioridades de China y Argentina hay coincidencia: eliminar la pobreza y avanzar hacia un desarrollo sustentable cuidando el medio ambiente. La conducción del G-20 será continuada por Alemania en 2017 y por la Argentina en 2018, entonces tendremos la  enorme tarea  de presidir el Grupo y de afirmarnos como parte de la dirigencia más responsable, dejando atrás el atraso y los errores de las últimas décadas.

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